noviembre 24, 2020

El Islamismo Decolonial y América Latina en la reconfiguración del Sistema Internacional

por: Naila Iriarte 

Cuando se difundió la noticia de que la República Islámica de Irán y Bolivia establecerían relaciones diplomáticas de alto nivel allá en el año 2007, resultó inevitable cuestionar con curiosidad el porqué de este emprendimiento de política exterior; aparte de Bolivia, la presencia persa ya era relevante en la región latinoamericana, a través de alianzas políticas, diplomáticas y comerciales con países como Venezuela, Nicaragua y Brasil. Entonces si antes no existía una tradición histórica ni una lógica de intereses geopolíticos, comerciales o económicos que justificaran su interés en la región, ¿Por qué América Latina? Y ¿Por qué en ese momento? En ese sentido, el momento correspondía (y corresponde todavía) a un proceso mundial de reconfiguración del Sistema Internacional, lo que implica una modificación en la correlación de fuerzas y un desplazamiento desde los centros eurocéntricos y occidentales tradicionales del poder hacia otros espacios geográficos, otras problemáticas y en definitiva otros actores. Hoy, en lo que se llama ya no escenario post guerra fría sino un espacio geográfico/temporal de inflexión en el sistema, estos actores otros (no exclusivamente estatales) han ido ganando presencia y relevancia en los asuntos internacionales; es el caso de América Latina en sus iniciativas unilaterales y además como bloque, también de Irán como actor con una relevante posición en la balanza de poder en Medio Oriente. Y es que salvando las distancias, en realidad existen rasgos similares que acercan a Latinoamérica e Irán más de lo que podría imaginarse. Es así como esta iniciativa en el contexto internacional proyecta la construcción de un bloque multilateral contrahegemónico en respuesta al actual Orden Internacional pseudo-unipolar de la post-post guerra fría, aprovechando entre otras cosas el momentum provisto por otras iniciativas desde América Latina de relacionamiento extraregional con países como Rusia y China, y de emprendimientos intrarregionales como la Alianza Bolivariana para los Pueblos de América —ALBA y la Unión de Naciones Suramericanas— Unasur; el primero como un bloque orientado a la integración y al intercambio comercial, pero profundamente alimentado por intereses político-ideológicos, el segundo como un organismo regional de enfoque exclusivamente político, casi como una alternativa sudamericana a la Organización de Estados Americanos, pero ambos como parte de los deseos latinoamericanos de emanciparse de la tradicional dependencia hacia Occidente en general. Por lo tanto, el hilo conductor de las acciones conjuntas de Irán y América Latina está constituido por la plataforma epistémica decolonial que interpela profundamente los patrones moderno/coloniales de poder, conformando un puente ideológico y epistemológico que explica las relaciones entre ambas partes. Desde el Giro de Izquierda (socialismo del siglo XXI en el caso de Venezuela, Vivir Bien e Indianismo en Bolivia, Revolución Ciudadana en Ecuador, etc.) hasta el Islamismo decolonial que gestó la Revolución Islámica de 1979. Decolonial porque canalizó todas las energías de rechazo a la injerencia externa y a la dominación por parte de terceros, bajo la cual el pueblo iraní había estado sometido; y es más, produjo en ese contexto un pensamiento otro y una plataforma epistémica fuera de los modelos de pensamiento modernos occidentales muy lejanos a la realidad cultural y religiosa de Irán. De hecho, precisamente las especificidades culturales y religiosas, de naturaleza persa, por un lado y musulmana por el otro, actuaron como escudos ante la modernidad/colonialidad; de la misma manera en América Latina, las profundas y diversas tradiciones culturales y étnicas han sido los caldos de cultivo para la propuesta de alternativas decoloniales. Entonces, es ahí donde se encuentra el origen y el vehículo de formulación de la decolonialidad desde Irán, pues si bien a lo largo de los años la presencia e influencia occidental en territorio iraní implementó el patrón hegemónico de poder propio de la modernidad, en un momento dado se derrumbó por las acciones del pueblo que se hallaba en calidad de subalternización sistemática, pero que logró viabilizar la energía de rechazo en la forma de un proyecto político que a través de la Revolución de 1979 devino en la República Islámica. En ese sentido, La Revolución fue el mayor momento decolonial de Irán, claramente en correspondencia con la etapa en la cual los patrones de dominación moderno/occidentales se encontraban en su apogeo, es decir durante la dictadura monárquica de El Sha. A raíz del profundo y dañino proceso de modernización y de aculturación occidental en detrimento de las tradiciones persas y chíítas se manifestó la oposición desde diversos sectores sociales, incluyendo el Clero, intelectuales, estudiantes y clase media en general. Desde la clase intelectual surgió el chiísmo socialista, inspirado en el marxismo del contexto de Guerra Fría. Sin embargo, esta corriente presentaba grandes limitaciones para comprender la realidad iraní y por consiguiente para proponer una alternativa política a la modernidad y al capitalismo, pues al final ambas corrientes son categorías de pensamiento eurocéntrico ajenas a la cultura iraní. La salida ideada por Alí Shari’ati fue reformular las propuestas del marxismo en un lenguaje islámicamente comprensible, al traducir la lucha de clases al binomio opresor –oprimidos, con El Sha como la personificación y la continuación de la dominación occidental. Esta categoría sí tenía una relación con la tradición islámica chiíta iraní al ser comparada con uno de los pilares doctrinales de esa corriente del Islam. De esta manera el pensamiento de Shari’ati, logró reivindicar los dos aspectos más importantes de la identidad y la cultura iraní: el Islam y la identidad nacional persa. Luego a través de la persona del Ayatolá Jomeini se implementaría la política del nuevo gobierno. Ahora, a más de 30 años de la Revolución que interpeló la modernidad/colonialidad pero que fue secuestrada en algún momento por el Islamismo radical del Clero Chiíta iraní, diluyendo la riqueza y diversidad social que había conformado los primeros levantamientos en contra del terrible gobierno de El Sha, el desafío de Irán es reinventar su Revolución, aprovechando este contexto internacional propicio para una profunda reestructuración. En ese sentido, América Latina después de una década de estos procesos políticos de recambio enmarcados en el Giro de Izquierda, también se encuentra en un momento de inflexión en el cual debe reinventar los procesos y evitar que ocurra lo que en Irán, estancarse en procesos políticos y gobiernos autoritarios que han confundido y desvirtuado el norte trazado por las principales iniciativas decoloniales. Sólo en la medida en que sean capaces de reencauzar sus políticas dentro de la plataforma decolonial, podrán consolidarse a nivel interno respondiendo a las dinámicas necesidades de sus pueblos, y también podrán consolidar en el ámbito internacional de manera multilateral un bloque alternativo a la hegemonía occidental que construya un Orden Internacional Decolonial, que reestructure profundamente este Sistema Internacional obsoleto y en profunda crisis por su inaptabilidad y su incapacidad para representar los intereses de los diversos actores internacionales.


* El presente trabajo es la síntesis de otro más largo que será publicado en el libro titulado La construcción de un Orden Internacional Decolonial y el Vivir Bien. Los desafíos de la Agenda Postmilenio

** Naila Iriarte (25), Internacionalista beniana, se recibió de Relaciones Internacionales con especialidad en resolución de conflictos en la Universidad Nur en Santa Cruz de la Sierra. Apasionada estudiosa del Islamismo, para su Tesis de Grado desarrolló una investigación trazando un puente entre el Islamismo y el pensamiento decolonial producido desde América Latina. Ha trabajado como consultora en la investigación de la tipología de los conflictos en el Departamento cruceño y en proyectos relaciones a la gestión positiva del conflicto y la prevención de crisis.

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