diciembre 3, 2020

Movilizaciones universitarias… ¿una casualidad?

De un tiempo a esta parte venimos señalando que la conspiración no es una noticia sino una constante. Como no habría de serlo? El Estado Plurinacional ha cortado las uñas a grandes intereses transnacionales y sus socios locales. Los ingresos que hoy significan nuestras reservas, que subieron de 800 millones a 14.000 millones de dólares, antes salían del país a engrosar cuentas de transnacionales y billeteras locales.

Además, el poner en duda el control geopolítico de los Estados Unidos sobre la región por ser Bolivia un país que articula el Mercosur y la Región Andina, tampoco es dato de menor importancia.

Entonces es lógico que exista una conspiración permanente. Y claro, los que también fuimos hijos de la conspiración contra gobiernos militares, sabemos exactamente, que el final de un acto conspirativo no puede ser otro que el cambio de un régimen de gobierno.

Tampoco debemos olvidar que para que existan golpes de Estado, no sólo se necesitan Embajadas Americanas, sino también operadores del golpe: militares golpistas.

Entonces no se necesita ser brujo para darse cuenta que un golpe esté en marcha, probablemente en una fase inicial, aún no visible, pero finalmente presente.

Alguien con exceso de confianza (terrible error en política), podría decirme al leer estas líneas: “eso es darle demasiado crédito a la oposición que esta desorganizada, sin discurso, sin programa, destrozada en su unidad por los apetitos de sus líderes”.

Si es cierto, pero la conspiración es también tarea del imperialismo y sus agentes diplomáticos permanecen, aunque sin Embajador y USAID que los guie, pero con una oficina de asuntos políticos que no cesa de actuar.

En ese contexto, las recetas las da la Embajada y los ingredientes los ponen los agentes locales.

Sino, como se explica que las llamadas Revoluciones de Colores, Democráticas y “Anti Dictatoriales” en Egipto, Libia, Irak, Siria, Ucrania, Crimea, Tailandia y sus intentos en la República Bolivariana de Venezuela, se iniciaran con movilizaciones de estudiantes universitarios, que en su rebeldía y los sueños de utopías propias de la juventud exigían libertad y democracia occidental?

Y en nuestro país se está aplicando machaconamente la receta. Las movilizaciones de los universitarios de Cochabamba por los 11 puntos, las medidas de presión de los estudiantes de Tarija, la solidaridad expresada por las universidades de Oruro y Potosí, no son una casualidad.

Son parte de esos ensayos que surgen de demandas como la titulación y toda forma de estudio gratuito, internet en los predios universitarios o incremento del presupuesto para infraestructura y laboratorios, que migran hacia consignas contra el gobierno al que califican como fascista y dictatorial.

A lo que las direcciones estudiantiles prebendalistas se suman, insuflando ya no el cogobierno estudiantil, sino un autogobierno de los estudiantes, que probablemente derivaría en hacer del sistema universitario una mescla entre soviet supremo y asociación folklórica dedicada a la organización de entradas, pre entradas, ensayos, vísperas y de yapa asambleas permanentes.

Los métodos de estas movilizaciones golpistas también son calcados: barricadas, las infaltables y eficaces molotov, explosivos de uso civil, petardos con cargas de clavos, pedazos de metal, vidrios y perdigones y la consigna de “cazar policías antimotines para devolverlos desnudos y golpeados” para bajar la moral de la tropa. Sumado el uso de las redes sociales y la tecnología celular para intercomunicarse permanentemente organizando sus acciones “revolucionarias”.

La siguiente tarea consistirá en el desalojo de estudiantes que siguen pasando clases y en su fase final, la búsqueda de alianzas con universidades privadas que no pueden quedar incólumes “frente a la brutalidad policial con que actúa el gobierno antidemocrático contra sus compañeros universitarios del sistema público”.

Esperamos que nuestras autoridades hagan una correcta lectura prognóstica de estos ensayos golpistas, y no nos digan como noticia, que se trata de “acciones políticas de la conspiración que buscan la desestabilización del proceso de cambio”. Eso ya lo sabemos. Lo que reclamamos es su desarticulación en sus fases iniciales. Ojo con el “exceso de confianza”.

A no olvidarlo. La guerra de baja intensidad no ha cesado!


* Fernando Rodríguez Ureña es zoociologo, con maestría en quimeras. Hizo su doctorado en la pluriversidad de Los Sauces en Lian Ma He Nan Lu. Alguna vez fingió como diplomático.

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