diciembre 4, 2020

Trilogía ancestral como alternativa del Ethos contemporáneo

por: Olmer Torrejón Alcoba

El pensamiento greco-romano, cercó la racionalidad filosófica, política y económica del desarrollo histórico en indo-américa, dando origen a un orden social determinado por el sistema mundo capitalista, como modelo de desarrollo, forma de vida, costumbre, modo de ser, es decir, sustentó su propio ethos, a través de principios ético-morales propios, fundamentados en dos momentos: conquista-invasión de Cristóbal Colón (1492) de las Américas y la duda metódica universal sobre toda las cosas de Renato Descartes (1637); de éste modo se engendró, conservó y expandió la modernidad organizado por el principio de expansión atropocéntrico. ¿Acaso la llegada de Colón, no significó la satisfacción de necesidades expansionistas de los Reyes Católicos, Fernando V de Aragón e Isabel I de Castilla quienes acometían la unificación de la nacionalidad española tras la ocupación musulmana en la península ibérica por cerca de 800 años? Por otro lado, está fuera de discusión que Descartes fue el principal artífice de la revolución intelectual del siglo XVII, la cual desestabilizó las doctrinas tradicionales del escolasticismo medieval y del Renacimiento y estableció los fundamentos filosóficos de lo que conocemos como edad científica “moderna”. El cogito ergo sum, locución latina, que en castellano se traduce “pienso, entonces existo”, sin embargo, corresponde realizar la traducción del francés, “Je pensé, donc je suis”, René Descartes nació en la Haye, pequeña villa de la comarca de Tunera Francesa, por tanto deberá enunciarse como “yo pienso por ende yo existo”, de éste modo, centra al hombre en tanto sujeto, pensamiento y subjetividad, hace del hombre el punto de partida epistemológico fundamental.

El antropocentrismo, como infraestructura de la sociedad, sostiene y argumenta la creación, distribución y consumo de las riquezas, por tanto en el sistema mundo-capitalista, fluye un ethos que predetermina nuestro modo de ser, que orienta su propio sistema moral para lograr la felicidad, sitiados por el mercado y sus fuerzas disponibles, ordenados por la presión consumista, la proliferación de formas no solidarias y competitivas de conducta, el ego-ísmo en la relación humana cotidiana, pero sobre todo acumulativa, encubando un prototipo de hombre-mujer “exitoso-a” y por lo mismo compelido a acudir a dichas fuerzas para lograr la felicidad desde el cogito ergo sum, [1] que para el caso se confunde con victoria, gloria, triunfo ante la sociedad; o simplemente, convirtiéndose en presa de ellas. El ego-antropo-centrismo, es organizador de la búsqueda de la felicidad y por tanto se constituyen relaciones intersubjetivas mercantiles dinerarias.

No es necesario esforzarse mucho para inutilizar el camino que uno ha optado al momento de pensar en principios y valores morales, que además comparten el riesgo de reducirse al acomodo de un lenguaje subjetivo, inextricable y ambiguo para lograr su explicación, para franquear éste acomodo, descifraremos ética, en su pleno vocablo griego ethos, igual a carácter, costumbre, hábito, modo de ser; sorteando premeditadamente, su dimensión axiológica en tanto parte de la filosofía que trata de la moral.

En éstos términos, es demostrable otra ética, que se lee a partir de formas propias para lograr la felicidad o buen vivir, claro está, resignificando el sentido de éstas, e interpretadas desde el reencuentro con nuestras filosofías originarias y cosmovisiones, que dan lugar a otro ethos, cuya filosofía se basa en la concepción expansiva en la trilogía ancestral: ama qhilla, ama llulla, ama suwa (no seas flojo, no seas mentiroso, ni seas ladrón) imperativos estructurales que habrían sido parte del sistema simbólico, imaginario y por supuesto de las representaciones sociales que cohesionaron la forma comunidad de nuestras sociedades ancestrales que a su vez, re-organiza el sentido del ser, el significado de la familia, de la comunidad y por tanto del Estado. Hoy emprendemos la tarea de construir nuestra modernidad desde nuestro principios ancestrales.


1 “Adam Smith, parte de un yo, pero no de un yo pienso de Decart, sino, yo trabajo, claro que yo en la primera modernidad, coloco antes que el yo pienso el yo conquisto de Cortés, yo conquisto es el fundamento del yo pienso y el yo pienso el fundamento del yo trabajo la modernidad, el egoísmo de un solipsismo sin comunidad…” (Enrique Dussel, en la conferencia “Marx y la Modernidad” UNAM.)

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