diciembre 4, 2020

La mega-coalición y la nostalgia del pasado

La Megacoalición vuelve a la escena política. El anuncio de la alianza entre Unidad Nacional (UN) y el Movimiento Demócrata Social (MDS) no sorprende para nada. Se trata, en realidad, de políticos del pasado neoliberal que con nuevo ropaje y discurso ideológicamente encubierto, aspira a revertir el proceso de cambio y las conquistas económicas, sociales, políticas y culturales que se han logrado en cerca de nueve años de gobierno.

La representación visible de ese acuerdo lo conforman Samuel Doria Medina, Ernesto Suárez Sartori y Rubén Costas; es decir el mirismo y el adeno-podemismo que todos conocimos. Pero en las filas también está el MNR vinculado a Gonzalo Sánchez de Lozada y Carlos Sánchez Berzaín. Se trata, por tanto, de un esfuerzo político de las viejas clases dominantes —apoyadas por EE.UU.— que en dos décadas apenas le dejaron al país el nombre. Lo demás lo privatizaron.

La materialización de la alianza, ya adelantada por La Época en sus páginas centrales del domingo 15 de junio, es una comprobación de que la derecha no encuentra una fórmula alternativa en liderazgo y programa de lo que ahora hay en Bolivia. Es la condensación de que la nostalgia por el pasado aún continúa en un sector de la sociedad boliviana que quiere el poder del Estado para volver a hacer lo del período 1985-2005: manejarlo como su hacienda para provecho privado. Es más, hacerlo peor que antes pues a diferencia de lo que dejó la UDP, ahora existe un país con musculatura económica envidiable.

Es por eso positivo que se hayan clarificado las opciones. Así lo veremos en las elecciones de octubre. Por un lado, la Patria que recuperó su soberanía, que genera excedentes y los redistribuye en beneficio de la población, y que hace inversiones en infraestructura y tecnología a niveles nunca vistos. Por otro lado está la anti-patria, que espera, como los buitres, tener una oportunidad para volver a apropiarse para beneficio suyo y de las transnacionales lo que es de todo el pueblo. Octubre será el enfrentamiento entre los que quieren el bien común para todos y los que desean el bien privado para un grupo reducido.

Octubre, como ocurre en procesos que van a contramarcha de la historia del sometimiento y la dependencia, pondrá a prueba, una vez más, la fortaleza y la proyección de la revolución boliviana. Hay más de una centena de razones para pensar que la inmensa mayoría de la población no pondrá en juego la estabilidad y prosperidad política, económica y social que se tiene.

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