diciembre 1, 2020

Bienvenido Mr. Rey

por: Juan José Colomer Grau

Al recordar la película de Luis García Berlanga “Bienvenido Mr. Marshall”, se me ocurren dos escamoteos que se producen en la película: la conversión de un pueblo castellano al folclorismo andaluz como cultura oficial del régimen franquista y la célebre deuda del alcalde para con el pueblo que nunca se paga y que se escamotea con gratitud del alcalde por la disciplina con la que han acatado sus ordenes:

“Vecinos de Villar del Río, como alcalde vuestro que soy os debo una explicación, y esa explicación que os debo os la voy a pagar, que yo como alcalde vuestro que soy os debo una explicación y esa explicación que os debo os la voy a pagar, que yo…

– Yo no sé si os habéis enterao todavía que el señor alcalde os debe una explicación, y por si no os habéis enterao aquí estoy yo para deciros que no solamente os debe eso sino una gratitud emocionada por el respeto, entusiasmo y disciplina con el que habéis acatado tus órdenes, demostrando con ello el heroísmo sin par de este pueblo que os vio nacer para orgullo del mundo entero”.

La razón por la que se producen estos dos escamoteos es la visita de Mr. Marshall, que bajo la percepción del pueblo es algo grande, pues es a un tiempo el socorro y el símbolo de lo moderno. Así, en tanto que pueblo pequeñito y perdido no pueden responder, deciden responder adhiriéndose al oficialismo cultural omnipresente en los medios de la época. Todo sea por agradar a Marshall.

Con la coronación del nuevo rey, parece que estamos en una situación parecida al pueblo de Villar del Rio. Felipe VI es el Mr. Marshall de la monarquía parlamentaria y va a pasar por nuestro pueblo. Para ello nuestro gobierno, con la connivencia de los medios de comunicación, preparan una operación de escamoteo, prometiendo una explicación pero sin pagarla.

Por un lado pretenden engalanar las calles y las gentes del folclorismo monárquico en forma de banderas, discurso patriótico y paseíllo militar de la corona. Si uno lee los medios oficialistas todo son loas a Felipe, a su familia, a su juventud, a su preparación; y al igual que Mr. Marshall es el símbolo de los nuevos tiempos, pero también del socorro. Por otra parte, en esa transformación folclorista se pretende que el pueblo acceda a ello apelando no a la explicación del gobierno, sino a expresiones como consenso social, espíritu de la transición o la más extendida de todas: la monarquía como base de la estabilidad democrática. Para ello también ha sido necesario recurrir a la prohibición de las marchas republicanas previstas para el día de la coronación. La cuestión es hacer parecer el consenso total del pueblo en la aceptación del escamoteo. Solo una bandera es posible.

Así, si la canción de la película empezaba con ese: “Americanos, os recibimos con alegría…”, la canción de la coronación bien podría empezar así: “Nuevos monarcas, os recibimos con alegría…” No obstante, no hay que olvidar que la comitiva del señor Marshall pasa de largo, a gran velocidad y sin dejar nada del socorro prometido y poniendo de manifiesto la deuda contraída por los gastos en la transformación del pueblo. Al final el pueblo tiene que pagar los gastos del fasto. Pero a diferencia de la película, en donde la operación de escamoteo tiene como fin atraer mayores ayudas al pueblo, en Mr. Rey el escamoteo es una operación de legitimación, en la que el nuevo Mr. Marshall tendrá que ralentizar la comitiva para agitar la mano y saludar a los súbditos, ya que esto forma parte del folclorismo monárquico.

En esta operación de legitimación lo que se busca es escamotear las voces republicanas y por extensión a las voces críticas con el sistema de la transición, tanto económico como político. Para ello también son necesarios cuatro mil policías y ciento veinte francotiradores para delimitar el escenario y salvaguardar que en toda el área solo se vean banderas rojas y amarillas y rostros de adhesión. Los medios oficialistas hablarán de día histórico y obviarán que este nuevo Mr. Marshall, aunque a una velocidad menor, también pasará de largo y dejará la lista de gastos anual a un pueblo cada vez menos proclive a los escamoteos.

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