noviembre 27, 2020

El fútbol, Brasil 2014 y la economía política

La goleada perpetrada por Alemania al Brasil el pasado 08 de julio en Belo Horizonte, nos permite reflexionar la economía política del futbol a partir del valor de uso y el valor de cambio en el deporte de multitudes.

Desde niños oíamos sobre la magia del futbol brasilero, nombres como: Garrincha, Pelé, Tostao, Rivelino, Zico, Falcao, Junior, Socrates, nos llevaban al mundo del Jogo Bonito. Por lo tanto, nos preguntamos qué pasó con ese Brasil. Será que Brasil paso de ser un equipo del valor de uso que todos admiramos al valor de cambio típico de Alemania.

El valor de uso en el fútbol es la gambeta, son las jugadas que surgen de la habilidad del diestro o del zurdo, las bicicletas, pases de taquito y las medias chilenitas. Que deleite es ver a los cracks desplegando su habilidad y buen trato a la pelota, esto es lo que Brasil irradiaba en los mundiales, ojo hasta España 82, la de Falcao, Junior, Socrates, Betega, Rossi. Luego entramos en la era del futbol del valor de cambio, donde solo interesa el resultado, campeón a como dé lugar, “medio gol contra cero es suficiente” decía recientemente Neymar. ¿Para qué?, ¿Para quién? No para los que amamos el buen fútbol, los que alguna vez jugamos en la calle con una “tejeta” (pelota de trapo), pero si para una institución que convirtió el fútbol en un espectáculo que genera millones de dólares, la FIFA y donde la gente que sí vive el futbol, es el espectador ausente, como ocurre en Brasil 2014.

Cuenta la leyenda, que en un partido Garrincha del Botafogo, gambeteó casi a medio equipo y cuando eliminó al arquero y tenía el balón en la línea para empujarla y marcar el gol – que ansioso se lo pedía un estadio enfervorizado por la magia desplegada por el ídolo-, este tomó en sus manos el balón, lo beso y saludó a los cuatro vientos; hizo del futbol un valor de uso que disfrutaron miles de privilegiados espectadores. Si metía el gol hubiera humillado al arquero y al medio equipo que gambeteó; no lo hizo, prefirió mostrar que el fútbol no solo era gol. Lo que ocurrió con Brasil frente Alemania fue lo contrario, apostó al valor de cambio en su propia tierra, esa tierra donde cada día surge un émulo de Garrincha y que a ritmo de zamba disfruta con el buen futbol.

Brasil debió apostar a su tradición, al jogo bonito, seguro que no importaba en qué momento se iba, si jugaba bonito, la torcida brasileña lo hubiera aplaudido, como lo hizo con Costa Rica, Argelia, Colombia, Chile y México. Todos los equipos que desarrollaron buen fútbol se fueron vitoreados, no importó que perdieran, dejaron un buen fútbol en Brasil 2014, pese a la FIFA, desarrollaron el valor de uso del fútbol.

Otra pregunta para la reflexión: ¿Por qué Felipao quiso que Brasil jugara como un equipo europeo? Sabemos que las ligas mas importantes del mundo están en el viejo continente, pero quienes las nutren con su futbol son América, África, Asia; entonces ¿por qué optó por esa forma de jugar?, ¿no es que la alienación colonizante que vivimos en todos los ámbitos, también llegó al fútbol?. Si Brasil hubiera jugado con sus cracks locales, no con los que juegan en Europa, y los hubiera preparado científicamente y juntos durante sólo dos años previos al Mundial, seguro que hubieran desarrollado un equipo competitivo pero propio, con su fútbol, el del jogo bonito, que hermoso homenaje hubiese sido a la tierra que hizo amar el futbol, seguro que el valor de uso del jogo bonito se hubiera impuesto al valor de cambio de los euros y la FIFA. Pero esa es otra historia, hagamos votos por que el jogo bonito vuelva al Scratch y América Latina vuelva a jugar como vive, en su amor al fútbol, pasión de multitudes.

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