noviembre 29, 2020

Bolivia contra la tradición de la oligarquía chilena

por: Max Murillo Mendoza

En la Haya Bolivia hizo historia. Ante la descarada tenacidad de la oligarquía chilena, Bolivia presenta un recurso internacional para abrir un boquete, legal y legítimo, en la estrategia de la política exterior de Chile. Dicha política exterior es asumida por la izquierda y la derecha chilena, donde coinciden de manera estrecha hacia el mundo exterior. Esta visión tradicional de las clases altas chilenas, encubre de manera oficial las invasiones territoriales a Bolivia y Perú aprovechando un estado guerrerista, y un ejército con experiencia de guerra para adueñarse de ricos yacimientos de salitre y posteriormente de cobre, en el caso de nuestros territorios. El tratado de 1.904 fue parte de esa imposición del estado chileno, desde la fuerza, a las débiles y siempre pro-extranjeras oligarquías bolivianas, que en aquella ocasión fueron los mineros de la plata quiénes prefirieron entregar nuestros territorios, a cambio de que sus negocios de la minería sigan viento en popa por territorios “chilenos”. Esperamos que en la Haya se desmantele esas mentiras y visiones tradicionales de estado chileno, es decir de las oligarquías chilenas.

La diplomacia boliviana republicana estuvo marcada por su sello característico: desestructurada como su propia visión hacia el país interior, es decir hacia nuestra historia. Esta diplomacia de corte extranjerizante nunca tuvo realmente algún plan de negociación, y/o planteamiento diplomático para recuperar el mar. En realidad poco les interesó para cruzar ese umbral territorial, pues al final sus raíces culturales y antropológicas no son bolivianas, es decir no tienen un origen en estas tierras. Los avatares diplomáticos de los cuales hemos sido testigos en todos estos años, no sólo dejan mucho que desear sino han sido actos promiscuos y decadentes de esas clases altas y señoriales con sus visiones hacia sus culturas exóticas: europeas o nórdicas o norteñas de este mundo. Nada podía interesarles de nuestros problemas. El mar fue más bien una excusa utilitaria: bandera política y fachada de sus hipocresías sociológicas, hacia los demás componentes sociales del país. Sabían perfectamente que su debilidad estructural y con un ejército casi harapiento; pero corrupto e instrumento de dominio en nuestros territorios, no podían jamás hacerle frente a la oligarquía chilena. En cambio desarrollaron un frenesí hipócrita hacia nuestra historia: cantar el himno al mar y poner flores en la estatua de Abaroa todos los 23 de marzo. Los discursos son los discursos.

En Bolivia no tenemos que olvidar el rostro pro-extranjero de las oligarquías. Oligarquías coloniales que no hicieron lo suficiente por defender nuestros territorios, porque no son los suyos, porque nunca sintieron que estos territorios son parte de sus sueños. Sino como haciendas de usufructo y saqueo de nuestras riquezas. Sus sueños son nomás extranjeros y coloniales. Las enormes pérdidas territoriales a lo largo de nuestra historia son resultado no sólo de la falta de estado, o ausencia de estado, en nuestros territorios, sino por las mentalidades coloniales absolutamente pro-extranjeras y extranjerizantes que aún pululan en Bolivia. A estos extranjeros no les afecta y no les afectó en lo más mínimo perder dichos territorios. Sus imaginarios son europeos, árabes o nórdicos, no bolivianos, no quechuas, no aymaras ni guaraníes. El tipo de estado que construyeron a su imagen y semejanza, era un estado a espaldas de nuestras realidades y lógicas sociales. Era un estado saqueador y expoliador por definición. Esta ocupación territorial y estos imaginarios siguen vigentes. Hoy modernos y más disimulados; pero vigentes al fin.

Nuestras fronteras desde siempre, como una novela repetitiva y clásica, reflejaron esas desestructuradas mentalidades del saqueo y la expoliación. Fronteras que sin resguardo alguno, sin presencia de estado, por donde era posible sacar todo lo que se quisiera. El saqueo como el contrabando desde siempre estuvo entonces programado. Bolivia era una tierra de nadie. Nadie cuida nuestras fronteras, porque nadie gobernaba estos territorios sino unos seres allende los mares que por razones coloniales eran los guardianes y custodios de nuestras riquezas. Cuando el asalto de nuestros territorios por el ejército chileno, la mayoría de los habitantes de aquellas regiones eran chilenos, casi el 80%. Y sin ninguna presencia de policía o ejército, pues los generales o almirantes desde siempre preferían farrear en las ciudades, disfrutando de su poder y su impunidad que resguardando las fronteras de nuestros territorios. Sus conquistas territoriales de estos generales siempre fueron contra nuestras poblaciones, no contra enemigos externos. Estaban especializados en masacres y conquistas de comunidades aymaras, quechuas o guaraníes, no en guerras externas. Durante la minería en masacres mineras y ocupaciones de campamentos mineros. Jamás tuvieron visiones de estado, sino miopías torpes y absolutamente anti nacionales. Incluso hoy nuestras fronteras siguen siendo tierra de nadie, donde las infraestructuras parecen películas del siglo XIX y se combinan con la miseria y el maltrato a la población por parte de policías, funcionarios de bajo rango y militares poco educados. Los otros países han mejorado substancialmente las entradas a sus territorios. Nosotros seguimos siendo el furgón de cola y la presencia de estado es todavía una quimera.

Lamentablemente no recuperaremos nuestros enormes territorios perdidos, o regalados por las colonias extranjeras. Al menos tomemos consciencia de que lo que nos queda tiene que ser cobijado, desde el nuevo estado en construcción, para las estrategias de nuestras nacionalidades, es decir para los dueños verdaderos y legítimos. Las nuevas clases sociales, o burguesías quechuas, aymaras y guaraníes, tienen que tener la característica nacionalista frente a nuestros territorios. Y también la dureza de los castigos frente a las visiones extranjerizantes, o pro-extranjerizantes de las colonias oligárquicas que todavía hay en Bolivia. Estas contaminaciones sociales externas han hecho demasiado daño a nuestra historia. Siguen haciendo un daño enorme. Desde la educación donde están metidos (iglesia, etc.), asumen como normal que seamos perdedores o “pobres” frente a Chile o los demás países vecinos. Es decir, sus visiones en nada nos favorecen para la construcción de un estado propio y con estrategias propias frente al mundo. Mientras tengamos a estas colonias y oligarquías alrededor de nuestro estado, jamás tendremos algo propio y genuino. Jamás seremos nosotros mismos, sino simples portavoces de las visiones pro-extranjeras, sobre todo pro-occidentales. Es decir sin identidades propias y sin capacidades estatales propias.

El gesto en La Haya puede servir como un hito más para seguir fortaleciendo un estado propio. Por fin con estrategias propias. Por fin con personalidad propia y genuina, no prestada ni copiada de los manuales extranjeros y pro-extranjeros. Y con el cuento de la globalización y el post-modernismo, las colonias pro-extranjeras en Bolivia siguen considerando que somos simplemente un apéndice del desarrollo o el desarrollismo, de sus países de origen. Produciendo un grave daño en las mentalidades de nuestras nacionalidades, y produciendo también dudas respecto de nuestras posibilidades de enfrentar al mundo desde lo nuestro. Realmente ya es hora, hace tiempo, de arrinconar a esas visiones dañinas pro-extranjeras y pro-extranjerizantes. Además de perdedoras.

Bibliografía:

• BARROS ARANA, Diego. Historia de la Guerra del Pacífico, Ed. Andrés Bello, Santiago, 1.979.

• DE MESA G. Carlos, SILES, Juan Ignacio. El Libro Azul. El Problema Marítimo Boliviano. La Paz, Bolivia. 2.004.

• MONTENEGRO, María Cristina. Génesis del Conflicto entre Chile y Bolivia: Guano, gas y salitre. Buenos Aires, 2.008.

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