diciembre 3, 2020

El derecho ancestral de los pueblos indios de Bolivia a una relación directa y soberana con los mares

La región de lo que hoy es el occidente del Estado Plurinacional de Bolivia, el sur de la República del Perú y el norte de la República de Chile, tiene una histórica relación de hermandad y un ancestral relacionamiento directo con los mares, que Bolivia perdió a inicios en su vida republicana en una ocupación militar desplegada desde Chile, con las nefastas consecuencias para los pueblos que habitan estas tierras.

La colonización supuso un doloroso desgarramiento cultural, espiritual, político, social y económico de los pueblos del Abya Yala. Con el saqueo de nuestros recursos naturales se inicia la acumulación originaria del capital, se configura un nuevo patrón de dominación eurocéntrico y se impone una forma de concebir las relaciones entre los pueblos, bajo la racionalidad instrumental medio-fin. Esta racionalidad, caracterizaría el posterior accionar de los Estados-nación, con la consecuente supremacía del realismo político (egoísmo y competencia) como escuela de pensamiento en las relaciones internacionales.

En el espacio-tiempo de la colonización, lo que hoy conocemos como Arica (Chile) fue ocupada por los españoles en 1536, y un 25 de abril de 1541 fue fundada como una Villa perteneciente al imperio español dentro del Virreinato del Perú, con el nombre de San Marcos de Arica. La vida de Arica cambiaría radicalmente con un hecho fundamental para el desarrollo del capitalismo y por lo tanto para la historia del mundo, de nuestra región y por supuesto de Bolivia; el inicio del brutal saqueo del “Sumaq Urqu”, conocido en castellano como Cerro de Potosí o Cerro Rico, el cual poseía en sus entrañas las vetas de plata más ricas del mundo.

El Virrey Francisco Álvarez de Toledo, tirano de los indios, dispuso que Arica sea el puerto oficial para el paso de la plata, convirtiéndose en uno de los puertos más importantes de ese entonces, por lo que la Corona Española en 1570, durante el reinado de Felipe II, le otorga la categoría de ciudad y el Título de “La Muy Ilustre y Real Ciudad de San Marcos de Arica”. Asimismo se dispuso que en el escudo de Arica se encuentre el Cerro Rico de Potosí, lo cual se mantiene hasta el día de hoy.

De esta manera Arica pasó a formar parte del circuito de la acumulación originaria del capital, creciendo como tantas otras ciudades del mundo, sobre las espaldas de la criminal explotación de los indios del Abya Yala y de esclavos de origen africano que se importaban como mercancías.

En la década de 1770 se producen varios levantamientos indígenas que en la década de 1780 se generalizan. En esta época se produjeron las más grandes insurrecciones anticoloniales en el Abya Yala que se oponían a los abusos de los colonizadores españoles y que pretendían recuperar los derechos ancestrales que les habían sido arrebatados.

Estas sublevaciones indias antecedieron a las luchas independentistas del Siglo XIX, las cuales se iniciaron en Chuquisaca y La Paz en 1809. En 1818 se declara la independencia de Chile, en 1821 la de Perú, y en 1825 la de la República de Bolívar, nombre que luego es cambiado por el de República de Bolivia.

Habiendo alcanzado la independencia, lamentablemente quedamos divididos en repúblicas con fronteras que terminaron de desestructurar los territorios indios. Sin embargo, es importante mencionar que las tres nuevas repúblicas (Bolivia, Chile y Perú) nacen conservando la relación directa con los mares que siempre tuvieron los pueblos indios que allí habitaban. Es decir, Bolivia nació a la vida independiente manteniendo su cualidad marítima.

Con el inicio de la era republicana, los litigios territoriales se convierten en una constante en la región, y un 14 de febrero del año 1879 arremeten nuevamente los grandes intereses imperialistas, esta vez ingleses, que ya habían identificado otros recursos naturales para continuar con el saqueo. En este contexto, la invasión de Chile a Bolivia se inicia con la toma de Antofagasta, abriéndose de esta manera una de las más profundas heridas en el Abya Yala.

El 23 de marzo tuvo lugar la batalla de Calama, y el 5 de abril de ese año, Chile le declaró la guerra a Bolivia y Perú, países que habían suscrito el Tratado de Alianza Defensiva, de carácter secreto en 1873. Esta guerra concluyó en 1883 con el Tratado de Ancón, por el cual Tarapacá pasó a manos de Chile, y tanto Arica como Tacna quedan bajo su administración de manera temporal.

El 4 de abril de 1884, Bolivia y Chile firman el Pacto de Tregua, se impone la fuerza, la razón de los vencedores y en 1904 se suscribe el mal llamado “Tratado de Paz y Amistad”. En la “Guerra del Pacífico”, también denominada “Guerra del Guano y el Salitre”, se usurpó a Bolivia 120.000 Km2 de territorio y 400 kilómetros de costa sobre el océano Pacífico, lo cual nos dejó en una situación de enclaustramiento hasta el día de hoy.

Chile tomó posesión no sólo de una gran extensión territorial, sino también de importantes depósitos salitreros, guaneros y cupríferos, los cuales fueron adquiridos mayoritariamente por capitales británicos. Y así como en la época de la colonización española la plata potosina fue determinante para el crecimiento de Arica; el salitre, el guano y el cobre, se convirtieron en recursos naturales, igualmente determinantes para el crecimiento de la República de Chile.

Sin embargo, nuestra principal pérdida fue la relación directa que siempre tuvimos con los mares y que hace a la producción y reproducción de nuestra vida. En este sentido, la Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas, aprobada por la Asamblea General de esta instancia en el año 2007, establece, que “los pueblos indígenas tienen derecho a mantener y fortalecer su propia relación espiritual con las tierras, territorios, aguas, mares costeros y otros recursos que tradicionalmente han poseído u ocupado y utilizado de otra forma y a asumir las responsabilidades que a ese respecto les incumben para con las generaciones venideras (…) Los pueblos indígenas tienen derecho a las tierras, territorios y recursos que tradicionalmente han poseído”.

Por lo tanto, ningún tratado suscrito socavando derechos fundamentales de los pueblos, puede hoy continuar teniendo efecto. En pleno siglo XXI, no se puede justificar que guerras como la del Pacífico y Tratados como el de 1904, firmados al margen de los pueblos, continúen privándonos de nuestro derecho, pretendiendo enclaustrarnos a perpetuidad.

Desde esta perspectiva, plantemos nuestra reivindicación marítima desde el horizonte político-civilizatorio del Vivir Bien, desde la reconstrucción colectiva de la producción y reproducción de la vida, desde la diplomacia de los pueblos; por lo tanto la solución a este conflicto debemos pensarla desde los derechos de los pueblos, desde la descolonización de nuestras relaciones internacionales.

Sin embargo, tenemos confianza en la conciencia del hermano pueblo chileno, en la conciencia de los pueblos del Abya Yala, en la conciencia de los pueblos del mundo, para que se haga justicia y nuestro derecho ancestral sea restablecido. Escuchemos la voz de nuestra memoria colectiva, el sentir de los pueblos, reconstruyamos el Suma Qamaña, Sumaq Kawsay en las nuestras relaciones internacionales.

Si no somos capaces de ver que hay heridas que continúan abiertas en nuestro continente, no podremos entender porqué hoy, a más de cien años de nuestro enclaustramiento aún duele, aquí y allá, en el pueblo boliviano, en el pueblo chileno y en toda nuestra región. Debemos cerrar estas heridas, los pueblos indios de Bolivia deben recuperar su relación directa y soberana con los mares.

El alma de las revoluciones que se están desarrollando (en el Abya Yala) no está en la bala ni en la guerra; el alma de nuestras revoluciones está en la conciencia de nuestros pueblos. Hoy es el tiempo de los pueblos, y ningún pueblo merece ser condenado al encierro geográfico eterno

Evo Morales Ayma


* Licenciada en Relaciones Internacionales, Diplomada en Gestión Pública Plurinacional y en Descolonización

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