noviembre 27, 2020

Doria Medina y sus intereses particulares

La economía nunca está separada de la política. Ese es un principio irrefutable que permite explicar los grandes acontecimientos o hechos de la historia mundial y/o nacional. Pero, si es importante avanzar hacia la separación de la política y los negocios privados.

La relación intereses empresariales y política es, por lo general, bastante nefasta. Y eso es lo que sucede con la decisión política del empresario Samuel Doria Medina de orquestar a través de la Sociedad Boliviana de Cemento (Soboce) un abierto boicot contra la construcción del Ingenio Azucarero de San Buenaventura, al norte de La Paz. Y la forma de hacerlo es reduciendo la entrega de cemento a la empresa china encargada de las obras civiles del ingenio.

La noticia no puede menos que ser condenada. Es evidente que al transgredir Soboce el contrato con la empresa china no solo está incurriendo en incumplimiento de contrato, sino que está buscando afectar al desarrollo de la construcción del ingenio por motivos exclusivamente políticos. Por tanto, estamos frente a una acción basada en objetivos políticos.

El razonamiento de los estrategas políticos de Unidad Demócrata (UD) es básico: demorar el avance de las obras y no solo impedir que la construcción del ingenio sea usada electoralmente por el gobierno, sino emplear la obra en un sentido electoralmente inverso: para que ante la falta de propuesta, Doria Medina critique el uso poco eficiente de los recursos públicos.

En síntesis, Doria Medina lo que hace es una demostración de lo que es capaz de hacer para obtener réditos políticos, así éstos sean en contra de los intereses de un departamento que desde hace décadas tiene en agenda el desarrollo de la industria azucarera en San Buenaventura.

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