diciembre 1, 2020

Las lecciones que deja el último fracaso de USAID

La Agencia para el Desarrollo Internacional (USAID) continúa siendo uno de los instrumentos más importantes que los Estados Unidos emplea para desarrollar acciones de subversión contra gobiernos de izquierda, según se evidencia, una vez más, por una reciente investigación de la agencia AP.

De acuerdo a la publicación de la agencia de noticias y la posterior información ampliada por la seguridad cubana, un programa con jóvenes estudiantes latinoamericanos fue la cobertura para que la USAID implementara en 2009, un año después de que Barak Obama asumiera la presidencia de Estados Unidos, acciones subversivas para provocar la desestabilización y caída del gobierno socialista de Cuba.

El plan estadounidense, como ha ocurrido en más de 55 años de revolución, fracasó. La seguridad cubana reaccionó oportunamente, en parte por la subestimación que la CIA, que en realidad es la que está detrás de estas acciones, hace de los pueblos y estados latinoamericanos.

Los detalles del plan de subversión activado meses después de que también fracasara la introducción de tecnología de telecomunicaciones para los disidentes con la captura de Alan Gross, contratista de USAID, han sido ampliamente difundidos en los últimos días, por lo que más bien se hace necesario hacer la siguiente lectura política:

Primero, la USAID es uno de los principales instrumentos que emplea la CIA para desarrollar acciones de subversión contra gobiernos revolucionarios, según se encarga de reconocer uno de los jóvenes latinoamericanos involucrados en el fracaso plan. Es decir, hay otros países que son objeto de estos planes desestabilizadores.

Segundo, la conocida mala reputación que se ha ganado USAID, particularmente en las últimas dos décadas, la empuja a organizar y desarrollar sus planes de subversión a través de la contratación de otras instituciones reales o ficticias, tal como ocurrió con el programa “ZunZuneo” –el twitter cubano- y ahora con Creative Associates International para el programa con los jóvenes latinoamericanos.

Tercero, los planes subversivos de la CIA se están concentrado en los jóvenes, a quienes se los considera “presas fáciles” por varios motivos, entre los cuales destacan: no están bajo observación como los activistas veteranos que, en el caso de Cuba, no se han anotado ni una sola victoria a pesar de los cuantiosos recursos que se les ha dado; tienen mejores condiciones para aprender y desarrollar las redes sociales; pueden pasar más desapercibidos que los adultos; se relacionan con la gente de su generación sin problemas y se considera que son más fáciles de reclutar porque ignoran el pasado o quieren otro tipo de futuro.

Cuarto, la USAID no necesita tener presencia física en el país contra el cual lleva adelante sus acciones de subversión. La dinámica movilidad social de la gente, eventual o permanente, es empleada como fachada para infiltrar a sus agentes de diverso grado y experiencia. Es decir, a pesar de que esa agencia no está en Cuba y ha sido expulsada de Bolivia por inmiscuirse en asuntos internos, no quiere decir que haya dejado de actuar contra los gobiernos revolucionarios.

Quinto, la USAID, como brazo operativo de la CIA, no tiene escrúpulos de ninguna naturaleza, como ha quedado demostrado en el programa para jóvenes latinoamericanos. Estos jóvenes de tres países –Costa Rica, Venezuela y Perú- han sido puestos en riesgo sin tener la suficiente preparación para llevar adelante acciones de esta naturaleza, según sostiene la AP al informar que su entrenamiento fue de 30 minutos por skype. Es evidente que ese tipo de acciones de inteligencia y reclutamiento para la subversión son considerados delitos en cualquier parte del mundo.

En síntesis, el gobierno de los Estados Unidos continúa gastando millones de dólares de los impuestos de sus ciudadanos y ciudadanas en planes de subversión que no solo han fracasado en su intención de debilitar y derrotar a gobiernos de izquierda y progresistas, sino que ponen en evidencia la ausencia de tolerancia política y democrática contra otras maneras de pensar y organizar la vida social.

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