noviembre 27, 2020

El escritor comprometido

Sabemos que las épocas históricas se definen por ciertos conceptos, la libertad y la independencia fueron los que dominaron el siglo diecinueve y el socialismo gran parte del siglo XX y en el siglo XXI aún se siguen escuchando estas voces rebeldes. Fue a partir de la revolución bolchevique de 1917 en Rusia, que luego devendría en la extinta Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas, que los escritores e intelectuales tomaron partido de manera literal por uno de los dos sistemas: el capitalismo o el comunismo. Diferencia que se profundizó luego de la Segunda Guerra mundial. Sin embargo, fue la década de 1960 que inauguró intensos y polémicos debates filosóficos por toda Europa que exigían a los intelectuales un papel más comprometido con las luchas sociales.

El paradigma de esta corriente fue el escritor francés Jean Paul Sartre, autor de Los caminos de la libertad, la propuesta apelaba a la idea del hombre que, como intelectual, asumiría su compromiso en el rol de portavoz de la conciencia humanista y universal, que se distingue más allá de las fronteras y las nacionalidades. Por su supuesto que si mencionamos a Sartre no podemos de dejar de hacerlo con Simone de Beauvoir, prototipo de la intelectual comprometida. En Latinoamérica, influenciados por la Revolución Cubana, los intelectuales marxistas postulaban que la acción teórica sartreana tenía que pasar del pensamiento a la acción política, y con ellos nació la figura el intelectual orgánico.

En esta línea del intelectual comprometido con su realidad social, el ejemplo más deslumbrante vendría a ser el de Julio Cortázar, cuyo opuesto en un compromiso aparentemente exclusivo con la literatura sería Jorge Luis Borges. Cortázar, pese a haber vivido casi toda su vida en Francia, es el intelectual latinoamericano comprometido por antonomasia. Él mismo afirmaba de sí mismo que “de la Argentina se alejó un escritor para quien la realidad, como la imaginaba Mallarmé, debía culminar en un libro; en París nació un hombre para quien los libros debían culminar en la realidad” y agregaba que el intelectual consciente por su proceso humano se volvía más planetario. Y por eso su compromiso estaba en la disposición de apoyo allí donde pudiera ser útil, además de escribir para la revolución como “una encarnación de la conciencia de los pueblos”.

Muchos afirman que Borges escribía por razones de libertad estética y afirmaba que no se debe sacrificar el arte por el compromiso político. El compromiso del escritor es con la literatura, alegaba este autor al que tanto le debe la literatura universal y del cual se dicen muchas cosas y se le hacen decir otras tantas. Si bien estos autores profesaban diferentes concepciones respecto a la vida y a la política, coincidían en la literatura debe ser una experiencia absoluta y ambos creían en el lenguaje, para ellos la literatura era esencial en sus vidas y ambos escribieron literatura fantástica por ejemplo.

Ahora bien, veamos otros dos ejemplos, por un lado el argentino Rodolfo Walsh y el brasileño Jorge Amado. Rodolfo Walsh se diferencia de Cortázar en el hecho de que si éste era un intelectual comprometido, Walsh era un escritor que asume un compromiso político. A mediados de los 70’, Walsh había empezado a relacionarse con Los Montoneros y 1973 ya era un importante dirigente de esa organización armada. El mismo Rodolfo Walsh se consideraba un combatiente revolucionario antes que un escritor. La dictadura lo hizo desparecer en 1977. El caso de Jorge Amado es muy interesante para la literatura. Miembro del Partido Comunista Brasileño desde muy joven y militante escribió una saga denominada Los subterráneos de la libertad, tres novelas que nadie recuerda porque están impregnadas de la necesidad de crear un efecto político en el lector, el de mostrarle los beneficios de la sociedad comunista. Años más tarde, Amado rompe con el partido comunista y amplia el compromiso social militante con los pobres, obreros, campesinos y los desposeídos hacia todos los marginados de la sociedad, incorpora putas y vagabundos convirtiéndolos en protagonistas y héroes de sus novelas, dotándoles de un sello mágico que lo vuelven famoso en el mundo entero. Pasa del Realismo Socialista al Realismo Mágico.

En Bolivia podíamos señalar tres de los casos más ejemplares del intelectual comprometido: Augusto Céspedes, militante del nacionalismo revolucionario; Tristán Marof, reconocido y ácido trotkista, Luciano Durán Böger del Partido Comunista de tendencia china y Marcelo Quiroga Santa Cruz, socialista. De los ejemplos tipo Walsh podemos mencionar algunos que se sacrificaron en la Guerrilla de Teoponte como Néstor Paz Zamora y Benjo Cruz. Sin duda alguna que las dictaduras fueron el tiempo preciso para engendrar este tipo de escritores, porque tenían que convertirse en los interlocutores de una sociedad que, a falta de partidos de políticos, recurrían a ellos para denunciar las injusticias o proclamar la libertad. Durante esa época se escribieron cuentos, novelas y poemas, a veces de manera abierta y otras clandestinas. De ese periodo son escritores como Renato Prada Oropeza, Julio de la Vega, Gaby Vallejo, César Verduguez, René Poppe. Adolfo Cáceres y otros que se reunían incluso en grupo literarios como Trasluz en el que estaban René Bascopé, Jaime Nistahuz y Manuel Vargas o la revista Hipótesis en la que publicaban Blanca Wiethüchter, Luis H. Antezana y otros. Así mismo vale pena destacar Cuadernos de vientos nuevos que dirigía Roberto Laserna y que cada cierto tiempo publicaba un cuento.

De esta corriente, en lo que a poesía se refiere, entre otros, destacamos la obra de Luciano Durán Böger, Eliodoro Ayllón Terán, Gonzalo Vásquez Méndez, Alcira Cardona, Alberto Guerra, Jesús Lara, Marcelo Quiroga Santa Cruz, Jorge Suárez, Oscar Cerruto, Héctor Borda Leaños y Jorge Calvimontes. Durante la dictadura de Banzer también se generó este tipo de poesía, entre cuyos representantes se destacan Pedro Shimose, Alfonso Gumucio Dagrón, Humberto Quino, Ramiro Barrenechea, Álvaro Díez Astete, Ruber Carvalho y otros. Cito a estos autores, porque a diferencia de otros, que descuidaban la forma por la urgencia del contenido revolucionario, estos trabajaron y trabajan con responsabilidad literaria sus propuestas poéticas, legándonos joyas de poesía política. Sin embargo, no niego el papel (¡vaya imagen!) que cumplió la poesía panfletaria en las épocas en las que hasta escribir un poema era peligroso. De la poesía política escrita durante los años del nefasto gobierno de Banzer, quedó un libro tituladoLa protesta a través de la poesía comprometida, de Pedro Condo, publicado en La Paz, en 1983. En esa antología se incluyen los poemas que, de manera anónima o con pseudónimo, se escribían en la sede de gobierno, uno de ellos, que habla de cuando estuvimos en la histórica Huelga de hambre, me pertenece; pero como lo escribí anónimamente, lo dejo así porque mi intención, como la de muchos poetas de esa época, era la de convertirme en la voz de todos. En narrativa hay que destacar la antología El quijote y los perros, cuentos de la dictadura de Néstor Taboada Terán.

Para concluir, en mi caso creo que me adscribo al último Jorge Amado, porque siempre me ha gustado escribir desde los márgenes, tanto sociales como psicológicos y mis personajes, entre los que me incluyo, transitan esa frágil e imperceptible frontera entre la realidad y la ficción.

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