diciembre 2, 2020

Agresiones y revoluciones

La crisis civilizatoria mundial, comenzó a mostrar sus signos inequívocos; los genocidios de Gaza, el fomento de guerras en Medio Oriente, por el sólo negocio de las armas y un rédito político mezquino, ligado a los intereses económicos de las empresas dispuestas a “reconstruir” todos los destrozos de las guerras inducidas.

La poca sensibilidad del género humano, que aún pensábamos encontrar en Obama, se ha escurrido poco a poco de las fisuras de su mentalidad imperial, que los republicanos y su ala más radical, tengan mayor predicamento en el parlamento, no es una disculpa ni argumento válido para la actitud imperial del mandatario norteamericano.

El posicionamiento de Estados Unidos como única potencia mundial, tiene un objetivo claro de volver los ojos a Latinoamérica e impedir la expansión de los movimientos de liberación nacional del siglo XXI.

Es el llamado para que sus agentes se mantengan activos y atentos a las señales e instrucciones para crear las condiciones y renovar las intervenciones del siglo XX; recordemos algunos, como Cuba, Granada, Vietnam, Panamá, Irak, Kuwait, Bosnia, Afganistán, Sudan, Yugoslavia, Serbia, Pakistán, Yemen, Somalia, Libia.

Los procesos de liberación de nuestro tiempo están siendo minados desde los fortines que el imperio ha construido en el corazón mismo de nuestros territorios, sabiendo que más temprano que tarde los iba a necesitar.

Con relativo éxito ha desarrollado campañas en Venezuela, Argentina, Ecuador y aún en Bolivia, campañas de desestabilización, de guerra sucia y corrupción de las conciencias débiles, faltos de esperanza o simplemente por el olor del dinero.

En tono de autocrítica debemos asumir que hemos dejado mucho territorio libre, en el campo de la consolidación ideológica de nuestro pueblo, no hemos desarrollado la pedagogía revolucionaria, que nos obliga a fortalecer el debate político y tener las ideas claras de los costos y desafíos que supone un proceso revolucionario.

Hoy circulan ideas de todo color, algunos quieren descubrir, como hecho, la revolución; pretenden acomodar a sus ideas la realidad. El viejo marxismo dogmático, anquilosador de la potencia revolucionaria de los pueblos, aparece en un escenario para dar argumentos a los liberales.

Los radicales indigenistas, no han tardado nada para juntarse con sus antiguos patrones; no es el mundo “patas arriba” como diría Galeano, es la realidad, pues todo proceso revolucionario tensiona la sociedad, genera pequeñas crisis en todos los ámbitos, entra en crisis todo el sistema de los micropoderes y es ahí donde tiene que llegar la respuesta certera de la revolución.

Para seguir caminando en el sentido de las transformaciones, no es necesario debatir con los circunstanciales oponentes, el debate importante es con el pueblo organizado; este debate necesario será el que consolide las bases ideológicas del Estado Plurinacional.

Toda revolución, para ser verdadera, debe cambiar la estructura estatal y la conciencia de la población; en otras palabras, los próximos 5 años no pueden ser otra cosa que la consolidación de la revolución.


* Camilo Katari, es escritor e historiador potosino

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