noviembre 29, 2020

EE.UU. y el Estado Islámico

Washington ha reaccionado con doble moral ante la muerte de dos periodistas estadounidenses a manos de los yijadistas del Estado Islámico. Si uno se guiará por las declaraciones y lamentos de Barak Obama, quizá sería inevitable solo detenerse en el rechazo a los crímenes cometidos por los fundamentalistas en Irak.

Pero, sería un error no aportar algunos datos fundamentales que cada vez le resulta más difícil a Estados Unidos ocultar. Uno de ellos tiene que ver con el estímulo desarrollado por EE.UU. para el fortalecimiento de grupos armados islamistas con la intención de enfrentar a gobiernos no afines a Washington. Estos son los casos de Libia y Siria para no ir más lejos.

De acuerdo a investigadores en temas del Medio Oriente, le correspondió a la entonces Secretaria de Estado estadounidense, Condoleezza Rice, en 2006, ser la principal promotora e impulsora del Estado Islámico en medio del conflicto entre Estados Unidos e Irán. Años después, no es una sorpresa el nacimiento de grupos como Al-Nusra y Levante que aparecieron, financiados desde Arabia Saudita, para desplegar acciones criminales contra el pueblo sirio. Ahora, estos grupos, cuyo matriz procede de Al Qaeda, están operando en Irak.

Esta política de EE.UU. hacia el Medio Oriente y el Norte de África amenaza provocar graves consecuencias. El “califato islámico” es una real amenaza contra minorías religiosas y étnicas, como los yazidis de Iraq y Turquía, los cristianos en todo el Medio Oriente, los alauitas de Siria, los alevitas de Turquía, los chiítas de Iraq, Irán y otras partes de el Oriente Medio, así como los kurdos de los cuatro países. Incluso la mayoría de los sunitas que se oponen a las políticas del “Estado Islámico”, también estaría en peligro.

EE.UU. es el gran creador de los extremistas islámicos y ahora, con esa doble moral que lo acompaña, no sabe qué hacer. Su participación en los crímenes ya no se puede ocultar.

Be the first to comment

Deja un comentario