noviembre 26, 2020

La derecha desesperada y sin vergüenza

Hace un par de meses Grace Livingstone, señalaba que en la mayoría de los países latinoamericanos la derecha estaba tratando de reinventarse, denominando este intento como el de la “derecha avergonzada” (Le Monde Diplomatique, Junio 2014), consideré en aquel momento en que cierta izquierda resentida, en Bolivia, se juntaba con esa derecha por despecho.

Pero con o sin vergüenza, la derecha boliviana ha puesto en evidencia su incapacidad de articular una propuesta alternativa a la del Movimiento al Socialismo, que pueda cuando menos generar un espacio de duda en la percepción ciudadana con relación al presente y futuro del país, bajo un gobierno como el que preside Evo Morales.

Esta incapacidad ha venido a desembocar en una desesperación patética, cuando a falta de propuestas acuden al insulto y cuando ni siquiera éste les sirve para alterar el firme respaldo ciudadano al binomio Morales-García Linera, se arrastran por una vorágine de mentiras y de contradicciones donde solo logran muestran su obsecuencia a su jefe patrón.

Doria Medina y sus acólitos no tienen otro argumento que no sea mentir y mentir, sobre el gasolinazo y sobre cualquier otro tema con el que crean poder dañar al gobierno y no nos debiera sorprender, pues no pueden hablar, por falta de autoridad moral, de preservar la nacionalización o defender los derechos de los bolivianos y muchísimo menos de preservar los derechos de las mujeres bolivianas.

Cada vez con más miedo de ser el gran derrotado en estas elecciones, el “compañero Horacio”, tránsfuga y leguleyo, pretende curarse en salud descalificando al Tribunal Electoral y arremetiendo contra quien se le ponga al frente, empresarios, trabajadores u organizaciones sociales, solo porque no están con él. Sus candidatos, sus aliados y sus propios dirigentes ya se dieron cuenta que van camino al despeñadero y prefieren dejarlo en el camino.

La democracia cristiana se ha encontrado después de medio siglo de marginalidad política, un candidato que nada tiene de demócrata y que mucho menos parece conocer las enseñanzas del cristianismo, pues sus manos y sus bolsillos están manchados con la sangre del banzerato. El heredero y delfín de la dictadura y del imperio, cuando menos se sabe declara de derecha y no lo niega como otros, tal vez se avergüenza un poco, pero no se le nota. Quiere sorprendernos ofreciendo acciones de las empresas estatales, aquellas que junto a Goni y sus secuaces las desmantelaron a título de privatizaciones y capitalizaciones, hoy recuperadas y fortalecidas. Se aprendió de memoria un discurso antievista, seguramente elaborado por sus mandantes imperiales, pero demuestra un total desconocimiento de lo que pasa en nuestro país. Habla como boliviano pero piensa como yankee. Sabe que no está en competencia, solo quiere mantener vigencia dentro de la mediocre oposición.

Sin embargo, la derecha ha llegado al extremo, ante la desesperación de la derrota volvió a perder la vergüenza. El “paladín” de la libertad de prensa (empresa), el vengador de los medios “independientes” (manejado a control remoto por USAID y la embajada norteamericana) y, desde luego, portavoz de la derecha boliviana, publicó hace algo más de una semana, en el periódico que dirigió militantemente hasta hace unos meses, una “invitación” a que dos candidatos opositores renuncien.

Después de una serie de consideraciones sin mayor sustento y de verdades a medias advierte a la derecha que “Evo Morales logrará el 60% y la oposición en su conjunto no pasará del 30%” (debe ser lo único cierto de su columna), y propone a sus candidatos (Tuto, Samuel y Juan) que en torno a un café (podría ser algo más agradable como un churrasco o un picante surtido) dos de estos tres candidatos de la derecha acuerden renunciar y dejar el camino para que solo uno los represente.

Saben que están derrotados y la desesperación los traiciona.

No hay que olvidar que hasta hace unos días se llenaba la boca hablando de pluralismo, de democracia con participación de todos (los que no les incomodan desde luego), pero además autonombrándose independientes. Felizmente se sacaron la máscara y muestran lo que siempre fueron, sirvientes del imperialismo y de sus lacayos criollos.

Han perdido hasta la vergüenza, si es que alguna vez la tuvieron.


* Ciudadano boliviano

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