diciembre 5, 2020

La integración regional, un tema crucial en las elecciones brasileñas

por: Juan Manuel Karg

Dos temas pasaron a formar parte de un fuerte debate en Brasil entre la candidata presidenta Dilma Rousseff y Marina Silva, la nueva “niña mimada” de la oposición conservadora: el rol de los bancos y los grandes empresarios en la contienda, y la orientación de integración regional que ambas candidatas expresan. Este último elemento es fundamental por el importante papel que la integración de la región tuvo en la última década, a través de la creación y consolidación de diversos mecanismos como la Unasur, el CELAC, y el Alba. ¿Qué orientación puede tener la política exterior de Brasil en caso que Marina Silva gane las elecciones presidenciales? ¿Cuál es la posición de Rousseff en relación a ello?

“Terminar con el Mercosur sería darnos un tiro en el pié. Somos la mayor economía de América Latina, tenemos que percibir el tamaño de ese mercado”, dijo en relación con la política exterior de Brasil la presidenta que busca su segundo mandato en una reciente conferencia de prensa, en alusión implícita a sus diferencias con Marina Silva sobre el tema.

La referencia de Rousseff tiene que ver, además, con cierta presión de grandes grupos empresarios brasileños de dirigir mayoritariamente la política diplomática-comercial del país hacia la Alianza del Pacífico, Estados Unidos y Europa, en detrimento de las relaciones con los países del Mercosur y de los BRICS –Rusia, India, China y Sudáfrica, además de Brasil–, ambos bloques donde Brasil ha jugado un rol importante en los últimos años.

¿Cómo entra Marina Silva a este debate? Según ha declarado, en caso de ganar la presidencia, la otrora ecologista orientará principalmente la política exterior por fuera de los países de la región. “Hay que relanzar el dinamismo en el comercio con Estados Unidos y la Unión Europea, y fundar nuevos estándares comerciales con Chile”, fueron los dichos de la candidata del PSB que clarifican su pensamiento sobre el tema.

Para Rousseff, el recientemente creado Banco de Desarrollo de los BRICS –en relación directa con el BNDES (Banco de Desarrollo de Brasil)–, es síntoma de un nuevo momento a nivel internacional, bajo el intento de construir un nuevo orden mundial pluripolar y multicéntrico, diferente al de la hegemonía norteamericana y de la Unión Europea, tal como hemos conocido durante la década de 1990. Y allí también opera la posibilidad de América Latina de establecer vínculos con otros centros globales de poder, como Rusia y China.

Marina pareciera, de acuerdo con sus dichos, que intentará reforzar otro tipo de integración, bajo el pretexto de “no ideologizar” las relaciones internacionales. Este argumento resulta fácilmente desmontable, a la luz de las experiencias que nuestros países se dieron en política internacional durante los años noventa. En definitiva, los embajadores simplemente “técnicos” –y por ende, supuestamente no políticos– resultan un pretexto discursivo evidente para, precisamente, operar alianzas y relaciones de índole política.

¿Y que se podría esperar en Argentina de un hipotético gobierno de Marina? Un enfriamiento de la relación, sin dudas, visto y considerando las quejas del programa de Silva a la política de Argentina en el Mercosur, sobre todo en relación a un posible acuerdo privilegiado con la Unión Europea –acuerdo cuya concreción Marina acusa de indispensable a corto plazo. Para la candidata, la política “proteccionista” del gobierno argentino –tal como afirmó– no debería ser condición para frenar este acuerdo, y Brasil debería avanzar por su cuenta (es decir, sólo o acompañado).

Ese sería el “tiro en el pie” al cual hace referencia Dilma: el intento de quebrar un importante bloque regional que va tomando una forma distinta a la de los noventa sólo por presiones empresariales. El mirar nuevamente de forma privilegiada a los EE UU y Europa, en detrimento de las herramientas integracionistas que hemos conocido en la última década en el continente, y también, de la política de integración del continente con los países emergentes de los BRICS.

Por lo visto, las elecciones del próximo 5 de octubre en Brasil también tendrán un indisimulable desenlace en términos de posibilidad para la integración regional.

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