noviembre 27, 2020

No callarán las voces de los humildes

por: Rafael Artigas

En más de una oportunidad Luis Espinal Camps, sacerdote asesinado en 1980 por órdenes de Arce Gómez, apuntó con el dedo acusador a quienes pretendían el poder por la fuerza, usaban el nombre de Dios y callaban la voz de los humildes, y les dijo: “Quien no tenga valentía de hablar en favor del hombre, tampoco tiene derecho de hablar de Dios”.

Esa frase cala muy bien para una sociedad hipócrita, vacía de sentimiento y humanidad, porque si la Iglesia local dice defender los derechos de los más débiles y vemos que en pleno centro de la ciudad se humillan a campesinos, llaman a rezar a la Catedral, no hay coherencia mínima en actitudes de esa sociedad que dice respetar la vida.

La violencia y las expresiones de odio y de racismo en la capital histórica de nuestro país, creíamos que había cerrado su ciclo cuando se inició y se desarrolló aquel juicio a los responsables de sucesos como el del 24 de mayo de 2008, donde esperemos que se sancione a los responsables con el rigor de la ley.

Pero no fue así, testaferros de los grupos más reaccionarios y radicales entrenados por los grupos de unionistas que, en el mismo grado de agresividad y violencia, llegaron a Sucre a atemorizar, amedrentar, golpear campesinos y manifestar su odio como la expresión de esa colonialidad que aún perdura en algunos ciudadanos en la capital.

Hace unos días que el quincenario, El Chuquisaqueño, sufrió un cruel ataque contra sus oficinas por parte de delincuentes, que escondidos bajo el manto de la oscuridad perpetraron un hecho por demás censurable y condenable, después que hace cinco años, medios del estado también sufrieran similares agresiones.

Similar hecho pero con componentes de amedrentamiento se evidencia en el norte de nuestro país cuando el gobernador del Beni, Carmelo Lens, utiliza los instrumentos de ataque a la libertad de expresión contra el semanario “El Mamoré”, amenazándolo y atemorizando a su Director.

La violencia siempre ha sido el método para acallar a medios de comunicación que no siempre tuvieron respaldo de sus propias organizaciones matrices como un sindicato, una Federación de Trabajadores de la Prensa o de instancias afines, y eso ocurrió con los medios estatales y medios alternativos en Sucre desde la llegada de Evo Morales.

Recordemos que en la época de sesiones de la Asamblea Constituyente, en las llamadas “tomas institucionales” y golpes prefecturales en departamentos opositores al gobierno, incluyendo la prefectura de Chuquisaca con Savina Cuellar, la emisora estatal “Patria Nueva”, fue varias veces agredida por gente contratada para ese fin.

Lo mismo ocurrió con las oficinas del Canal estatal y de sus propios periodistas que tuvieron que huir por las continuos asedios y presiones que sufrieron por parte de los sectores más radicales del extinto Comité Interinstitucional de Sucre, asesorado por líderes de grupos de choque de los Comités cívicos de Santa Cruz y de la llamada “media luna”.

La conspiración de estos grupos radicales no ha cesado, mucho más cuando en este proceso preelectoral muchos de éstos grupos, viendo que no reciben el respaldo de la población, utilizan mecanismos para amedrentar a medios que por el sólo hecho de decir la verdad y hablar en nombre de un pueblo que estuvo adormecido durante estos últimos años, generan actitudes que van contra la libertad de expresión.

Lo curioso de estos hechos es que, los responsables de estos actos condenables en un estado de derecho, no son censurados por quienes en primera instancia deberían defender y poner la cara, como ser los propios gremios de medios y periodistas que, más bien, actúan como cómplices de los partidos opositores, que otrora les daban todo lo que pedían desde pautas publicitarias, hasta viajes al interior y exterior del país.

En el caso que nos toca, no hemos comprobado la difusión de un comunicado o de una expresión de rechazo de lo ocurrido por parte de la dirigencia de periodistas de nuestro medio, situación que corrobora a lo que anteriormente apuntábamos y que se confirma de la ligazón de éstos con agrupaciones políticas de oposición.

Si eso hubiera pasado con otro medio en pleno centro de la ciudad, lo más probable es que a estas alturas ya estarían movilizadas sus bases del periodismo, efectuando marchas de repudio y pidiendo la solidaridad, no sólo de la Confederación, sino de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), organización al servicio de los dueños de los medios de comunicación privados en América Latina.

Las fuerzas opositoras y serviles de emporios mediáticos tienen expresiones en estas manifestaciones cobardes que, en vez de entrar al juego democrático, de debatir, discutir y proponer propuestas alternativas como agrupación política frente a los desafíos del país, recurren a la violencia como si ésta fuera la salida al momento que vivimos.

“La derecha nunca duerme”, sentencia un dicho popular, y estamos viendo que el pueblo siempre tiene la razón. La derecha colonial boliviana, con sus expresiones violentas de tratar de acallar la verdad, siempre ha recurrido a éstas formas de hacer “democracia” y ésta no será la última vez que lo intenten, cada vez la violencia será el arma que utilicen contra éstos medios, así lo hicieron el 2007 y 2008, donde esos grupos de políticos desplazados volvieron a hacer sus fechorías.

El aparente silenciamiento a “El Chuquisaqueño” por ese cobarde y violento atentado contra sus instalaciones en ningún momento será el mecanismo de acallar nuestra voz y de todo un pueblo que resistió la agresión contra la aprobación de Constitución Política del Estado el año 2007.

Hoy, los que dirigieron ese operativo, vienen digitados por la gran camada de dirigentes políticos, que se proponen dominar con la fuerza cuando ven perdida su posibilidad de llegar al poder y apelan a estos recursos violentos que aprendieron de la derecha radical, dejando de lado el verdadero ejercicio de la práctica democrática.


* Rafael Artigas, es comunicador boliviano

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