diciembre 4, 2020

Parte II – Estado y mercado en los procesos de transición – Un enfoque desde Bolivia

por: Sub Colectivo del Grupo de Economica Política Crítica 

La Parte I de ésta publicación del trabajo concluía tratando sobre el carácter reduccionista de la teoría neoclásica que constriñe la realidad económica a la acción subjetiva y utilitaria del individuo en torno al mercado. Actualmente esta teoría que fundamenta a la política neo liberal, se muestra más reduccionista que antes. Sigue manteniendo a la producción como un fenómeno asocial, como un problema empresarial privado y se centra en la esfera comercial y la financiarización especulativo-parasitaria que no crea valor social, con una serie de argumentos sofisticados y un uso abusivo de la matemática y estadística para validar su supuesta cientificidad. Describe a la sociedad de los vende-compradores de todo, cual la metáfora de la “mano invisible”, nuevamente al capitalismo como el “orden natural”.

Y entiéndase que el sistema no se mantuvo inmutable en el tiempo y espacio, que cambió en alcance y formas de desenvolvimiento desde la revolución industrial hasta hoy, cuando nuevamente nos quieren imponer el capitalismo “neoliberal, posmoderno…globalizado”. [1] No obstante sigue como su fin supremo obtener la vulgar ganancia, lograr la reproducción ampliada del capital, generar plus valor y/o apropiarlo con la financiarización especulativa.

Ganancia justa dice la apología; no en vano el empresario invierte su capital y el banquero lo presta; pero nada dice sobre la plusvalía, el trabajo que se insume y no se remunera al trabajador. Empieza con el intercambio, la oferta y demanda como las leyes sacrosantas y concluye en que la economía se auto-regula por la “magia del mercado”. La entelequia, el fetiche, la forma ¿eficiente y eficaz para asignar los recursos de la sociedad? ¿No es más sensato decir que el mercadeo es un medio para que el capital en su forma mercancía, se transforme en dinero incrementado?

La ganancia no resulta de comprar mercancías baratas y venderlas más caras, a no ser que se “compre” fuerza de trabajo transformando no sólo al ser humano sino a la propia naturaleza en mercancía para apropiarse del excedente, del plusvalor, para acumular el capital sólo monetizado con el intercambio que se complejiza a medida que el capitalismo impone la producción mercantil, elimina el trueque entre los productores -que aún pervive en la economía indígena campesina-, y expande el comercio con redes más telarañosas.

La producción mercantil se expandió aún más con el “fin de la historia”, [2] con la caída del “muro de Berlín” e imposición del neoliberalismo como la expresión del imperialismo que A. Borón considera citando a Lenin, el “rasgo esencial del -e inherente al- capitalismo contemporáneo”; dice además que “si algo ocurrió [distinto al tiempo y espacio leninista donde se caracterizó al imperialismo como la fase expansiva del capital oligopólico y trans nacional, fue que] con la globalización neoliberal…la presencia del imperialismo se extendió a lo largo y ancho de todo el planeta, y su accionar se tornó más opresivo y predatorio que nunca antes”. [3]

Veraza habla del “mercado mundial…tan redondo como el dominio del capital sobre el mundo”, sometiendo a la sociedad y subsumiendo no sólo a la producción con un alcance global, sino también al consumo, cuando incluso “los valores de uso [son] sometidos a las necesidades de la acumulación del capital…no sólo en su cantidad y…forma” para “la explotación y acumulación de plusvalor”. Cuando “el sometimiento del sistema capitalista a los seres humanos ya no es solo económico y político, ideológico y cultural, [sino que pasa] realmente a ser un modo de vida para y por las necesidades de la acumulación de capital”. [4]

Aún con el desarrollismo mercantil, esté claro que a la gran mayoría de la humanidad, los trabajadores en la pugna distributiva, se condena a vivir en la pobreza y la exclusión, aun si aumentará el volumen de la producción y el comercio de las mercancías. Estas lacras no se resuelven con modelos econométricos que se niegan a entender o no conciben al problema económico, con sus componentes social, político y cultural. Así, es un desafío tratar el tema del mercado y el Estado, que tiene particularidades y diferencias nacionales e incluso plurinacionales en Bolivia.

Más si se considera que varios países de la región viven procesos de transición hacia sociedades distintas al capitalismo, que podrían truncarse, desvirtuarse o materializarse. Pero al menos en la región, persisten aún los antiguos dilemas y las contradicciones en torno a la relación Estado-mercado, como en otros temas cruciales de la transición. Se habló del carácter globalizado del intercambio, del mercado con alcance transnacional para la monetización del valor y mutación del capital-mercancía en capital-dinero. Pero ni la ideología, ni en la acción revolucionaria parece resolverse el problema del mercado coexistiendo con la planificación central en el socialismo del siglo XX.

Tampoco se superan los tópicos que socavaron a la URSS y al socialismo: el despliegue de la ley del valor y la vigencia del “capitalismo sin capitalistas” (Amín), [5] su burocratismo, ni parece superado en los procesos de transición y el sujeto conductor, el falso dilema neo liberal atribuido no sólo al socialismo sino a los procesos de liberación nacional en el siglo XX: ineficiencias y distorsiones económicas con la intervención del Estado en el mercado y la economía en general, y por tanto rezago y “subdesarrollo” o “desarrollo, eficiencia y competitividad” si opera irrestrictamente el mercado, con un Estado gendarme que sólo interviene para garantiza la acumulación irrestricta del capital.

Al analizar la problemática Estado-mercado también debe entenderse la actual crisis de alcance mundial, más aun en una transición revolucionaria a una sociedad pos-capitalista; crisis de la modernidad, del sistema-mundo capitalista para Gambina, “multifacética… económica, financiera, alimentaria, energética, medioambiental, es decir, una crisis de la civilización contemporánea”. [6] La crisis es más visible en los países “desarrollados” y el FMI y la Unión Europea (UE) se empeñan en recomendar como en aplicar las políticas del Consenso de Washington, aquellas ya implementadas en los países “subdesarrollados” y que en 1973 Pinochet impuso en Chile, se generalizaron después para toda la región y que aún hoy quieren imponernos.

Aunque vivimos procesos para superar francamente al neoliberalismo en medio de una crisis civilizatoria distinta, más profunda en contenido e implicación que las crisis resultado del “funcionamiento de las leyes del mercado, es decir de la ley del valor [como] forma de desarrollo del capitalismo”. [7] Pero el sistema no se cae por sí mismo, su transformación revolucionaria, es decir el advenimiento de la nueva sociedad, depende que se fortalezca el sujeto revolucionario y su acción para forjar el socialismo comunitario bajo el paradigma del Vivir Bien, en lo referente a Bolivia.

El debate sobre el Estado y el mercado tendrá que ir más lejos de considerar sólo si la política estatal debe ser más o menos “amigable con el mercado”, del énfasis del control y de su regulación, si deben gravarse las ganancias con más tributos, etc. Tampoco puede encasillárselo tal que se termine en modelos y propuestas reformistas de economía social de mercado, capitalismo de estado o de capitalismo de “base ancha”. El debate no debe obviar el carácter del actual proceso de transición hacia una sociedad post-capitalista.

Finalmente debe entenderse que no puede regularse al mercado con sus principios y su modo tradicional de funcionamiento, sin actuar radicalmente en procura de cambiar las relaciones sociales de producción, eliminar la inequitativa distribución de la riqueza, evitar el daño ambiental y la depredación de la naturaleza, y superar toda acumulación privada de capital a través de la explotación y la subsunción a la humanidad. No hacerlo así sólo fortalece al sistema capitalista y desvirtúa los procesos de cambio.


* Roxana M. Vaca Uriona, Humberto S. Zambrana Calvimonte, Javier Fernández Vargas y Jhonny Suxo Suxo.

1 Jorge Veraza; “Del reencuentro de Marx con América Latina en la época de la degradación civilizatoria mundial”. Editorial Oxfam – Vicepresidencia del Estado Plurinacional; pp. 19.

2 “El fin de la historia y el último hombre”; Francis Fukuyama, 1992.

3 Atilio A. Borón. “América Latina en la Geopolítica del Imperialismo”, Ed. Luxemburg, 3ra. edición, pp. 20.

4 Jorge Veraza; “Del reencuentro de Marx con América Latina…”; ibid, pp. 135 y 139.

5 Samir Amín, “El capitalismo en la era de la globalización”; Ed. PAIDOS.

6 Julio C. Gambina. “Crisis del capital (2007/13). La crisis contemporánea y el debate sobre las alternativas. Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas, pp. 23.

7 Ibid, pp. 17.

Be the first to comment

Deja un comentario