diciembre 1, 2020

Che Comandante: semblanza al hombre nuevo

por: Gastón Núñez 

Hacer una semblanza al Comandante de América, Ernesto Che Guevara, después de 47 años de su partida es algo así como un nuevo encuentro con el Che, con su historia, con su vida, con su pensamiento, con su ejemplo.

Muchos homenajes en memoria del Comandante de América se escribirán en estos días, unos muy sinceros y otros probablemente como puestas en escena para el consumo de otros medios que no siempre revelarán con todo rigor el caudal de su trayectoria.

No es fácil ser guevarista en días como los que vivimos, es muy riesgoso defender con los ideas con hechos, cuando asedian los instalados del orden; así como el Comandante de América fue calificado de “bandido extranjero”, guerrillero comunista como una expresión peyorativa de algo malo, de un fantasma que se come a la humanidad “invasor” y otros adjetivos por quienes se ocupan de fabricar mentiras con tintas de dudosa procedencia.

Hacer una semblanza al Comandante de América, Ernesto Che Guevara, después de 47 años de su partida es algo así como un nuevo encuentro con el Che, con su historia, con su vida, con su pensamiento, con su ejemplo que construyó un proceso, aquella visionaria pasión que la encendió con el anuncio paradigmático del Hombre Nuevo.

El Hombre Nuevo, vino a ser una propuesta fundamental a la que el Che consagró su vida, es la conjugación de los valores que niegan la cultura enajenante del capitalismo de fin de siglo. Instituir el hombre nuevo, la nueva mujer, es ya un nuevo reto que implica desarrollarlo en las difíciles condiciones de la sociedad posmoderna donde reinan la mentira informatizada, el consumismo como propuesta de realización individual y del poder de quienes ejercen la dominación en este nuevo siglo.

Una de las características fundamentales del Che fue la coherencia llevada hasta el extremo, con la pasión de un profundo amor a la humanidad y en clara convicción con ese Ser Humano. La coherencia no como un acto mecánico de la fatalidad de los acontecimientos sino como la energía vital de cualquier proceso revolucionario.

En estos tiempos de construcción de procesos políticos es aconsejable separar el método del objetivo, separar la imagen del guerrillero cuyas acciones militares solamente se explican por el horizonte histórico, por eso sus largos recorridos del continente, por eso su afán de querer empuñar un fusil en la Guatemala de Arbenz, por eso su interés de conocer la Reforma Agraria boliviana; esta práctica definirá al Che como “Marxista antes de conocer a Marx”.

El conocimiento de la realidad y el actuar en consecuencia es el principal ejemplo del Che. Con esta mirada el movimiento campesino y cocalero de las décadas del 80 y el 90, ha sido un movimiento guevarista porque no esperaron “a que se den todas las condiciones para la revolución; el foco insurreccional puede crearlas”, y así fue el foco insurreccional en Bolivia se desarrolló en la plaza San Francisco de La Paz en el año de 1992, como eco de millones de voces contra los 500 años de opresión, luego se diseminó hacia el Chapare y Achacachi.

Actualmente el Che está siendo víctima del mercado, proceso iniciado en el norte para anular el potencial revolucionario de su praxis, de su ejemplo. Los que ahora se reclaman de guevaristas deben repartir menos retratos del Che y ponerse a “cortar la caña”, a dar el ejemplo en la gestión pública, a formar cuadros con la sencillez y modestia de quien quiere un perfil como el Hombre Nuevo.

El Hombre Nuevo desde otras miradas

En la gran mayoría de ensayos escritos hasta ahora, encontramos un común denominador que perfila el modelo de hombre nuevo que se quiere construir, después de dejarnos la profunda lección moral y política de su vida, y que desde ahora forma parte inapreciable del patrimonio revolucionario de todos los pueblos del mundo.

Roque Dalton, poeta, ensayista, dramaturgo y periodista salvadoreño, considera el modelo a seguir de quien quiera alcanzar la esencia del revolucionario.

“El comandante Guevara era la encarnación de lo más puro y lo más hermoso que existe en el seno de esa actividad grandiosa que nos impone nuestra época: la lucha por la liberación de la humanidad… la actitud fundamental a que nos obliga su actual inmortalidad histórica es la de hacernos verdaderamente dignos de su ejemplar sacrificio”, decía Dalton.

Eduardo Galeano es simple pero a la vez muy profundo, cuando escribió acerca del Che, señaló que era la fe y la gran energía que en el futuro se puede construir en su nombre. “De la primera vez que lo vi, en Punta del Este, hace añares, recuerdo aquel esplendor. Supongo, no sé, que era luz nacida de la fe. Y que no era fe en los dioses sino en nosotros, los humanitos, y en la terrestre energía capaz de hacer que mañana no sea otro nombre de hoy”.

El político y educador cubano, Armando Hart, habla del mito de la justicia en el mundo y ejemplo de solidaridad para los pueblos. “Desde los históricos acontecimientos en la Quebrada del Yuro, el comandante Che Guevara se convirtió en un mito de la justicia universal entre los hombres y de la solidaridad entre los pueblos. Lejos de extinguirse con los años, crece y crecerá más aún hacia el futuro”

En la obra del poeta y escritor uruguayo, Mario Benedetti, Consternados y Rabiosos, dedica un especial texto donde Benedetti proyecta esa visión de los seguidores del Che. “Donde estés, si es que estás, si estás llegando, será una pena que no exista Dios, pero habrá otros, claro que habrá otros, dignos…”

Y finalmente Alejo Carpentier, novelista y narrador cubano, nos deja un bellísimo texto como refiriendo a un profeta de América Latina, aquel que levantará la nueva energía revolucionaria por donde transite todo ser que quiere un mundo nuevo.

“Nombre de un hombre por siempre inscrito en el gran martirologio de América, que se hizo uno con la idea misma de la Revolución y, caído, habrá de levantar nuevas energías revolucionarias en el camino donde, según últimas páginas de su diario, el paso de sus hombres “había dejado huellas”. Huellas que no se borran. Que jamás habrán de borrarse. Que quedan marcadas en el suelo del Continente entero”.

Se queda en nosotros marcada la huella, la clara, nítida y transparente presencia del Comandante, al recordarlo en los 47 años de historia de verdaderos combatientes que ahora llevan el sello del Che, y para ello, en la idea de construir el modelo del Hombre Nuevo, seremos también dignos de la vida y de la muerte del Comandante Guevara.

La memoria del Che no debe confundirse solamente con una romería anual por “la ruta del Comandante”, ya que la verdadera se encuentra en la capacidad de lograr la unidad, de pensar en la dimensión internacional de la revolución y en la reflexión cotidiana de nuestros actos, esa es la otra ruta del Che en la que pocos caminan de romería.

Este no es un homenaje, no puede serlo, creó que el único homenaje es que día a día construyamos una sociedad diferente, que cada día avancemos en ser hombres (y mujeres) nuevos, como lo quiso el Che.

Ésta es la consigna que debe unir a todos los revolucionarios latinoamericanos en el duro combate contra el enemigo común de la humanidad: el imperialismo norteamericano.

“El revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor. Es imposible pensar en un revolucionario auténtico sin esta cualidad… Nuestros revolucionarios de vanguardia tienen que idealizar ese amor a los pueblos, a las causas más sagradas y hacerlo único, indivisible”. (Che – 1965)


* Gastón Núñez, es comunicador y conductor del Programa “Memorias de Nuestra América” que se emite por radio y tv.

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