noviembre 25, 2020

— Primera parte — Octubre, rabiosamente “rojo y negro”

Octubre…

llegaste derecho a parar el reloj

y no reparaste en que, en esta región,

tutear a la muerte era ya tradición.

Y octubre se marchó por donde mismo entró.

Silvio Rodríguez, ‘Oh, bienvenido seas, octubre’

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El “rojo y negro”

El triunfo de la revolución cubana significó un parteaguas en las concepciones políticas –estratégicas y tácticas–, de la izquierda y los movimientos de liberación nacional en todo el tercer mundo.

A pocos meses de la victoria de los barbudos del Granma, se multiplicaron guerras revolucionarias por toda nuestra América, tiñéndose rabiosamente de “rojo y negro” la esperanza y el anhelo por la construcción de una nueva vida.

Hasta nuestros días en las escuelas cubanas se suele enseñar a los niños ‘pioneros’ que los colores “rojo y negro” de la bandera del Movimiento 26 de Julio –de donde heredan sus coloraciones la izquierda revolucionaria y el guevarismo continental– se deben a que el “rojo” simboliza la sangre de los patriotas que durante décadas lucharon por independencia de Cuba –como los moncadistas–, mientras que el “negro” ha de ser el luto por una Patria sometida que ve caer a los mejores de sus hijos.

Más allá de esta explicación, hay que agregar dos cosas. Primero, que el “rojo” era el color favorito de Karl Marx, según respondiera juguetonamente a un cuestionario de sus hijas Jenny y Laura, siendo adoptado, tiempo después, por el movimiento comunista internacional. Segundo, que tal como confesara Fidel en sus conversaciones al periodista Ignacio Ramonet, desde adolescente sintió una especial admiración por el patriota nicaragüense Augusto César Sandino.

En definitiva, será Sandino, el ‘General de Hombres Libres’, el comandante de ese ‘Pequeño Ejército Loco’ —como apuntaría Gabriela Mistral—, quien enfrentando durante un lustro a las tropas yanquis invasoras de aquel país centroamericano, enarbolará por vez primera en nuestras tierras las rebeldes banderas “rojo y negras”, siendo abrigado, además, por una pañoleta al cuello que llevaba los mismos colores.

Octubre, el rompimiento de los límites de “lo posible”

No resulta inusual que al entrar en las librerías burguesas se le destine un rinconcito preferencial a la exposición de gordotes libros dedicados única y exclusivamente a ‘desmitificar’ ‘contar la verdadera historia’ de Lenin, el bolchevismos y sus compinches.

Y es que a casi cien años del triunfo de la primera revolución socialista mundial, se hace imprescindible, para los opresores de pueblos, continuar desdibujando la historia y dejándonos huérfanos de toda nuestra memoria revolucionaria.

Pero, afortunadamente, en los procesos de transición socialistas actuales llevados a cabo en el continente, la juventud en busca de respuestas a interrogantes cotidianas, se sumerge en el estudio de lo mejor de nuestra tradición liberadora. Entonces, comienzan a reeditarse el “Lenin” de Gerarld Walter, “Los diez días que estremecieron al mundo” de John Reed, e incluso, se vuelve a revisar la estupenda obra de Serguei Eisenstein cuyo filme:“Octubre”, ocupa un sitial preferencial entre los clásicos del séptimo arte.

Octubre, en particular aquel telúrico 25, demostró a los condenados de la tierra que era factible romper con los límites de “lo posible”. Lenin y sus compañeros, en rapidísimas acciones, asaltaban el Smolny, copaban el Telégrafo, las estaciones de ferrocarriles y, al anochecer, en la reunión de los soviets de obreros, campesinos y soldados de toda Rusia, proclamaban la primera revolución socialista de la historia, asegurando la paz, tierra y pan a su pueblo y, lo más importante, plasmando terrenalmente, y por vez primera, el ideario de Marx y Engels.

Octubre, enseñó –como bien señala Fernando Martínez Heredia– que la acción organizada y consciente de hombres y mujeres justos puede vencer. Asimismo, internacionalizó las ideas comunistas y prácticas revolucionarias abriendo una nueva etapa en la emancipación humana por su lucha anticolonial, antirracial, anticapitalista y de dominación en una época de capitalismo global imperialista.

Desde aquel aparentemente lejano 1917, grandes hijos de nuestros pueblos abrazarán las ideas leninistas y, rabiosamente de “rojo y negro”, ensancharán los caminos para nuestra definitiva liberación. De ahí que sea necesario aprehender la obra de Mariátegui, Mella, Farabundo Martí, Fidel, el Che, Carlos Fonseca, Santucho, Enríquez, Allende y Chávez, entre otros.

“Los días luminosos y tristes de la Crisis de Octubre”

Cuando el 3 de octubre de 1965, en el acto de fundación del Partido Comunista de Cuba, Fidel Castro dio lectura a la Carta de despedida del Che Guevara, la izquierda mundial toda se estremeció al saberlo en cualquier rincón del mundo combatiendo al imperialismo yanqui.

En la misiva, el guerrillero heroico hacía referencia especial a aquellos hechos así como al papel desempeñado por Fidel durante esos días: “He vivido días magníficos y sentí a tu lado el orgullo de pertenecer a nuestro pueblo en los días luminosos y tristes de la Crisis del Caribe. Pocas veces brilló más alto un estadista que en esos días, me enorgullezco también de haberte seguido sin vacilaciones, identificado con tu manera de pensar y de ver y apreciar los peligros y los principios.”

Así como nos legó el triunfo bolchevique, ‘Octubre’, en 1962, nos sorprendió con una crisis, la llamada ‘Crisis de Octubre’, el episodio más crítico de la Guerra Fría y, tal vez, de la época contemporánea, llevando al mundo al borde de un enfrentamiento nuclear. La isla de Cuba sería el escenario escogido por el imperialismo para esa desdichada ventura.

El peligroso episodio se vive entre los días 22 y 28 de octubre, luego que EE.UU. bloqueara navalmente a la mayor de las Antillas, amenazando con bombardearla e invadir su territorio en respuesta a la instalación de misiles nucleares estratégicos en el occidente cubano –zona de Pinar del Río–, como puesta en práctica de una alianza militar entre la Revolución Cubana y la URSS para resguardo de los primeros en el eventual escenario de una nueva invasión yanqui.

Pocas veces en la historia se ha visto un pueblo con una disposición moral y combativa tan alta como la de los cubanos en aquel ‘Octubre’. Así, en el momento más tenso de la crisis, y ante la violación flagrante de su espacio aéreo por parte de los míticos aviones espías norteamericanos U-2, Fidel no dudó en dar la orden de abrir fuego contra cualquiera que se propusiera violar la soberanía patria. En efecto, las baterías antiaéreas revolucionarias derribaban un U-2 en la región oriental de Holguín, dejando boquiabierto al propio John F. Kennedy.

Las negociaciones que pusieron término al tenso enfrentamiento se realizaron a puertas cerradas entre Kennedy y, el premier ruso, Nikita Jruschov, marginando a la parte cubana.

Pero, el orgullo y dignidad de los caribeños se agigantó como nunca antes, una vez más se pintó de “rojo y negro”, y rechazando la posición vacilante de los soviéticos, fue enfático en prohibir cualquier inspección a la Isla, exponiendo, además, los cinco puntos que debía exigírsele al imperialismo: 1. Cese al bloqueo económico; 2. Cese de los actos subversivos, de espionaje e internación de armas en la isla; 3. Cese de los ataques piratas y planes de magnicidios; 4. Cese de la violación del espacio aéreo y marítimo soberano de la revolución; 5. Cierre de la Base Naval de Guantánamo y devolución inmediata de ese territorio a Cuba.

Es copiosa la literatura política e histórica, así como la filmografía, que se refieren en detalle a este episodio. Un documento de inestimable valor lo constituyen las memorias de la Conferencia Tripartita que, sobre estos sucesos, se realizó en La Habana en 1992, y en la cual participaran altos funcionarios norteamericanos, rusos y el propio Fidel Castro. Todos coinciden en dos cosas: que nunca en su historia la humanidad estuvo expuesta a un peligro tan grande y que la valía y brillantez de la dirigencia cubana y su pueblo actuaron como lo ameritaban las circunstancias.

Nota del autor

Estimado lector, le confieso que abarcar nuestra herencia “rojo y negra” en un mes tan especial como ‘Octubre’ se me ha hecho imposible en unos cuantos párrafos. Por la importancia que representa el rescate de esta memoria, en el próximo número, continúo con otros episodios en que este mes vio pasearse, entre sus días, a hombres y mujeres que decidieron tomar el cielo por asalto.


* catalejo.laepoca@gmail.com

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