noviembre 27, 2020

Sondeocracia con / sin atajos

por: José Luis Exeni Rodríguez

A solo una semana del sufragio en estas Elecciones Generales, parece haber fundada certidumbre respecto a los resultados presidenciales. Al menos así lo muestran, con pequeñas variaciones, las sucesivas encuestas de intención de voto difundidas en varios medios. Evo Morales-Álvaro García Linera se reelegirán con mayoría absoluta (en torno al 60 por ciento) y las candidaturas de oposición, sumadas, obtendrán el apoyo de un tercio del electorado. La tendencia ha sido consistente.

Se espera asimismo, con arreglo a la tradición, una amplia participación ciudadana (superior al 85 por ciento, incluido el voto en el exterior) y pocos votos blancos o nulos (menos del 10 por ciento). Lo que no está definido es si el MAS-IPSP conseguirá dos tercios en la Asamblea Legislativa Plurinacional, qué candidato opositor será segundo y cuáles de ellos perderán su personería jurídica. Hay duda también sobre el peso relativo del voto cruzado y el ganador en Tarija y Beni.

Todas estas previsiones (no predicciones) y expectativas (no certezas) acerca de las preferencias electorales son gentileza de la vigorosa “sondeocracia”. Me refiero al matrimonio bien habido entre empresas especializadas en estudios de opinión y medios de difusión masiva. Ahí están, en este proceso, Mori-El Deber-Red Uno-Unitel, Ipsos-La Razón-ATB-PAT, Tal Cual-Página Siete-Los Tiempos-Correo del Sur y Captura Consulting-Poder y Placer. Todos con sus correspondientes “analistas” de cabecera.

Si bien los estudios de opinión en materia electoral “con fines de difusión” son parte de nuestra democracia representativa desde los años noventa, estas elecciones traen algunas innovaciones. La más relevante, sin duda, es la existencia de una normativa específica en la materia. Así, además de nuevos plazos de difusión e importantes prohibiciones respecto al “uso mediático” de los estudios de opinión, se cuida la calidad técnica de su elaboración. Hay que celebrarlo.

Podemos convenir entonces en que la sondeocracia llegó para quedarse. Y nos provee, a la ciudadanía, a los operadores mediáticos, a las organizaciones políticas, una serie de “fotografías” acerca de la intención de voto, amén de otras variables de referencia. Claro que estas fotografías tienen márgenes de error. Además, son ciegas sobre lo que ocurre con los indecisos la semana previa al sufragio. Por ello el resultado de la votación suele ser diferente.

También es curioso/interesante el renovado rechazo a las encuestas (publicadas) por parte de las fuerzas políticas en disputa. Todos los candidatos –incluso el que está arriba– dicen que “no creen” en los datos y que “la verdadera encuesta” (sic) será el 12 de Octubre. Algunos opositores van más lejos al hablar, sin evidencia, de “encuestas pagadas” (por el Gobierno), así como de la supuesta gran diferencia que habría con “sus propios datos”. Ninguno se libra de la sondeocracia.

Así llegamos al día del sufragio. Como esta vez no hubo grandes debates, ni prominente guerra sucia, ni polarización con violencia, ni incertidumbre en los resultados, algunos dicen que es una elección “aburrida”. Habrá que ver. Igual el próximo domingo la ciudadanía tomará masivamente las urnas. Y a las veinte horas sabremos, por obra de la sondeocracia (y sus conteos rápidos), con cuánto ganó Evo, quién salió segundo, si Samuel irá castigado a Trinidad, si Tuto se comerá su reloj, si Jua es un sobremuriente, si el Verde deja de exisitir… Democracia electoral.

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