diciembre 4, 2020

El histórico triunfo de Evo

Evo Morales ha sido reelecto por decisión de la inmensa mayoría de los bolivianos. Su histórico triunfo lo convierte en el presidente que más años estará al mando del Estado. Al culminar su mandato en 2020 habrá superado al Mariscal Andrés de Santa Cruz, quien gobernó de manera continua 9 años y 9 meses en el siglo XIX. Pero también habrá superado a Víctor Paz Estenssoro, quien gobernó 12 años de forma discontinua.

La victoria de Morales este 12 de octubre, día en que además se recuerda la resistencia a la invasión española, no es un dato menor, pues aunque no se logró el objetivo de llegar al 74%, la tendencia a que el resultado final se mueva en un porcentaje superior al 60% no es algo que precisamente sea un hecho cotidiano en la historia boliviana. De hecho, ninguno de los presidentes electos entre 1985 y 2002 superaron la barrera del 50 por ciento más uno, por lo que le correspondía al Congreso Nacional, previas negociaciones poco éticas y a espaldas de la gente, elegir al jefe de Estado.

Algunos líderes de opinión han interpretado este 60% de respaldo a Evo Morales como una señal de estancamiento, lo que ciertamente es una lectura aritmética, mecánica, forzada y poco seria. La historia es mucho más compleja. Lo que pasa es que el líder indígena, como lo sostuvo el domingo en la noche, siempre se pone la barra demasiado alta. Es evidente que alcanzar el 74% representaba una difícil conquista, pero volver a ganar con un porcentaje superior al 60% es algo que difícilmente político alguno volverá a repetir en el futuro.

Que el MAS deberá hacer una lectura al detalle de los resultados de las elecciones, para identificar las causas por las que se perdieron votos en algunas zonas consideradas de “base dura”, no quita reconocer que se está ante un fenómeno político solo explicable por la naturaleza del proceso histórico y por el bloque social que lo conduce.

Revolución que se detiene, es revolución que retrocede. Por eso, dos de los más grandes desafíos de aquí en adelante será mejorar aún más la gestión sobre la base de los 12 pilares del programa 2015-2020 y generar al mismo tiempo condiciones materiales y subjetivas para dar lugar a una nueva oleada que empuje y profundice el proceso de cambio.

Las elecciones del 12 de octubre es, como la noticia, un hecho político del pasado. Ahora le corresponde a la dirección política del proceso y a los movimientos sociales recoger las lecciones positivas y negativas, y continuar el camino de la emancipación. Es hora de profundizar el proceso, Bolivia y América Latina lo demandan.

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