diciembre 4, 2020

¿Qué significa el triunfo de la democracia?

Hay que borrar de la mente de algunos niveles populares y acabar con la resaca electoral que nos dejaron los neoliberales que pretendieron reciclarse, para que el pueblo continúe avanzando hacia la construcción de la nueva Bolivia Plurinacional, democrática, productiva, digna y soberana.

El triunfo de la democracia, después de muchos amagos antidemocráticos de la oposición, es también una victoria más del pueblo que de esa manera va construyendo la democracia altamente participativa, democracia que aún no se la puede llamar la democracia del pueblo.

Para este triunfo, el pueblo ha tenido que superar lo que se temía como el rebasamiento de los límites de la democracia, debido a la participación de candidatos conocidos y reconocidos como representantes del pasado antidemocrático, actores directos y/o aliados principales de las dictaduras militares y del neoliberalismo.

El pueblo, por madurez política, no respondía a los ataques de estos reciclados dirigentes, y se limitaba confiado en la difusión de las acciones gubernamentales con el cual se identificó la mayoría del pueblo. El pueblo no entró a la guerra sucia que fue la característica de las otras candidaturas.

Pero hay otros elementos que podríamos llamar lo que nos dejaron las propuestas recicladas de la derecha neoliberal, como aquella de que la democracia requiere de equilibrio de poderes para que los gobiernos elegidos democráticamente no se conviertan en despóticos; o como las propuestas de Doria sobre el 50-50 en política petrolera y la re-re-privatización de Tuto Quiroga en versión ampliada y mejorada de la política privatista de Goni. Veamos algunas consideraciones:

Compañeros luchadores de ahora, de antes y de siempre: la democracia no es un sistema político neutro, no existe la neutralidad en política; tampoco es un sistema político abstracto pues en su realización efectiva, la democracia va adquiriendo formas, contenidos, objetivos y va modelando culturas que la vuelven realidades concretas entre las que están la democracia formal y la democracia controlada que en esencia son la democracia burguesa que se contrapone a la democracia popular o del pueblo y más aún de la democracia socialista. Y todo esto depende de los actores también concretos de la sociedad donde se instauran los modelos políticos democráticos.

El famoso manifiesto de la Revolución francesa sobre la democracia del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, fue y sigue siendo la democracia burguesa que derrotó exitosamente al sistema feudal de aquellos tiempos. En el mismo manifiesto, la última consigna “para el pueblo” denotaba ya la contradicción con las dos primeras “del pueblo y por el pueblo”, pues “para el pueblo” significaba tutelaje de alguien sobre el pueblo, ese alguien que muy bien utilizó la burguesía ilustrada de otrora, fueron las diversas élites de las clases o fracciones de clase dominante que indudablemente era y son de la burguesía. En Bolivia esta experiencia hasta la revolución de 1952, se llamó la “rosca minero-feudal” que en la realidad fue lo más reaccionario de la oligarquía minera y los resabios de la feudalía terrateniente de entonces. Y la democracia que practicaron fue la liberal representativa, formal y de minorías, alternada con sucesivos golpes de Estado antidemocráticos.

En la época imperial va surgiendo la democracia controlada cuyo principal objetivo tal y como lo reitera el imperio, “es la preservación y defensa de los intereses superiores de los Estados Unidos” en cualesquier parte del planeta; y para ello impusieron las dictaduras militares durante la tercera fase de la geoestrategia de dominación unipolar denominada “Doctrina de Seguridad Nacional” (DNS). En esta fase de la dominación, los ejércitos aplicaban la consigna de los centros de entrenamiento militar en el Comando Sur de las Fuerzas Armadas imperiales para luchar contra la insurgencia de los pueblos y contra todas sus formas de organización desde las gremiales, corporativas, sindicales, culturales, y contra la insurgencia militar por entonces llamados ejércitos de liberación nacional; el enemigo de esas fuerzas contrainsurgentes era el pueblo, sus organizaciones y sus líderes. Ahí estuvimos muchos de los que ahora defendemos la democracia participativa que la estamos construyendo como una expresión de la democracia del pueblo y por el pueblo para que nunca más tengamos víctimas como Marcelo Quiroga Santa Cruz, Luís Espinal, Juan José Torrez y una larga lista que no es posible ponerlos a todos.

Y si el pueblo siempre es mayoría en relación a las élites dominantes de la burguesía, esa mayoría debe y tiene que expresarse en una voluntad expresada en votos libres, informados y conscientes, para conformar no solamente los dos tercios que representa el pueblo en sí, sino ganar a los aliados verdaderamente demócratas que no solamente proclamen la democracia con fines utilitarios para entregar los recursos naturales en 50% para diez millones de personas del pueblo boliviano y el otro 50 % para una pequeña élite de las burguesías locales y extranjeras; o privatizar las empresas de toda la sociedad en pequeñas propiedades privadas como la propuesta privatista de Tuto Quiroga como una versión mejorada de la política privatizadora de Goni que concluyó con las acciones prometidas para los mayores de 60 años en la caricatura del “Bonosol”.

No ingresamos al desglose de las demás formas de la democracia, porque ese no es el tema principal. El tema que nos ocupa es que hay que borrar de la mente de algunos niveles populares y acabar con la resaca electoral que nos dejaron los neoliberales que pretendieron reciclarse, para que el pueblo continúe avanzando hacia la construcción de la nueva Bolivia Plurinacional, democrática, productiva, digna y soberana. Que el pueblo sea gobierno por la vía democrática, que amplíe, profundice y acelere el proceso de cambio para el Vivir Bien.

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