diciembre 4, 2020

Estado y mercado en los procesos de transición

por: Sub-colectivo del Grupo de Economía Política Crítica

En dos ediciones anteriores de La Época [1] se publicó la 1ra.parte de éste trabajo, refutando los mitos y las teorías de la apología capital – mercantilista sobre el problema del Estado y el mercado. Aquí se continúa tratando este problema pero principalmente en lo referente a la formación social boliviana, cuya primera referencia propiamente mercantil se remonta a la irrupción europea en el Abya Yala cuando en 1492 España inicia la invasión y conquista de éstos territorios, para ejercer su dominio colonial por más de tres siglos.

Se incorpora a la región al mercado mundial sometiendo y explotando a los pueblos indígena-originarios y a los esclavos traídos de África, para extraer “recursos naturales” y se configura la formación social del Alto Perú, hoy Bolivia, principalmente en torno a la minería extractiva y al trabajo de mitayos esclavos en el “cerro rico” de Potosí, entonces el emporio argentífero de la “civilización”. La extracción y exportación del metal motivó la fundación de ciudades, la producción agropecuaria en las haciendas de encomenderos, el mercadeo interno y con el espacio geoeconómico regional, así como el desarrollo de los talleres y obrajes artesanales, dando lugar particularmente a la Audiencia de Charcas.

Sobre esa realidad se funda la República de Bolivia tras la larga resistencia anticolonial indígena-originaria, de la guerra independentista y con la llegada del ejército de Sucre y Bolívar. Realidad que tiene la impronta de toda colonia cuya inserción al mercado mundial fue similar en el resto del continente. Lo particular de nuestra formación social fue la presencia y lucha de las naciones quechua, aymara y guaraníes menguada temporalmente cuando décadas antes de la declaración independentista formal, estallaron resistencias político-militar de Túpac Katari y Bartolina Sisa, los Katari quechuas en Potosí, que volvieron después por millones.

Marx explica el vínculo directo de la colonia con el proceso de acumulación originaria del capital identificando a las etapas sucesivas de la expansión colonial a escala mundial y al centro hegemónico; primero España y Portugal que insertan a los pueblos indo-americanos al circuito mercantil, saqueando e importando la riqueza producida en sus territorios; después Holanda, Bélgica, Francia e Inglaterra que a fines del siglo XVII cristaliza con la revolución industrial dicha riqueza, que también por otros factores alimentó y expandió al capitalismo como sistema a todo el planeta.

La colonización nutrió a la “modernidad” anglo-sajona y al desarrollo de la burguesía. Marx explicó que “el descubrimiento de los yacimientos de oro y plata de América, la cruzada de exterminio, esclavización y sepultamiento en la minas de la población aborigen… la conquista y el saqueo de las Indias Orientales, la conversión del continente Africano en cazadero de esclavos negros… [son] hechos que señalan los albores del [capitalismo]”. [2]

No obstante España pese al saqueo de metales preciosos y otros recursos de la región, explotando y aniquilando a pueblos originarios, al seguir inmersa en un régimen monárquico semi-feudal termina como intermediaria en el advenimiento del capitalismo a pesar de su férreo monopolio en la importación y exportación de bienes desde y hacia sus colonias. Se expande después de su cruzada colonial a costa de sus guerras intraeuropeas, conquista de otras regiones y la compra de manufacturas, cañones y bienes industrializados con oro y plata de América a Inglaterra y sus actuales países vecinos del noreste, [3] termina de puente para el desarrollo norte-europeo que concentra y capitaliza la riqueza del “nuevo mundo” y la condensa en producción industrial monetizada dentro y fuera de sus fronteras. [4]

Algo similar sucede en el periodo colonial en nuestro continente, cuando se configura el modelo centro-periferia y la división del trabajo promotora de la acumulación de capital, enmarcando de nacimiento a nuestros países en la estructura heterogénea y dependiente como proveedores de materias primas, importando a su vez manufacturas y varios tipos de bienes industriales en una estructura productiva mundial y un comercio asimétrico que siempre ha captado además condicionalmente la tecnología “moderna” y el financiamiento especulativo.

En la Bolivia republicana proveyendo plata a través del mercado mundial, huano y salitre para fertilizar las tierras empobrecidas de Europa cuya extracción generó la invasión del Litoral (1879) a interés del capital anglo-chileno, estaño durante el siglo XX, goma natural extraída explotando a los indígenas siringueros para cubrir la demanda de la industria automotriz, hidrocarburos, [5] soya y sus derivados industrializados, entre otros productos.

Al tráfico primario-exportador de “recursos naturales” monopolizado en las colonias por la Casa de Contratación de Sevilla, se añadía la prohibición de producir manufacturas ellas, pero si se compara su situación de colonias y la imperante cuando desde principios del siglo XIX estas devienen en Repúblicas, nos adscribimos a G. Frank que discrepa con Aníbal Pinto y la CEPAL cuya línea de pensamiento es que la “falla” se dio en nuestros propios países ya que en el s. XIX adoptaron el modelo de desarrollo “hacia afuera” en lugar de optar por el desarrollo capitalista “hacia adentro”. [6]

Ese autor plantea para Chile extensible a todos nuestros países, que no era una mera cuestión de opción, sino que en los tres siglos anteriores a la suerte de independencia y precisamente por causa de las contradicciones capitalistas sus economías ya estaban “sub-desarrollabas”; que en el capitalismo, incluso hoy con modalidades y características propias en cuanto al tiempo y el espacio, “ninguna forma de desarrollo hacia afuera o hacia adentro, podrá salvar del continuo subdesarrollo”. [7] Así es sólo aparente la línea secuencial desde el “subdesarrollo”, en “vías de desarrollo” y lo que sería ¿el desarrollo en la modernidad?

También demuestra que “si el desarrollo hacia afuera dependiente e incompleto” se generó en las entrañas de la economía colonial y “desde la conquista misma, la supuesta opción al desarrollo capitalista, independiente y nacional, hacia adentro, no existió [ni] siquiera en el siglo XIX, mucho menos [que] existe hoy”. Será la impronta colonial y la inserción de América Latina, África y Asia al mercado mundial capitalista que a tiempo de generar crecimiento económico en los países centrales trae la “ruina, miseria y opresión política monstruosa a los pueblos esclavizados”. [8]

Ante ello la lucha anticolonial se gestó e imbricó en su esencia con el antiimperialismo consecuente y el anticapitalismo, obviamente con las particularidades y hechos históricas obvios como el cambio del centro hegemónico desde España a Inglaterra y después a EE.UU, con su doctrina Monroe, “América para los americanos”, como el recelo de Bolívar y su proyecto de Patria Grande a la condición de “patio trasero”. Así lo anticolonial y antiimperialista se imbrican a partir de la impronta mercantil, funcional a la acumulación del capital.

Ya a fines del siglo XIX el capitalismo promotor del modelo centro-periferia se constituye nítidamente en Bolivia como el modo de producción dominante que subsume a las formas comunitarias, indígena-originarias y explota a los trabajadores mineros ciertamente en torno al sector primario extractivo exportador, expandiendo el sistema financiero, comercial e incluso la industria ligera para el mercado interno, pese a su alta propensión a importar no sólo maquinarias, equipos e insumos para la producción, sino también otros tipos de bienes industriales y manufacturas para el consumo final, eminentemente todo con un carácter capitalista- mercantil.

Finalmente si se de caracterizar al capitalismo criollo se trata, éste fue y aún sigue siendo dependiente de y promovido desde afuera. Coexiste con las formas económicas que aún la izquierda del siglo XX las consideró pre-capitalistas calificando a aquel como atrasado y reproduciendo sin pretenderlo, la imagen secuencial del desarrollo de la modernidad. No se captó al abigarramiento y a la subsunción en toda su dimensión, presos de la concepción lineal de la historia o se lo concibió como mera yuxtaposición del capitalismo con formas arcaicas y retrógradas. Esta visión etapista limita al actual proceso de transición, que al profundizarse forja y puede darle una gran plenitud al socialismo comunitario.

Continuara con la relación estatal y el mercado en el periodo del capitalismo de Estado…


* Roxana M. Vaca Uriona, Humberto S. Zambrana Calvimonte y Jhonny Suxo Suxo.

1 Ver “Observatorio Económico” del 31 de agosto y 14 de septiembre de 2014, respectivamente

2 Carlos Marx. El Capital. Tomo I; Capítulo XXIV: La llamada acumulación originaria. Ed. FCE; pp. 638.

3 Para ampliar éste y otros temas léase a Eduardo Galeano: “Las venas abiertas de América Latina”. Ed. Siglo XXI.

4 Es notorio que en la actual crisis europea y mundial, a ambos países los peyoren como “pigs”: macabro juego de palabras para insultar a los países de la periferia europea pese a ser de la Unión Europea: Portugal, Italia, Grecia y España (Spain).

5 En torno al petróleo entre 1932-35 se dio la guerra con Paraguay por el chaco boreal, con alrededor de 100 mil bajas entre bolivianos y paraguayos; detrás estaban los intereses de las empresas Standar Oil de Estados Unidos y Royal Dusch-Shell, anglo- holandesa, compitiendo entre sí.

6 André Gunder Frank. “Capitalismo y Subdesarrollo en América Latina”. 2da Ed., abril de 1968; pp.15.

7 Ibid, pp. 15.

8 Ibid, pp. 17.

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