diciembre 5, 2020

La “Cruz Verde”

por: Raúl Reyes y Javier Larraín

En sus Diarios de Viaje el Almirante genovés Cristóbal Colón relata detalladamente su primer encuentro con los nativos de nuestro continente:

“Luego vieron gente desnuda, y el Almirante salió a tierra en la barca armada y Martín Alonso Pinzón y Vicente Anes, su hermano, que era capitán de la Niña. Sacó el Almirante la vandera real y los capitanes con dos vanderas de la “Cruz Verde”, que llevaba el Almirante en todos los navíos por seña, con una F y una I, encima de cada letra su corona, una de un cabo de la + y otra del otro.”

La ‘Fiesta de la Cruz’

Cada tres de mayo ha de celebrarse la ‘fiesta de la Cruz’. Sin embargo, el santoral católico ese día advoca a San Diego y Santiago el menor, festividad instituida a partir de 1959.

Pero, sepa Ud. que antiguamente dicha fiesta era celebrada el 31 de mayo y, siglos atrás, el día 10. También ha de saber que debe su origen al mito del hallazgo que habría hecho Santa Elena –madre del Emperador romano Constantino– de la supuesta cruz con que habrían dado muerte a Cristo, aunque el arraigo popular de la fiesta proviene de celebraciones entre los propios romanos.

Pero, esta festividad continúa vigente y goza de gran popularidad en países como España, donde se efectúa la tradicional ruta del ‘Camino de Santiago’, y también, en regiones como los Andes, donde son numerosas las poblaciones que la celebran. De hecho, en el altiplano, la primera quincena de mayo es época de cosechas y se alaba la fertilidad.

Desde hace muy poco tiempo se sostiene que durante la coyuntura del ‘Cerco’, el 3 de mayo, se celebraba la fiesta de Alasitas, la fiesta del ‘Ekeko’.

La ‘Cruz de La Paz’

Desde hace tres décadas una tarja con la “Cruz Verde” fue colocada en un extremo de la fachada de una antigua casona colonial de la calle Jaén, en el casco viejo paceño, donde está emplazado el Museo de Instrumentos Musicales de Bolivia. Pero, ¿sabe Ud. mi amigo cuál es el motivo de dicho reconocimiento? Nada más ni nada menos que el de ahuyentar a los fantasmas que, desde la remota época colonial, visitan cada cierto tiempo el barrio.

El Diario del Cerco, escrito durante la Gran Rebelión de Amarus y Kataris, en 1781, por el Oidor criollo Clemente Diez de Medina, relata que en El Alto: “…eran muy aparentes por la común borrachera y fiesta de la cruz en que se hallan con muchos bailes y danzas…”.

Asimismo, un párrafo de la mencionada tarja con la “Cruz Verde” nos cuenta:

“La tradición cuenta que, en tiempos de la Colonia, el callejón Cabra Cancha, hoy Jaén, era un lugar tenebroso por la aparición constante de seres y hechos sobrenaturales (fantasmas, duendes, almas en pena, ruidos infernales)…”

El Mercado de Llamas

Una característica del Mercado de Llamas –o de ‘Cabra Cancha’– es la notable cantidad de leyendas y mitos que acoge al su alrededor. Así, actualmente los vecinos son conscientes de las distintas versiones que circulan entorno a su propia historia.

Algunos relatan haber oído extraños ruidos por las noches y haber visto apariciones fantasmagóricas. Lo cierto es que el conjunto de creencias y relatos adquieren un valor tradicional. Entre ellas las que se refieren a la “Cruz Verde”:

“Ocurrió que en las dos esquinas de entrada a dicha vía habitaban frente a frente dos curas que vivían maritalmente con sus barraganas. Los vecinos colocaron una cruz en cada esquina de dicha calle, para ahuyentar al demonio. Al final se quitaron esas cruces y se colocó un gran crucifico en la pared de la casa que después fue de la familia Ortega, que se llamó la ‘Cruz Verde’ ”.

Una segunda versión señala que sobre la vía que encuentra a la calle Jaén con el pequeño callejón de Indaburo, un estudiante pernicioso asustaba a todo el vecindario. Por las noches se disfrazaba de fantasma y con ello aterrorizaba y despertaba la imaginación de los transeúntes.

Una narración tradicional cuenta que durante la época republicana:

“Un reo que huía porque iba a ser fusilado se arrodilló al pasar ante el Cristo de la Cruz Verde, implorándole que lo salvase del patíbulo. Se desprendió la cabeza del crucificado, lo que se atribuyó a un milagro”.

La más asombrosa de las historias nos ha de convencer de que dicha cruz sirve para proteger a todos los hombres que se recogían borrachos a altas horas de la noche de la presencia de una viuda condenada que los llevaría a una aventura misteriosa.

El Calvario

Los vecinos aseguran a pie juntillas que en sus viviendas se registran constantemente hechos sobrenaturales, como apariciones de almas en pena y ruidos irreproducibles e inexplicables. Cuentan que una noche se escuchó dentro de la habitación de un inmueble a alguien que escribía a máquina pero que, al ingresar en el ambiente, el aparato estaba guardado dentro de su estuche. Cuentan, también, que en el interior de una tienda se escucha que un niño corre en el segundo piso, pero que ese nivel está hace muchísimo tiempo deshabitado.

Pero, más allá de los eventos imaginados o no, la historia documenta que la cruz de la calle Jaén es el símbolo que se dejó en vez de la “Cruz Verde” que se encuentra en la pequeña capilla de la zona del Calvario.

En 1549 se hizo el trazo de la ciudad de acuerdo a la tradición hispana, con la residencia de las instituciones administrativas y la delimitación del espacio en que debía construirse la Catedral. Por muchos años nuestra ciudad no tuvo una gran actividad. De esa forma la construcción de esta Iglesia tardó mucho tiempo y recién logró acabarse después de 1600. De estructura precaria no fue no fue sino hasta el siglo XIX que adquirió su forma conocida hasta hoy, convirtiéndosele en la Catedral de La Paz.

Aunque mantenía ese título desde la fundación de la ciudad, durante el siglo XVI los oficios religiosos se cumplieron en la Iglesia de Santo Domingo. En el patio adyacente a la misma se produjo el primer milagro de la cruz. Donde se construyó la fuente que permanece hasta hoy dentro el actual colegio Ayacucho, existía un morrito “de tres estados” que, al socavarlo, se enseñó tres cruces pequeñas. De éstas se sabe que una fue enviada a la ciudad de Sucre, otra a la sede misma del reino español mientras la tercera permaneció como evidencia de aquel milagro.

Desde que sucedió este hecho en 1600, el mundo católico celebra la fiesta de la cruz el 3 de mayo de cada año. El festejo es llamado también como la ‘fiesta del Señor de La Cruz’ y ha permanecido vigente, celebrándose con la tradicional procesión católica y con la fiesta de música y baile que los pobladores andinos ofrecían, hasta la década de 1980, a los pies del cerro del Calvario, en la explanada conocida como Cusipata.

El Calvario ya no es un centro de peregrinación como sugiere su nombre sino que se ha constituido en un tradicional barrio paceño. Sólo queda el cansancio que produce la empinada subida donde se avizoran las catorce estaciones católicas y una pequeña capilla en medio de varias casas de construcción moderna, y calles y avenidas como la Periférica, que dan cuenta del crecimiento demográfico de la ciudad.

Tiendas, locales, paradas de minibuses, un pequeño mercado y casas que se elevan hasta cuatro pisos, encierran a la capilla y su pequeño atrio del que se observa gran parte de la capital. La capilla sólo abre los domingos para celebrar el oficio de las once que reúne a unas cuantas familias del lugar. En su interior se mantienen dos imágenes del ‘Señor de la Cruz’, en medio de vitrales que narran el suplicio de Jesucristo antes de ser crucificado. El resto de la semana, especialmente los días jueves, varias personas de diferentes zonas van a que doña Natalia Huallpa los bendiga con el ritual andino.


* catalejo.laepoca@gmail.com

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