diciembre 1, 2020

Alcance político y significados simbólicos de la paridad en la Asamblea Legislativa Plurinacional

Las mujeres hemos luchado casi cuarenta años por lograr la paridad en la representación política en Bolivia. Han sido muchos años de remar contra corriente. Inclusive, hasta con las mismas mujeres que no entendían su rol histórico como portadoras de voz y voto y capaces de representar, no tan sólo ser representadas.

La paridad es un asunto absolutamente necesario para hablar de verdadera democracia; esta paridad fue labrándose palmo a palmo, empezando por la Ley de Cuotas, que estableció un tímido 30% que fue también criticado y visto como una pírrica victoria o una concesión de los varones, sujetos ellos tradicionales e históricos de la representación política. Sin embargo, ese 30% fue importante, porque fue el inicio del camino y ahora, las que estuvimos ahí, pero también las que en ese momento no lo valoraron y las jóvenes mujeres que ahora inician su carrera política, se dan cuenta de su importancia, al haber marcado un camino, que desde ese momento, fue sin retorno.

Hoy en día, ya tenemos los resultados oficiales de las últimas elecciones generales en Bolivia y estos nos han dado como resultado que el 48% de los y las Representantes a la Asamblea Legislativa Plurinacional, son mujeres. Esto sitúa a Bolivia, junto con cuatro países del orbe, a la vanguardia de la paridad.

Revisando las cifras, vemos que de las 80 mujeres representantes políticas acreditadas a la Asamblea, 16 son senadoras y 64 diputadas, versus 86 y 20 varones, respectivamente. Si vamos más allá en la revisión e interpretación de éstas cifras, vemos que la mayor cantidad de representantes mujeres, están en el Beni, con un 58% de representación, configurado por 2 mujeres versus 2 varones en senadores (50%) y 5 mujeres diputadas versus 2 varones. Ésta, sin duda alguna, es una cifra altamente representativa, porque por primera vez en la historia de Bolivia, hay más mujeres que varones en una bancada de diputados. Lo propio en el departamento de La Paz, donde la representación femenina en diputados es de 16 diputados versus 13 varones y en Senadores, la representación es totalmente paritaria, con 2 senadores y 2 senadoras. Le siguen en porcentaje de representación, Cochabamba, con 52% de mujeres ; Santa Cruz con 50% y Tarija con 46% de mujeres Asambleístas.

Ahora bien. Las feministas activistas podríamos decir –como escuché anoche decir a una compañera– que pareciera que hemos tocado el cielo con las manos, porque al final de 40 años de lucha, por fin, se practica la paridad. Sin embargo, sin el ánimo de ser pesimista ni aguafiestas, creo que no hay que detenerse en el exitismo, sino que éste logro deberá cuestionar ahora, la calidad de la representación, ya no la cantidad. Entonces, se hace crucial en esta hora que mujeres asambleístas, pero también todas las mujeres de la sociedad civil, empiecen a preguntarse qué significa la calidad de la representación; habrá que cuestionarse, además, a quienes representan estas mujeres, si a los intereses partidarios, a los intereses corporativos, a la agenda feminista exclusivamente, o a una Agenda Nacional –así con mayúsculas– que deberá ser también ser consensuada con los colegas varones, porque en definitiva, se trata de anteponer cualquier interés sectario y pensar en los intereses supremos.

Sin embargo, hay una agenda de temas que conciernen a las mujeres y que aún está inconclusa; la que tiene que ver con aspectos que la sociedad reclama, tales como la violencia en razón de género y la violencia contra la mujer, los derechos sexuales y reproductivos y los derechos de las minorías, pero también la situación de la salud y a educación de las mujeres, donde hay temas pendientes como una herida, tales como la mortalidad materna, aún no resuelta y el analfabetismo del 11% de mujeres indígenas.

La paridad ha convertido los espacios de representación política en espacios de verdadera representación; la agenda de la paridad también permitió poner en el tapete otros temas que hacen a la democracia, como la representación indígena originaria campesina y la representación de las minorías, entre ellas, las diversidades sexuales.

La paridad lograda, hace de la democracia un hecho práctico y al alcance de todos y todas; permite que, más allá de la representatividad, pasemos a la participación activa como ejercicio de una ciudadanía completa. Hace de Bolivia un país modelo para la democracia mundial.

Sin desmerecer la lucha, que fue ardua y de la que fuimos parte, sin un estado inclusivo, plurinacional y sin una Constitución Política, fruto de un pacto político entre todos los actores; sin un país donde por fin nos reconocemos todos y todas como parte activa de su presente y su futuro, esto jamás hubiera sido posible.

No hay nada que hacer, corren nuevos vientos… También para las mujeres.


* Ma. Bolivia Rothe es feminista, militante del proceso de cambio.

Be the first to comment

Deja un comentario