noviembre 26, 2020

El mundo le pide poner fin al bloqueo contra Cuba ¿Obama seguirá aislando a EE.UU.?

El presidente estadounidense Barak Obama, después de la resolución aprobada el martes pasado por inmensa mayoría de los estados miembros de la ONU que pide el fin de bloqueo contra Cuba, se enfrenta a una decisión difícil: o continuar en la dirección que se pronunciaron 188 países y hacer uso de sus facultades presidenciales para terminar con la inmoral medida o mantenerse secuestrado por un reducido grupo de poder cubano-americano que solo ha logrado aislar a EE.UU. del sentimiento mundial.

Una mínima racionalidad política no debería provocar duda en el titular de la Casa Blanca. Las razones son decenas, pero hagamos referencia a las más importantes: primero, no tiene nada que perder pues está a pocos años de terminar con su último mandato; segundo, entrará a la historia de EE.UU. como el presidente que revirtió una medida que no solo ha fracasado o ha sido condenada por vigésima tercera vez consecutiva por la comunidad internacional, sino que perjudica a los ciudadanos norteamericanos; tercero, es una manera de disminuir las acciones de solidaridad con Cuba que se están incrementando progresivamente en territorio norteamericano, generando un consenso social entorno al tema que no condice con las posiciones duras de la derecha republicana y demócrata; y, cuarto, es una correcta lectura de la creciente falta de apoyo en amplios e influyentes sectores estadounidenses a que se mantenga la medida.

La victoria cubana en las Naciones Unidas no da lugar a la duda. El imperio está solo. El único país que ha respaldado la negativa estadounidense a la resolución que pide el cese del bloqueo es, por si algún ingenuo tenía dudas, Israel. Incluso, tres islas pequeñas que dependen de la asistencia de EE.UU. —Marshall, Micronesia y Palau— prefirieron abstenerse. Eso quiere decir que Europa, incluida Alemania y Francia —que son los “pivotes” de la estrategia estadounidense para consolidar y ampliar la Unión Europea, vía Ucrania y Polonia, hacia Euroasia—, se oponen a que la medida continúe, en gran parte por el carácter extra-territorial de la Ley Helms-Burton que sanciona a empresas de otros países que hacen negocio con Cuba.

De hecho, en los últimos meses ex altas autoridades, políticos influyentes y medios de comunicación prestigiosos se han pronunciado, con matices, para que se ponga fin al bloqueo impuesto por EE.UU. en 1961, el año que fracasó la incursión contrarrevolucionaria en Bahía de Cochinos y cuando Fidel Castro declaró, en la avenida 23 y calle 12, el carácter socialista de la revolución. En Julio, la ex secretaria de Estado, Hillary Clinton, sostuvo que mantener el embargo “es contraproducente”; el martes 28 de octubre el representante demócrata, James McGovern, señaló que “es hora” de tomar medidas para “disminuir” las restricciones contra Cuba; el candidato a Gobernador en Florida, Charlie Christ, afirmó días antes que hay que poner fin a “esa reliquia ineficaz” y establecer relaciones comerciales, y por si fuera poco, el prestigioso e influyente periódico The New York publicó en octubre tres editoriales donde pide el cese del boqueo contra Cuba y valora la iniciativa de la mayor de las Antillas en el envío de una brigada médica al África Occidental para combatir el ebola.

Todos hechos muestran que la posición de mantener o endurecer el bloqueo, algo que Obama se ha encargado de hacer desde su primer mandato (2008) a pesar de haber ofrecido flexibilizar la medida en la campaña electoral, solo responde a la voluntad de un grupo reducido que, como sostiene McGovern, no termina de internalizar que “la guerra fría ha terminado”. Pero no solo eso, marcha a contra ruta del sentimiento del estadounidense medio que no entiende por qué sufre restricciones para pasar sus vacaciones en las mágicas playas cubanas. Tan sencillo como eso.

Por lo demás, si bien los sectores conservadores de los partidos Republicano y Demócrata pueden ofrecer resistencia en el Congreso para la aprobación de la resolución que levante el “embargo económico comercial” contra Cuba, Obama no necesita, si esa fuera su decisión, pasar la medida por el Poder Legislativo, donde la mafia cubano-americana tiene influencia. El titular de la Casa Blanca lo único que debe decidir es hacer uso de sus facultades presidenciales para dar por finalizado la criminal y vergonzosa medida. Las bases para la decisión están en la ley estadounidense. Aunque se refería a Irán, el 22 de octubre pasado, el secretario de Estado, John Kerry, aseguró que el gobierno no necesita de la autorización del Congreso Norteamericano para levantar las sanciones contra la República de Irán, con la que lleva adelante reuniones informativas regulares en el marco de la negociaciones nucleares. Eso es, exactamente, lo que Obama debe hacer respecto de Cuba.

Obama está a tiempo. Si actúa como la razón histórica y el mínimo sentido de ubicuidad se lo demandan, el presidente estadounidense evitará que la próxima Cumbre de las Américas, a la que Cuba aceptó asistir a pedido de Panamá, se convierta en otro escenario en la que todos los países de América Latina y el Caribe le exijan el cese del bloqueo. Aún es tiempo para evitar la vergüenza.

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