diciembre 3, 2020

—Segunda Parte— Desenrollando el rollo electoral

por: Raúl García

Ante las conquistas postuladas por el propio proceso, ante la disolución/superación de la condición étnica, es el tejido formativo del kapital el que se postula como articulador de lo social; es esto lo que nos exige una relectura sobre los hechos políticos y electorales que permitan ­—en términos de Sartre— “recrear” los postulados revolucionarios que los nuevos escenarios gatillan.

El TSE emitió un primer resultado al 99,82%, que implica que sólo faltan a computar 49 mesas de 27403, que deben volver a votar. Por la composición del voto, lo faltante no tendrá efecto electoral alguno. Por ello se puede intentar un análisis sobre datos finales.

Lo primero que debiera llamar la atención es que se presenta un ausentismo del 11%, cuando el 2009 sólo fue del 4,8% y que fue destacado por la comunidad internacional. Dos pueden ser las explicaciones: una, que exista un proceso de despolitización, que puede ser razonable ante una campaña poco propositiva de parte de la oposición; otra, que el padrón electoral no esté bien depurado, afirmación que se sustenta cuando se compara el padrón con los datos del censo 2012. Según éste, la población de 18 años y más es 6´235.324 ciudadanos, con una población superior al 30% que vive en poblados de menos de 2.000 habitantes. No es muy probable que el 95,8% de la ciudadanía se inscriba al padrón con un índice rural aun alto; por ello no fuese extraño que la auditoria al proceso arroje que el padrón no está totalmente depurado y por ello presenta un índice de abstención del 11%. Hecha esta consideración, veamos ahora los resultados

El “MASASO”

La primera constatación de los resultados es que el Presidente Evo Morales es reelecto con el 61,04%, lo que implica que 3´053.846 ciudadanos decidieron que el país durante estos 5 años venideros debe ser conducido por Evo Morales Ayma. Se obtuvo 201.850 votos más que el 2009, se llegara a los 210.000 con las mesas restantes. Esta victoria pone fin a especulaciones y delirios de quienes pretendían que el 2014 la derecha arrinconaría al MAS a una segunda vuelta; consideraban que el MAS no alcanzaría el 50% y que la distancia con la derecha sería menor a los 10 puntos. Los resultados desmienten eso categóricamente. No sólo se superó la barrera del 50% sino que se obtuvo 11 puntos más que ello. No sólo se tiene una distancia de 10 puntos con respecto a la primera minoría, sino de 36,5%; más aún: se es 2,5 veces más que ellos, es decir, por cada voto de UD el MAS obtuvo 2,5 votos, relación superior a la que se tuvo con la primera minoría el 2009.

Si leemos los porcentajes, el MAS vence la justa electoral ampliamente, no hay victoria tan contundente en todo el continente, pero lo hace reduciendo el porcentaje obtenido el 2009, de 63,91% a 61,04%, una reducción de 2,87%. Podría parecer preocupante si es que no nos fijamos en la primera minoría, ella decrece también y lo hace en 2,19%, un poco menos que el MAS. Por ello es que la relación proporcional entre la mayoría y la primera minoría se amplió el 2014 con respecto al 2009. Es decir, la primera minoría no alcanza el 25%, no supera el 1´230.000 votos, sólo logró 12 circunscripciones uninominales de 63, lo que hace el 19% de la representación ciudadana directa; únicamente en Beni tiene la mayoría de las circunscripciones, en Santa cruz sólo tiene 6 de 14 (43%), en cuatro departamentos no logró ninguna circunscripción uninominal (La Paz, Chuquisaca, Oruro y Pando), en tres departamentos logró una circunscripción (Cochabamba, Potosí y Tarija) y, finalmente, obtuvo una sola circunscripción especial (Beni). Donde mejor le va es en el Senado, donde tiene 9 representantes, lo que equivale al 25%. En Diputados, logra un total de 31 representantes: 12 uninominales, 1 especial y 18 plurinominales; de toda su bancada, 17 son de los llanos (aporte de Demócratas a la alianza UD), sólo 14 son de valles y altiplano. No es muy diferente en el voto, 614.000 corresponden al llano y 211.000 a valles y altiplano; sólo en Santa Cruz, Beni y Pando están en el 40 o más por ciento, en el altiplano y los valles centrales no llegan al 20%, y sólo el valle de Tarija salva el honor con 26,6%. Una primera minoría raquítica en el occidente, miserable en los valles y sólo con presencia minoritaria respetable en el oriente, exceptuando el Beni donde es la primera mayoría.

Frente a esa primera minoría se tiene a la única mayoría que logra 87 diputaciones (2/3 de la cámara baja), 49 de ellas uninominales (77,7%), 6 especiales y 32 plurinominales. Esto supone un control absoluto de 8 brigadas departamentales, sólo en el Beni la UD tiene tantos asambleístas como el MAS. En cinco departamentos la representación de diputados masistas en su brigada supera el 70% (llegando a 83,3% en Oruro), en tres es más del 53% y sólo en el Beni es del 50%. En cinco departamentos se tiene por encima del 60%, en dos departamentos se tiene más del 51%, en Santa Cruz se estuvo muy cerca de llegar al 50%+1 (49%) y sólo en Beni no se gana pero se alcanza 41,5%.

Se puede afirmar con certeza que el MAS es un partido que baña el país entero, que su presencia se mueve entre el 41,5 al 69,5%, mientras que en las representaciones asambleísticas se mueve entre el 50 y el 83,3%; que logró más de 2/3 de la Asamblea Plurinacional y que tiene la responsabilidad de conducir la nave del Estado los próximos cinco años por mandato popular del 61% de la ciudadanía que concurrió a emitir un voto válido y delegó 2/3 de la asamblea para que fiscalice este mandato. En términos del señor Presidente, estas elecciones fueron un MASASO.

El nuevo “campo” electoral

Un segundo elemento a comprender a partir del voto es cómo se movió el campo político-electoral. Para ello es importante un par de precisiones: entiendo por oficialismo, posición de Izquierda, únicamente el voto por el Presidente Evo Morales; entiendo por oposición de derecha la sumatoria de los votos de UD + PDC y la comparo con su correlato 2009 (Plan progreso-convergencia nacional) CN + UN (Alianza por el consenso y la Unidad Nacional). Creo que hasta acá no hay mayor discrepancia con nadie.

El MSM entiendo que es una posición de centro derecha y voy a compararlo con la postulación de AS (Alianza Social) el 2009, es importante resaltar las coincidencias de ambos frentes manteniendo sus distancias y los espacios temporales. AS no sólo fue muy cercana a Sánchez de Lozada cuando el 2002 se estuvo a punto de ser su candidato a la Vicepresidencia, mientras don Juan fue su diputado en la gestión 93-97, sino que tanto Joaquino como Juan fueron los que armaron el proyecto municipalista con pretensiones estatales para el 2005. De ese intento participaban Manfred Reyes, Johnny Fernández, Ricardo Paz y muchos otros cultos e intelectuales, todos bajo el precepto electoral “los centros son los que ganan elecciones, pues las mayorías desprecian los extremos”. De muchas maneras esa centro derecha del 2005 fue la creación de don Juan, quien salía de un cogobierno municipal con el MNR donde los señores Roberto Moscoso y Mauricio Lea Plaza eran los co-alcaldes del municipio paceño. Si ello fuera aun poco para algunos intelectuales de pretensión izquierdista y de abolengo culiblancoide —que insisten en considerar al MSM de centro-izquierda—, fue el propio señor Juan del Granado quien se encargó de tapar opiniones buscando infructuosamente una alianza con el señor Rubén Costas —a quien no creo que alguien pueda clasificarlo en algún grado de izquierdismo—, personaje este con quien don Juan tuvo la virtud de encontrar similitudes programáticas y de objetivos estratégicos en la comprensión del país.

Por último, tenemos una candidatura de difícil aprehensión. Quien la conduce es un indígena de tierras bajas que postula la defensa de la naturaleza, activista explícito muy vinculado a ONGs de las más variopintas que tienen un sesgo en común: la preservación de los recursos naturales con financiamiento de países del norte, defensa que se ciñe a los intereses que pretenden hacer del sur el cuidador de bosques y materias primas para que en el futuro los del norte puedan disponerlos. Lo cierto es que sus voceros y principales militantes vienen de los proyectos “verdes” de dichas ONGs y buena parte de su voto está vinculado a su presencia operativa; es por ello que no caigo en la tentación de considerar a esta agrupación en posiciones de izquierda, por muy verdes que sean. Se entiende que en Europa las reivindicaciones desde lo Verde sí se ubican en el ámbito progresista y de izquierda, pero traspolar dicha valoración peca de incauta: una cosa es pelear para que el norte deje de gastar el 75% de la energía generada en el mundo porque lo está destruyendo, y otra muy distinta es pedir a los del sur dejar de gastar energía para que los del norte sigan cebando como cerdos; por ello voy a relacionar comparativamente a esta centro derecha verde con los frentes un tanto extraviados y en muchos casos más derechistas del 2009 como GENTE, PULSO y MUSPA.

Para ver el desplazamiento del campo político electoral se debe tener una línea base, en este caso el proceso electoral 2009, primer proceso democrático de participación ciudadana en el marco del Estado Plurinacional y referencia mayor de votos y porcentaje obtenidos por el Presidente Evo Morales; sobre ella contrastaremos los resultados logrados en el actual proceso.

El cómputo general nos muestra que la candidatura del MAS logra 201.850 votos más que en 2009, pero evidencia una reducción porcentual de 2,87%; mientras que el agregado opositor de derecha (UD-PDC) presenta un incremento de 232.840 votos y un crecimiento porcentual de 1,2%; a su vez, el agregado opositor de centro derecha (MSM y Verdes) logra incrementar 106.071 votos y 1,73%. Se puede afirmar que los 2,87 puntos que pierde el MAS se distribuyen en 40% para la derecha y 60% para la centro derecha; y que de los 576.000 nuevos votos emitidos el MAS capturó 35%, 40% la derecha y 19% la centro derecha. Esta primera aproximación sólo es numérica, no tiene nada que ver con el comportamiento de la nueva generación de ejercicio ciudadano.

Cuando nos aproximamos al único corte territorial del voto a la presidencia, la cámara alta y los diputados plurinacionales, se encuentra interesantes detalles:

• El MAS logra 178.000 nuevos votos en Santa Cruz.

• El MAS pierde 92.826 votos en La Paz.

• El MAS logra 127.115 nuevos votos en los valles (Cbba 67.888; Chu 37.790; Tar 21.437), aunque reduce un 2,2% en Cbba, mantiene en Tarija (+0,6% ) y crece 7,3% en Chuquisaca.

• El MAS pierde 31.807 votos entre Oruro y Potosí, pero la reducción porcentual es muy drástica, se reduce 13,1% en Oruro y 8,8% en Potosí.

• El MAS crece en votos y porcentajes en los llanos del norte, en Beni incrementa 13.413 votos y 3,8%; en Pando logra 7.955 votos nuevos y crece 7,6%.

• En el Altiplano, el MAS pierde 124.633 votos.

• En el resto del país, el MAS logra 326.483 votos (127.115 en los valles y 199.368 en los llanos).

• La derecha (UD+PDC) logra 189.620 nuevos votos en el altiplano (98.565 La Paz, 31.280 Oruro, 59.775 Potosí).

• La derecha logra 47.370 nuevos votos en los valles (33.181 CBBA, 16.975 Tarija, -2.786 Chuquisaca).

• La derecha pierde 4.150 votos en los llanos (-7.698 Santa Cruz, +2.115 Beni, +1.433 Pando).

• De los 232.840 nuevos votos logrados por la derecha, 189.620 están en el altiplano (81,5%), (42% en LP), el resto está en los valles y la pérdida es en los llanos.

• La centro derecha (MSM + Verdes) logra 63.121 nuevos votos en el altiplano (85.259 LP).

• La centro derecha logra 26.128 nuevos votos en los valles (27.407 CBBA).

• La centro derecha logra 16.908 votos en los llanos (14.445 SC).

• La centro derecha crece, obteniendo el 80% de su crecimiento en La Paz.

Muchas lecturas son necesarias desde el dato numérico. La derecha ha logrado afincarse en el altiplano, su crecimiento allí representa el 81% de todos sus nuevos votos, aunque su crecimiento total no supera el 1,2% que refiere a los 55.000 votos adicionales al mantenimiento por incremento del padrón; ello implica que su presencia en sus anteriores “dominios” tiene que haber menguado. Veamos ello. En Santa Cruz, la derecha redujo un total de 8,9%, que no se limita a los 7.698 votos menos obtenidos, sino a los 102.000 que requería para mantener su porcentaje, es decir, que pasó de lograr el 56,9% a sólo alcanzar el 48%, inferior a los 49 del MAS. En Beni, pierde el 4,7% y en Pando el 8,5%. Con excepción de Chuquisaca (-6,1%), mantuvo sus porcentajes en el valle. Es por ello que su crecimiento total se enmarca en el 1,2% (55.000 votos).

Es interesante observar la composición del voto de la derecha: el 43% lo componen los llanos y 28% por igual tanto los valles como el altiplano. Se puede afirmar que el fuerte de la derecha sigue concentrado en los llanos y tiene como cabezas visibles a los señores Costas y Suárez; la composición de la derecha en los valles y altiplano es muy difusa y aun no presenta actores descollantes, quizá el único con semblanza departamental sea el señor Montes, alcalde de la ciudad de Tarija.

El núcleo andino del proceso de cambio

Los esquemas numéricos considerados nos permiten también apreciar que en el departamento de La Paz el MAS pierde 11,4% de presencia electoral, porcentaje que se compone por la reducción de 92.826 votos y los 85.000 potenciales votantes que hubiera obtenido de los nuevos ciudadanos que votaron si mantenía su presencia electoral en el 80% del 2009. Fue la derecha la que captura el 55% y la centro derecha el restante 45%, por eso es importante lograr una explicación que permita su comprensión. Sin duda que la ruptura del MAS con el MSM debiera pasar factura y se expresó en mucho menos de lo que se esperaba (58.099); de igual manera, pesaron los conflictos sobre la comprensión ONGista del desarrollo y la preservación de la naturaleza que se manifestó en la marcha del TIPNIS, así como los varios grupos disidentes que se distanciaron en los últimos cinco años. Sin duda, el propio desarrollo del proceso y la gestión hizo que La Paz sea el principal espacio donde la confrontación política se traduzca en hecho electoral, por ello era de esperarse una reducción del voto en aras de una centro derecha que venía explicitando su enfrentamiento y prometiendo lograr cinco veces mayores resultados que los obtenidos. Pero este voto no sólo es pro centro, sino que es también un anti-notas del proceso, se basa en una lectura diferenciada de lo indígena, de lo que es el destino deseado y esperado. Son votos que tienen una lectura de la indianitud bastante maquiavélica entre el indio bueno-tierras bajas, indio malo-tierras altas, son sectores clase media herederos de Segurola y temerosos de Katari, que se presumen progresistas mientras alguien de menor estirpe pretenda dar instrucciones. Alguien afirmaría que allí están los votos perdidos, perdidos a manos de sectores bien intencionados pero que tienen algunas discrepancias con cierta indianitud irreverente de tierras altas.

Pero esto sólo da cuenta de la mitad del voto en La Paz. En el altiplano se perdió 125.000 votos y otro tanto similar de potencial voto si se repitiera el porcentaje. Estamos ante la proyección por porcentaje de 1,65 millones y la obtención de 1,4 millones, un 15% menos, del cual un 25% lo acapara la centro derecha y el 75% restante la derecha. ¿Qué está detrás de este comportamiento electoral? ¿Cuáles son las notas que posibilitan en todo el altiplano que la ciudadanía abandone su voto férreo por el proceso que es “Evo Presidente Indígena”?

No existe aún información que nos permita aproximaciones con mayor precisión territorial. El dato departamental no nos permite leer si existe o no diferente comportamiento entre la ciudad capital y el área rural, y en el caso del departamento de La Paz, entre la ciudad, El Alto y el área rural. Ante esta ausencia, intentaré aproximarme a la lectura de la realidad con un elemento presente en el proceso electoral pero que no es similar al voto por el Presidente, me refiero al voto por el candidato uninominal. Comparando los resultados electorales entre 2009 y 2014, nos topamos con que, en la ciudad de La Paz, el MAS reduce un poco más de 24.000 votos y 19 puntos porcentuales, en El Alto crece en 8.812 pero decrece 15 puntos porcentuales, en la provincia pierde más de 60.000 votos y 12 puntos porcentuales. En el departamento de La Paz, la reducción porcentual es una constante y sin duda que la reducción en el voto es muy alta en la provincia. Lo interesante es quién acapara este voto: en la ciudad lo acapara el MSM y 90.000 la UD, en El Alto es la UD que logra 72.000 votos y en la provincia 30.000.

En la ciudad de Oruro, el MAS suma 23.000 votos pero decrece 7 puntos porcentuales, mientras que en las provincias pierde 33.000 votos y decrece 8,44 puntos. En la ciudad y la provincia, estos votos más o menos se reparten entre MSM y UD. En Potosí ciudad, el MAS pierde 1.300 votos y 7,5 puntos porcentuales, en la provincia son otros 10.000 votos y otro tantos puntos porcentuales. Se puede afirmar que, según los datos de voto uninominal, en las provincias del altiplano el MAS perdió alrededor de 100.000 votos y alrededor de 10 puntos porcentuales, en el caso urbano sólo La Paz es preocupante y no sólo por el voto disminuido sino porque es la UD y no el MSM la que logra una fuerte votación.

Un intento de hipótesis aproximativa

Con base en estos datos se puede intentar una hipótesis que posibilite aproximarse a una interpretación del hecho electoral. Desde inicios del siglo XXI, el altiplano comienza a articularse desde la “etnicidad”. La crisis de Estado de larga duración, la condición colonial estatal en crisis, de ciclo centenario, daba paso a la politización de las notas étnicas. Esta característica configuró en el altiplano un aparataje discursivo proto-partidario de base étnica y postulado político, reemplazaba la forma partido como nucleador asociativo y práctica militante: es la identidad el propio discurso y es la lucha en la contradicción T’ara-Q’ara la propia militancia. Esto se hace hecho electoral el 2005 y 2009. La Paz conformará hasta el 40% del voto Masista, representando el altiplano el 53,34%, y no se trata sólo de la fuerza electoral con porcentajes rondando el 80%, sino de la identificación discursiva con la reivindicación dignificante de la indianitud. Es en esta parte del país donde el programa político es plenamente reconocido en el marco de “Evo Morales el Primer Presidente Indígena”. Es así que la etnicidad hará superflua la necesidad de partido, “programa” o discurso más allá de las notas Evo.

Es el propio despliegue del proceso de cambio, las conquistas contra la extrema pobreza, su reducción en 18%, el crecimiento del PIB, el incremento de la capacidad de gasto, el acceso a servicios básicos de agua, luz, telefonía, transporte, etc., y obviamente la palpable y constante disolución/superación de la contradicción T’ara-Q’ara que se evidencia en la inversión del capital étnico de la blanquitud a la indianitud; la convergencia de bien escaso y acumulable de la etnicidad indígena como mecanismo de proximidad a estructuras del poder tanto en estructuras nacionales como sub-nacionales.

Son los propios despliegues y conquistas del proceso los que disipan el núcleo denso de la cohesión política. Poco a poco se va evidenciando que en algunos sectores sociales la unicidad identitaria-política como factor en la toma de decisión electoral ha comenzado a dar paso a factores de “base kapitalista”, como los intereses individuales, sectoriales o de grupo en detrimento de los intereses generales. Por ello, la serie de movilizaciones que en la fase electoral se desplegó en el país (nacionalización de autos chutos, bono especial a jubilados, aprovechamiento privativo de las computadoras escolares, etc.), no sólo es un juego político de aprovechamiento de coyuntura sino actividades que evidencian la primacía de lo privativo sobre lo general. Fue esta primacía la que comenzó a devenir en hecho electoral. Ante las conquistas postuladas por el propio proceso, ante la disolución/superación de la condición étnica, es el tejido formativo del kapital el que se postula como articulador de lo social; es esto lo que nos exige una relectura sobre los hechos políticos y electorales que permitan —en términos de Sartre— “recrear” los postulados revolucionarios que los nuevos escenarios gatillan. Es importante recuperar a Lenin cuando afirma que la tarea del revolucionario es apuntalar las tendencias más radicales en el seno de la masa. Quizá estemos ante la necesidad perentoria de una configuración más formativa y militante de la estructura partidaria de los Movimientos Sociales que, sin dejar de estructurarse desde sus propias organizaciones, requiera que un dirigente logre mayor formación política de manera que pueda ser el portador de una comprensión más compleja del pasado, del presente y la postulación del futuro deseado y buscado; un dirigente que, además de recoger y ser portador de las expectativas de las bases, sea capaz de esclarecer sus dudas y organizar la postulación de sus conquistas.

Es evidente que toda lectura de la realidad es un intento de aproximarse a hacerla aprehensiva para actuar sobre ella. Esta hipótesis es un intento de aproximación, entre los muchos que existen, y también propone tareas a emprender. Nuevos escenarios, nuevas tareas, siempre apuntalando las más radicales para no dejar de recrear los despliegues del proceso de cambio de raíces profundamente izquierdistas de raigambre indígena.

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