diciembre 4, 2020

Elecciones subnacionales. Candidatos de consenso está bien… pero ¿y programa?

Avanzar para profundizar, profundizar para avanzar. Es más que un simple juego de palabras. La idea subyacente es que para que el proceso de cambio y la Revolución Democrática y Cultural avancen y se profundicen, es vital que se mantengan en movimiento, activas, que no se anquilosen, osifiquen o detengan.

Que significaría detenerse? Pensar que ya llegamos a un punto en que es preciso pasar del movimiento transformador hacia la estabilidad. Pensar que se concluyó el programa de transformaciones revolucionarias. Imaginar que hemos cerrado las brechas sociales y ahora nos toca armonizar con el conjunto de la sociedad bajo el supuesto que las revoluciones deben satisfacer a toda la sociedad. Significa empezar a diseñar “un nuevo status quo” y defenderlo.

Cuando puede ocurrir esto? Cuando se pierdan los contornos y la esencia de la palabra revolución. El asunto de fondo es saber de qué revolución estamos hablando.

Desde una posición revolucionaria denominada científica acuñada desde el marxismo, podemos afirmar que el concepto de revolución implica transformar las relaciones políticas, el ordenamiento jurídico constitucional y la esfera socio-económica: implica democracia y poder popular, supone la dominación del bloque social revolucionario, sobre el bloque de poder desplazado, implica la fundación de las bases estructurales materiales e ideológicas de la sociedad socialista

Más allá de la definición propuesta, la América Latina del siglo XX y su acción política han devaluado el uso de dicho concepto. Fue permanente en su historia política denominar revolución a simples golpes de estado, a procesos de restauración del orden, a procesos de modernización de las estructuras al interior del mismo régimen, a cambios formales de apariencia pero no de fondo y un sin número de etcéteras similares. De alguna manera, se mestizaron los conceptos de reforma y revolución.

Cuando pensamos en la Revolución Democrática y Cultural, nuestro pensamiento nos conduce a una palabra riquísima en contenido, que fue desapareciendo del escenario discursivo en el último periodo: Kuti. Esta palabra significa volcar, sacar de adentro afuera, darle la vuelta a algo, retornar para iniciar un nuevo ciclo, una nueva vida. Y eso queremos: volcar la sociedad.

Lejos de los falsos debates que busquen etiquetar las ideas en torno a acusaciones pachamamistas o estructural funcionalistas, el desafío es encontrar en nuestra propia historia y culturas las categorías que permitan explicar el fondo, contenido y forma de la revolución que se está proyectando.

Por la afirmativa nuestra Revolución se ha caracterizado como anticapitalista, anticolonial y antiimperialista. A partir de ello, recuperamos el concepto Kuti y lo hacemos dialogar con los fines del socialismo científico y encontramos su alta capacidad de complementación por los fines comunes que se proponen.

Queda entonces claro, que ninguna forma de capitalismo puede ser la solución para un país como el nuestro: por eso el socialismo comunitario, como expresión del socialismo particular y con características propias boliviana, es el que da la orientación y propone el fin último de nuestra revolución. Somos anticapitalistas, anticoloniales y antiimperialistas por principio.

Esta orientación ideológica es fundamental para la construcción programática de los candidatos a ser autoridades subnacionales.

Varios legisladores oficialistas electos, no han mencionado para nada el socialismo comunitario. Porque? Importantes discursos, parecerían que han dejado esta orientación. Pero, porque? Quien cambio los guiones y el libreto? Entre quienes discutieron esas nuevas conceptualizaciones?

Mientras no exista una masa crítica verazmente revolucionaria, masiva, organizada en el poder popular, la hipótesis de retroceso podría ir adquiriendo dimensiones nada cómodas para el proceso de cambio: las últimas elecciones de Brasil y Venezuela deberían hacernos pensar que el imperialismo y sus candidatos no están muertos, que las revoluciones que no se profundizan, siempre retroceden, sino recordemos la denominada Revolución del 52 en Bolivia.

Por eso tan importante como la elección de candidatos que representen al bloque social revolucionario, es decir obreros, campesinos, interculturales, intelectuales, mujeres de los cuatro ámbitos señalados, que estos expresen también un programa revolucionario de orden departamental y municipal.

No es posible pensar en un buen candidato sin programa. El programa hace al candidato y el candidato garantiza los objetivos del proceso.

Un programa creador de poder popular en los barrios, las comunidades, los municipios y las propias gobernaciones ha de ser nuestro objetivo para profundizar del proceso de cambio.

Buenos Candidatos! Mejor Programa!

Construyamos el Poder Popular para profundizar el proceso de cambio!


* Fernando Rodríguez Ureña es zoociologo, con maestría en quimeras. Hizo su doctorado en la pluriversidad de Los Sauces en Lian Ma He Nan Lu. Alguna vez fingió como diplomático.

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