diciembre 5, 2020

La relación estatal y el mercado en el capitalismo de Estado

por: Roxana M. Vaca Uriona, Humberto S. Zambrana Calvimonte y Jhonny Suxo Suxo 

Se ha dicho que la industrialización y ampliación del mercado interno en la región se dieron por las guerras mundiales y el periodo que medio entre ellas, cuando se cortó el mercadeo internacional y debió cubrirse la demanda interna de manufacturas y bienes industriales con producción doméstica, que poco tiempo después se promoverían con las políticas y acciones directas estatales bajo el modelo de capitalismo de Estado (MCE), vigente en el caso de Bolivia hasta 1985 pero con un contenido y alcance muy distintos a las del Estado Plurinacional, hoy por hoy.

Aquello es más cierto para México, Argentina, Brasil y otros países de la región en menor escala; [1] no para Bolivia cuya industrialización fue relativamente incipiente. Cual paradoja como contribución al esfuerzo bélico se exportó estaño a EE.UU. a un precio por debajo de sus costos de producción; finalizada la II g.m. éste país constituyó el “buffer stock” que contuvo el precio del “metal del diablo” en las siguientes décadas, aunque su producción exportable y de otra producción minera llegaba en promedio anual a más de 67% del PIB.

No obstante la industrialización y ampliación del mercado interno se encararon también en el país, entonces como resultado del levantamiento y la movilización popular de 1952 que el MNR concebía como un simple golpe de Estado, pero “convertido merced a la acción espontanea de las masas en una insurrección popular” que derruyó al “Estado oligárquico minero feudal”, dicho por Zabaleta al tiempo que aclara que no existió “feudalismo”, sino “formas pre-capitalistas combinadas de modo sui generis por debajo del capitalismo dependiente y al servicio de él”. [2]

Espontánea pero enraizada en la guerra indígena-campesina por la tierra y el territorio, anticolonial, reivindicada en el socialismo comunitario. Librada también por los mineros que en la Tesis socialista de Pulacayo (1946) se plantean vanguardia de los trabajadores y del movimiento popular. No obstante el MNR se mostró como el “partido de la revolución democrática burguesa [aun reclutando] …a la inmensa mayoría del país”; [3] con su gobierno se enrumba a la economía nacional en el MCE aunque desde 1964 se viven gobiernos y dictaduras militares reaccionarias y pro-imperialistas, exceptuando a la UDP y J.J. Torrez, enfrentadas a la resistencia popular e insurgencia revolucionaria.

Cabe notar que éste modelo pro-desarrollista aun frente a terratenientes y la oligarquía de entonces, no logro atenuar al menos la dependencia del capital transnacional; aunque no puede negarse su importancia en cuanto a la industrialización, ampliación y diversificación sectorial como regional del aparato productivo, generación de mayor poder de compra y protección del mercado interno, formación de clases medias, inversión en infraestructura productiva, planificación y “modernización” de la administración pública”, mejora en cuanto a calidad y cobertura de los servicios sociales, educativos, de salud y vivienda, [4] etc.

El MCE se nutrió del pensamiento keynesiano y de la CEPAL en cuanto a intervención directa del Estado en el mercado y la economía en general; de la social democracia que sería ampliamente promovida al fin de la II g. m. y más temprano que tarde se subsumió al interés de EE.UU. en el contexto de la “guerra fría”, enfocada como una coexistencia pacífica por la URSS. Pero las transformaciones del MCE respondieron a las “influencias económicas, políticas, culturales y otras que o bien partieron de la metrópoli, o surgieron de la estructura metrópoli satélite”, [5] centro periferia, y terminaron siendo funcionales no sólo a la burguesía criolla y a la propia oligarquía, sino y sobre todo a la acumulación del capital a escala planetaria.

El MCE fue también una respuesta a la articulación de la economía primario-exportadora a la demanda de materias primas a través del mercadeo internacional, con los países del centro como proveedores de bienes de capital, insumos industrializados y manufacturas para consumo final, considerando la concepción de CEPAL del “deterioro de los términos del intercambio”; entendemos para el país como la expansión de la minería con tecnología de punta e importada para la extracción, concentración y exportación de los minerales en bruto a grandes fundiciones inglesas, belgas, de EE.UU y Chile, entre otras. [6]

Para CEPAL los “incrementos de productividad derivados de la incorporación del progreso técnico”, atendiendo a la demanda de países industrializados fuente a su vez de la oferta de bienes industrializados en general, no se tradujeron en “reducciones proporcionales” de sus precios, sino que estos “subieron en vez de bajar”, con aumentos “…mayores en la producción industrial” del centro que en la producción primaria periférica. [7]

Así se acentuó la desigualdad entre países pobres y ricos, menos y más industrializados, del sur y norte, en un marco de intercambio desigual con la región que exporta materias primas y la que produce y exporta bienes con alto valor agregado. Siguiendo a Kuusinen [8] esta heterogeneidad estructural se reproduce también adentro, reflejando el “carácter en extremo contradictorio del progreso”; se aplica a diferentes regiones de un mismo país, “donde se genera… un desarrollo comparativamente rápido” de las ciudades y los centros industriales y “por regla general, el atraso y la decadencia de los distritos agrícolas”.

Así continuo la desigualdad entre el “primer mundo” y “tercero”, lo propio dentro del país, entre el campo y la ciudad, el barrio rico y el pobre, con el quiebre estructural del aparato productivo, vertical y horizontal, y de la economía doméstica en general, las limitaciones del mercado interno, de la demanda y el poder de compra internos, aunadas a una alta volatilidad de los precios de la producción exportable e importable, así como del nivel de actividad y empleo en función a los ciclos de la economía mundial con repuntes y crisis, generadores de gran inestabilidad económica.

Siguiendo a la CEPAL el MCE buscó superar dos limitaciones estructurales; la relativa a “los factores de la producción y… la eficacia de su utilización”, destacando los “recursos humanos” sin la capacidad “necesaria para operar procesos productivos de tecnología compleja o encargarse de la gestión de las nuevas actividades industriales”, la poca como vulnerable “diversificación, complementariedad e integración del aparato productivo” y la falta de “infraestructura vial, comunicacional y productiva”, [9] entre otras de tipo productivo. Para superarlas planteó entre varias medidas, la generación de economías de escala y la sustitución progresiva de las importaciones.

Las otras: estrechez del mercado interno y el bajo poder de compra. Estas responden al carácter de la burguesía criolla siempre en procura de la mayor ganancia, aún a costa de sobre-explotar a la fuerza de trabajo, depredar los “recursos naturales” que amenaza toda forma de vida a escala planetaria, a su ligereza por gozar de sobre-protección arancelaria, de exenciones tributarias, subvenciones, financiamiento barato y fácil, tipo de cambio preferencial y de políticas de sobre-apreciación continua de la divisa y devaluación de la moneda nacional, lobbysmo y condición de clase “ilustrada”, privilegiada, etc. etc.

Ello resultó del nacimiento dependiente de nuestros países y de su carácter colonial aún como repúblicas, que se mantuvo en el tiempo con las clases dominantes acomodadas a ello funcionalizando subsidiariamente el interés de las metrópolis, asumiendo una suerte de rentismo parasitario cual socias menores del capital transnacional, con nula vocación y escasos recursos productivos para lograr siquiera un capitalismo nacional mediocre. Para que haya “desarrollo” en la modernidad y el pensamiento colonial-colonizado debe haber “subdesarrollo”; ambos polos intercondicionados de la misma estructura.

Ya Ricardo autor de la escuela económica clásica del siglo XIX, planteo la teoría de “las ventajas comparativas” en el comercio internacional, justificando la división internacional del trabajo centro-periferia, reformulada por Porter a fines del s. XX como de “las ventajas competitivas” en el mercado internacional, nacional o local, base entre otras, del modelo neoliberal que en 1985 sustituye al MCE y acentúa la primarización pro-exportadora de la economía, a tiempo de des-industrializarla en un sentido nacional y soberano. En tanto en el norte sigue monopolizando la tecnología, financiariza especulativamente y se trata de controlar “recursos naturales”, la producción y el mercado interno con vocación y función siempre hegemónicas.

Finalmente cabe entender que en la CPE se plantean como tareas la industrialización, pero “para superar la dependencia… y lograr una economía de base productiva, en el marco del desarrollo sostenible, en armonía con la naturaleza”, y políticas que siendo o no de tipo comercial garanticen que la oferta de los bienes y servicios sea suficiente “para cubrir de forma adecuada las necesidades básicas internas…” [10]


* Sub-colectivo del Grupo de Economía Política Crítica

1 Para ampliar el tema ver “El capitalismo dependiente Latinoamericano”. Vania Bambirra. Ed. Siglo XXI.

2 René Zabaleta Mercado. “El Poder Dual”. Editorial Los Amigos del Libro, 1987, pp. 94 y 95.

3 Ibid, pp. 97

4 Osvaldo Sunkel y Pedro Paz. “El subdesarrollo Latinoamericano y la Teoría del Desarrollo”. Ed. Siglo XXI, 17ava. Edición, pp.34.

5 André Gunder Frank. “Capitalismo y Subdesarrollo…”. Segunda edición, abril de 1968; pp.26.

6 Aún con la nacionalizaron las minas y el control del excedente de la producción exportable, la “Patiño Mines” y el capital transnacional mantuvieron propiedad y control de la fundición en el exterior. Al MNR y peor a los sucesivos gobiernos les fue posible y/o interesó desarrollar la fundición y procesos de industrialización aún más complejos de los minerales.

7 Octavio Rodríguez. La Teoría del Subdesarrollo de la CEPAL”. Editorial Siglo XXI; 4ta. Edición, pp. 29.

8 Kuusinen O. W. y Arbatov A. “Fundamentals of Marxism-Leninism”. Foreign Languages Publishing House. Moscú, pp, 247 y 248.

9 Octavio Rodríguez. La Teoría del Subdesarrollo…”. Ed. Siglo XXI; 4ta. Edición, pp. 208.

10 Textual de los artículos 311º 318º de la CPE.

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