noviembre 24, 2020

Noticias: novedad y mercancía

La noticia es como un asesino en serie. Busca dar muerte, estrangular, destripar a otras noticias pues busca ser la última, la que gobierna lo contemporáneo. Pero también es efímera como la belleza, tiene minutos, tiene segundos. En cuanto deja de ser contemporánea deja de ser bella, pasa a ser un recuerdo, deja la actualidad.

Hegel condiciona la modernidad de la siguiente manera: cuando las noticias reemplacen a la religión como guía central o centro de autoridad, esta sociedad será moderna.

Pero, ¿qué tipo de modernidad se encuentra en juego con las noticias?

Todas las mañanas, millones de personas revisan “las noticias”, ya sea para distraerse, para estar al tanto, para tener un tema de conversación, para prever inversiones, para prever el estado de cosas en el campo político, económico, jurídico, o simplemente para tener un retrato ilustrado de lo que sucede en el mundo.

El tiempo es lo que da existencia a algo. No es posible la existencia sin el paso del tiempo. Y las noticias, no son otra cosa que un reporte sobre el tiempo, sobre ese ir aconteciendo, a cada momento.

Uno de los efectos que realizan las noticias es generar lo contemporáneo. La última noticia será sinónima de actualidad, estarse a tiempo. Esto provoca la lucha por la actualidad. Un portal de internet, un periódico, un noticiero sin una renovación constante de noticias es un medio muerto. No puede ser más un medio de noticias. Es un zombie.

La noticia es como un asesino en serie. Busca dar muerte, estrangular, destripar a otras noticias pues busca ser la última, la que gobierna lo contemporáneo.

La noticia es tan efímera como la belleza, tiene minutos, tiene segundos. Una belleza infinita mientras cubre todo el presente. Pero en cuanto deja de ser contemporánea deja de ser bella, pasa a ser un recuerdo, deja la actualidad.

La noticia, entonces, es un bello asesino en serie que impone lo contemporáneo, ese sentimiento de estar actualizado: la última novela, la última teoría filosófica, la última especulación física del universo, el último disco de Pink Floyd, la última muerte de un músico, la última orgía del poder. La noticia puede dar la vida y dar la muerte, como diría Foucault cuando se refiere a la soberanía.

La noticia en este sentido cumple el rol más complejo de “mercancía”. Es una “mercancía” en tanto lo que se busca es poseer la actualidad. Comprar un día tras otro el periódico en busca de la actualidad. Poseer esa actualidad por horas, minutos, segundos, es la condena de la fugacidad de este tipo de mercancía, que lleva inmediatamente a ir en busca del siguiente periódico, del siguiente noticiario. Ir corriendo a la librería en busca de la última novedad, el último modelo, el nuevo par de calzados.

Pero el bello asesino de la actualidad, y por la actualidad, tiene el pecado de ser superficial y estar fuera de tiempo.

Todo en el fondo es superficial. Pero, dado que no hay un fondo, no hay nunca un fin teleológico salvo que demos un guiño a la fe y la religión, de lo que podemos hablar es en si de superficialidades, distintos niveles de superficialidad.

Dado que la noticia debe correr, debe mostrar su agilidad, sólo puede hacerlo al costo de ser sencilla, de ser un slogan, de ser breve, superficial.

Y algo contradictorio, las noticias son siempre noticias de ayer. Noticias de hace unos minutos, noticias de hace unos segundos. La noticia es siempre noticia de algo que acontece antes de que sea noticia. La noticia es siempre una mirada al pasado, un estar fuera del tiempo presente. Esta su contradicción.

Incluso esta hipermodernidad como diría Baudrillard de dar la noticia al mismo tiempo que va sucediendo, es dar una noticia de ayer, de hace algunos segundos. Cuando se televisa el ataque a las dos torres el 11 de septiembre, específicamente cuando se televisa al segundo avión estrellándose, lo que vemos es el encuentro de la cámara con lo real, esto aun no es noticia, es solo un hecho del cual deviene la noticia, y la prueba es clara: los comentadores no saben lo que sucede, no tienen aun la posibilidad de presentar esto como noticia, pues no saben como informar: ¿un accidente, un ataque, un acto terrorista, un desvarío de un grupo de locos, una nueva modalidad de guerra, una falla de los controladores? La noticia que se transmite en vivo y en directo, si esto puede haber, sólo puede ser una regularidad de la cual se está haciendo un reportaje: una marcha tradicional de 1 mayo, un partido de fútbol, un domingo de elecciones donde todos sabemos los ganadores y los perdedores, una manifestación convocada hace días o semanas en la que todos sabemos lo que sucederá, tan novedoso como el i-phone 6. No hay noticias en un partido de futbol que se transmite, ni en el lanzamiento de algo que ya todos lo sabemos, la noticia está siempre fuera del partido de fútbol y fuera de la presentación del teléfono inteligente. Está en el resultado, está en los segundos después que interpreta los hechos, que intenta volver a presentar los hechos explicando algo de los mismos.

El hecho de que la noticia sea siempre aquello que está fuera de tiempo, es la condición de su vida (pues trae la actualidad) y de su muerte, pues está herida de muerte, la noticia sabe que no es actual, aunque gobierne lo actual, lo contemporáneo.

Superficialidad, mercancía y contemporaneidad que se esfuma son algunas de las condiciones de las noticias.

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