noviembre 26, 2020

Rubén Sánchez Valdivia: Comandante del Ejército del Pueblo

Lo que no pudo el imperialismo y su entrañable odio a quienes lo combaten, finalmente pudo el tiempo. A sus 89 años y de manera silenciosa como fue su militancia revolucionaria en el ELN, Jesús o Poncho Negro (nombres de guerra con que lo conocimos), nos dejó, pero su ejemplo quedará en la memoria de hombres y mujeres que como él pusieron su vida, sus cuerpos y sus almas al servicio de la liberación del pueblo y la revolución socialista.

Su vida militar, no se inició como en la mayoría de los casos en el Colegio Militar Gualberto Villarroel, sino que primero se formó como sub-oficial, en la Escuela de Sargentos Maximiliano Paredes. Una vez ocurrida la Revolución de Abril de 1952, cuando el Ejército de casta fue destruido militarmente por los mineros y ex combatientes del Chaco, Rubén Sánchez fue asimilado a las nuevas Fuerzas Armadas que se reorganizaron el año 1957.

Sub oficial comprometido con su pueblo fue reconocido por los oficiales de aquella época, que querían transformar las Fuerzas Armadas, pero que terminaron sucumbiendo ante el poder del imperialismo, hecho que se constató el 4 de noviembre de 1964, a partir del golpe dirigido por el Gral. Barrientos y digitado por la Embajada Norteamericana: fue la denominada Revolución Restauradora, que derrocó a Víctor Paz Estenssoro, quien se estaba proponiendo un tercer mandato constitucional.

Su vida ya como oficial transcurrió en la cotidianidad hasta que el destino le deparó un episodio que más que transformarlo, afirmó en él sus convicciones de lo que debe ser un Ejército al servicio de su pueblo, de lo que debe ser la moral militar y de la necesaria comprensión de que el análisis político, ha de definir la actuación militar.

El escenario son las guerrillas de Ñacahuazú, comandadas por el Comandante de América, Ernesto Che Guevara.

El día 10 de abril de 1967, a 17 días de haberse producido el primer combate victorioso del Ejército de Liberación Nacional, el My. Rubén Sánchez, después del combate de Iripiti, decide ir a rescatar a los soldados prisioneros. Su patrulla de rescate es sorprendida y él es tomado preso por Coco Peredo junto a sus soldados. Pensó que allí mismo serían fusilados.

El Inti le aclaró que eso no ocurriría, que curarían a sus heridos de acuerdo a sus posibilidades, explicándole además el sentido y objetivo de su lucha para después liberarlo.

Para el My. Rubén Sánchez, la conducta demostrada y la explicación otorgada confirmaron en su conciencia cual era el tipo de Ejército que está al servicio de su pueblo. Secretamente se comprometió a llevar el Parte Militar No. 1 y hacerlo difundir en periódicos y radios de Cochabamba, cosa que ciertamente cumplió para desatar la ira de Barrientos y perseguir a los periodistas que lo hicieron.

Antes y en el proceso de la guerrilla de Teoponte, participó en parte de sus operaciones, como testimonia Chato Peredo. Le fueron encargadas tareas que supo cumplir y bien.

Durante el gobierno del denominado General del Pueblo, Juan José Torres, una de sus primeras misiones fue rescatar a Regis Debray de la prisión de Camiri y después fue designado como comandante del Regimiento Escolta Presidencial, Colorados de Bolivia. En esa condición fue un leal defensor y colaborador del gobierno del Gral. Torres.

Producido el golpe de Estado comandado por Banzer el 21 de agosto de 1971, en horas de la tarde, el Comando Militar del Pueblo, estructurado por el ELN y la Vanguardia Militar del Pueblo, (formada militares leales a Torres) desplegaron su plan de defensa militar del proceso.

Se apostan en las villas de la ladera este de La Paz y en Laikakota para controlar desde allí al Estado Mayor. Se repartieron sólo 400 armas entre metralletas y fusiles, Mauser, SIG y FAL, para unas 8000 personas que se agruparon desde las 13 horas en la Plaza del Estadium Hernando Siles, a convocatoria de la Asamblea Popular.

Mientras se encuentra en pleno ataque a los golpistas, su hijo mayor es alcanzado por el disparo de un francotirador, siendo herido mortalmente en el patio de su casa, para fallecer luego.

Con Banzer en el gobierno, en el exilio, sigue cercano políticamente a Torres, quien estructuró la Alianza de Izquierda Nacional (ALIN), pero también se acerca de una manera más directa al ELN, donde inicialmente actuaba como colaborador.

Cuando en diciembre de 1974 el ELN decide formar el Partido Revolucionario de los Trabajadores de Bolivia (PRT-B), para trabajar más abiertamente con las bases populares pero sin negar la opción militar encarnada en el ELN, Jesús es enviado como delegado de Bolivia a la Junta de Coordinación Revolucionaria (JCR) donde tiene una relación muy intensa con Mario Roberto Santucho del PRTA-ERP, Edgardo Enríquez del MIR Chileno y Raúl Sendic del MLN – Tupamaros del Uruguay. Es decir, Rubén, Jesús o Poncho Negro, fue parte del organismo político-militar del Cono Sur más temido por el imperialismo norteamericano al punto de haber forjado en las dictaduras de la región, la necesidad de articular el MERCOSUR de la muerte, bajo el nombre de Plan Cóndor.

Pese a la sañuda persecución a los militantes revolucionarios que hizo el Plan Cóndor, pese a los que miles desaparecieron, murieron o fueron torturados, Jesús nunca cayó preso y al contrario, fue un sereno impulsor de la organización política-militar de la que había sido uno de sus fundadores.

Durante las dictaduras, fue un activo militante del PRTB-ELN, organizador especialmente de campesinos quechuas, medio en el que lograba moverse como pez en el agua. Su inteligencia, sagacidad y alta capacidad de mimetización, hicieron de él un blanco inalcanzable de las dictaduras y el imperialismo que, como es conocido por los documentos desclasificados de la CIA, tenía una ficha informando sobre él y sus posibles contactos.

Esta breve biografía, sólo señala hitos de la vida revolucionaria de Jesús, pero fue de su vida cotidiana de donde recogemos los ejemplos de vida y consecuencia revolucionaria. Los elenos y elenas recordaremos no sólo su capacidad técnica en lo militar, sino su alta capacidad conspirativa y la enseñanza de sus métodos. A esto, sumada su capacidad de análisis político y su moral y convicción revolucionaria, que sostenía a la organización aún en los momentos más adversos. Nunca dejó de pensar que la victoria es posible y que es un deber del revolucionario lograrla. Su mística revolucionaria, su certeza de una sociedad futura sin pobres ni explotados, una sociedad socialista, es un legado que comprometió y compromete a todos quienes fuimos sus compañeros de organización.

Compañero Jesús: Presente!!! Hasta la Victoria. Siempre!! Victoria o Muerte! Viva Bolivia!

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