diciembre 4, 2020

Colombia y el cese bilateral del fuego

No cabe duda que hay una diferencia muy grande entre negociar la paz en medio de un conflicto armado que hacerlo con un cese bilateral. En el primero, ambas partes se encargan de buscar una salida estructural a la confrontación armada en la mesa política –dentro o fuera de un determinado país-, sin que esto signifique la interrupción de las operaciones militares. En el segundo caso, hay un cese de fuego por un tiempo determinado y las partes se comprometen, salvo que quieran poner en riesgo las negociaciones de paz y merecer el reproche general, a no continuar desplegando su capacidad operativa y militar.

En el caso colombiano, el presidente José Manuel Santos rechazó la propuesta de un cese bilateral que las FARC-EP le hiciera hace más de dos años, cuando se procedía a establecer las reglas de la negociación. Lo saben los garantes de los diálogos: Noruega, Chile, Cuba y Venezuela. El jefe del Estado colombiano sostuvo que los diálogos en La Habana no implicaban un alto a la ofensiva militar contra los grupos guerrilleros y que cualquier operativo no debería impedir su continuación. En buenas cuentas, si hay el reconocimiento de un conflicto, entonces se está admitiendo que el grupo insurgente también podrá seguir desarrollando sus acciones.

Pues bien, la detención de un general y alto miembro de las fuerzas conjuntas responsables de las acciones contrainsurgentes la semana pasada ha provocado algo que, por las reglas de juego fijadas, no tuvo que ocurrir: la suspensión de los diálogos de paz en La Habana. Esto es muy peligroso pues alienta a los grupos más conservadores que hay dentro y fuera del gobierno colombiano a desarrollar sus iniciativas para interrumpir definitivamente las negociaciones y apostar por una salida estrictamente militar que los más sensatos saben que nunca va a poder hacerse realidad.

Por lo demás, es bastante sugerente que el general colombiano se haya desplazado, como Pedro por su casa, en una zona de conflicto sin seguir al pie de la letra los protocolos de seguridad. ¿Fue con la intención que la insurgencia lo retenga (que no es lo mismo que secuestro) para ponerle fuego a la negociación? Esa es una interrogante que el Alto Mando Militar y el gobierno de ese país deben responder.

En todo caso, como ya se ha pronunciado la sociedad civil colombiana, lo que ha ocurrido no solo no debe interrumpir los diálogos de paz sino que hay que dar un paso más audaz: el cese bilateral del fuego, aunque sea por unos meses. Colombia y América Latina lo demandan.

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