diciembre 2, 2020

Los zombis y el proceso de cambio

El actual desarrollo del capitalismo ha generado mecanismos de segunda mediación poderosos que facilitan la hegemonía cultural del capital condensada en la búsqueda cotidiana del goce a través del inagotable camino del consumismo.

El capitalismo que por primera vez en su historia tiene un carácter planetario se reproduce a través de la combinación de sus formas originarias y ampliada, pero también mediante las prácticas sociales cotidianas que cientistas sociales como Itsvan Meszaros denominan mecanismos de segunda mediación.

Estas prácticas sociales, cuyo origen es el predominio de un sistema de creencias, fluyen con una “normalidad” y muchas veces son aceptadas con satisfacción no solo por los que creen en ese tipo de organización de la vida social (el capitalismo), sino por quienes pretender sustituirlo por otro (que en Bolivia sería el socialismo comunitario para el Vivir Bien).

La ilusión colectiva que genera el capitalismo no excluye tampoco a investigadores vinculados al proceso boliviano, incluso que ocupan una alta responsabilidad al manejar unidades de estudio. Hace poco, en un conversatorio organizado por un organismo de cooperación, uno de ellos plantó la tesis de que en Bolivia los grandes centros comerciales son escenarios donde se construye ciudadanía. Es decir, el consumo como la fuente de reconocimiento de tu condición de ciudadano ¡qué tal!

Por si fuera poco, el joven investigador, bastante cercano a las ideas de un intelectual liberal que para más en Estados Unidos que en Bolivia, sintetizó con palabras la ubicación del estrecho alcance de su mirada. Esos centros constructores de ciudadanía serían lugares como el Megacenter. Así que, para escribir en blanco y negro, los movimientos sociales lucharon y abrieron este proceso para terminar, más temprano que tarde, seducidos por los brazos del mercado capitalista.

Pero esa triste presentación, refutada felizmente por otros cientistas bolivianos de mucho prestigio, a quienes difícilmente se les podría identificar como pro masistas, en realidad es un motivo para pensar de manera ampliada el concepto marxistas de enajenación. Pensar un poco en la globalización capitalista de los zombis. Si bien es la esfera de la producción donde se condensa la disputa entre el capital y el trabajo, no menos cierto es que la batalla entre dominación y emancipación se registra en todos los niveles de la vida.

La propia historia de América Latina nos muestra con claridad que la llegada del invasor europeo –que no fue otra que la expansión del mercantilismo como fase previa a la estructuración capitalista-, estuvo signada por el desarrollo de múltiples formas de enajenación: territorial, política, económica, religiosa y social. La colonialidad cambio toda la armazón institucional de los pueblos y las naciones originarias. La república tampoco cambio esas enajenaciones y con un ropaje a veces más moderado más bien profundizó las relaciones de colonialidad. La profundización del saqueo de los recursos naturales, las diversas formas de control del trabajo para alcanzar su esperado plusvalor, la división político-administrativa y la activación de dispositivos para controlar la mente y el espíritu constituyeron un todo enajenante al servicio de ese capitalismo colonial.

En la actual fase de desarrollo histórico del capitalismo, al que desde teóricos marxistas como Lenin o estrategas estadounidenses como Brzezinski le llaman imperialismo, el papel de la hegemonía cultural es fundamental para su reproducción. Para eso dispone de organismos “privados” como señala Gramsci para referirse a lo que después Altuser denominaría con precisión “aparatos ideológicos de Estado”. Estamos hablando de la escuela, la universidad, los medios de comunicación y ahora de las nuevas tecnologías.

Todos estos dispositivos producen ideología y refuerzan en el cerebro de la gente un sistema de creencias que son la mejor garantía para la reproducción cotidiana del capital. El propio Brzezinski sostiene que el imperialismo estadounidense dispone de dos grandes ventajas sobre los otros imperialismos que ha conocido la humanidad: su poderío militar, que le permite intervenir de manera simultánea en varias partes del mundo, y su hegemonía cultural expresada en la necesidad del goce. Con la última, asegura el asesor de Keneddy y Obama, se alimenta no solo el sueño americano sino el deseo de alcanzar los placeres que brinda el capitalismo y la forma occidental de vivir. Entonces, lo que produce el capitalismo, desde el lugar de la producción y reproducción de esa forma de vivir –real o ficticia-, es un hombre y mujeres enajenados; es decir unos zombis.

Ante eso, con mayor razón, surge la necesidad de la construcción –en realidad podríamos decir auto construcción- del sujeto histórico capaz de negar los cantos de sirena de esa ilusión capitalista. El sujeto histórico se constituye en la lucha y en la mayor parte de las veces en períodos largos contra esa forma de morir estando vivos. Por tanto expresa no solo un proyecto alternativo al capitalismo sino que también condensa una nueva subjetividad subversiva. Ese sujeto, como dice el Canciller David Choquehuanca, es capaz de pensar-sentir-hacer las cosas de manera radicalmente distinta a los seres humanos que en el capitalismo han sido reducidos a capital variable.

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