noviembre 26, 2020

Telemaratones ¿negocio o solidaridad?

por: Luis Camilo Romero 

Al celebrase un año más de la Convención de los Derechos del Niño, el próximo 20 de noviembre, volví a sentir un duro golpe en el pecho sintiéndome cómplice pasivo e inconforme por lo que se dice o se hace por nuestros niños y niñas, cada vez que se habla de sus derechos o rememoramos una fecha en honor a ellos.

Días antes desfilaron por mis ojos imágenes de la crueldad de aquel episodio del bebé Alexander, su manipulación mediática y, en paralelo, de una nueva edición de la tele maratón de un canal cochabambino, agitando a todo pulmón, una cruzada en favor de niños que padecen cáncer, hecho noticioso que ahora es motivo de este análisis y reflexión.

Antes de nada, no pongo en duda valores importantes que seguramente se los ha reconocido a los largo de los últimos años como son la solidaridad, la generación de una conciencia y sensibilización de amor al prójimo y por sobretodo, de entrega de los jóvenes que recorren las calles con una sana disposición de cumplir con el objetivo.

La telemaratón o las telemaratones, se crean más desde la perspectiva empresarial, como parte de una estrategia para tratar de ocultar lo que, los gobiernos de turno, no hicieron en el pasado en atención a las demandas más importantes y urgentes para la niñez. Esta actividad data desde 1988 y aun permanece en actividad.

Hoy, dicen por ahí que, es una Fundación que cuenta con un Directorio conformado por el canal ATB de Cochabamba, la Alcaldía Municipal, la gobernación del Departamento, el Arzobispado de Cochabamba, Federación de Empresarios Privados de Cochabamba y personas identificadas con esta cruzada solidaria desde sus inicios.

Se dice también que la selección de los centros u objetivos de sus campañas, se realiza a través de una Convocatoria Pública de instituciones y proyectos legalmente establecidos y respaldados por una personería jurídica.

Sin embargo la actividad pone al desnudo la incapacidad de quienes estuvieron al mando de promover políticas públicas y ejecutarlas en favor de un sector vulnerable en la sociedad y que siempre ha sido postergado, ya que las estadísticas nos muestran mayores índices de niños que viven en las calles, niños trabajadores, o niñez olvidada en centros de guarda, de protección o en centros de salud especial.

Y es que las telemaratones, queramos o no, suplantaron el accionar de las instituciones, organizaciones no gubernamentales, que por estas acciones, dejaron en parte la ejecución de sus planes y proyectos para la niñez, y seguramente redujeron sus presupuestos creyendo que algún día les iba a tocar parte del dinero de esas campañas.

Pero vayamos al fondo del problema que no está en suplantar lo que no se hizo, sino que el mismo hecho de la actividad de cada año, muestra a las claras que, teniendo unos cuantos recursos, le será más fácil a los gobiernos de turno, esperar que llegue el tiempo de la telemaratón para ya no hacer nada.

Lo grave está en lo que a los ojos de la sociedad y de los mismos sujetos, que son los niños, esa actividad se ventila mostrando que lo que se recauda, irá a paliar en algo esa demanda.

Sin embargo, quienes han hecho seguimiento a las diferentes sesiones de las tele maratones se darán cuenta que, muy poco o casi nada se ha logrado al entregar esos recursos a los beneficiarios de cada año, en realidad, y habrá que ser honestos en esto hablando al corazón y la conciencia de los que organizan la pregunta que debieran hacerse es: ¿Del 100% de lo recaudado de esa actividad, llega por lo menos el 50% a sus beneficiarios?

Ahí está el kit de la cuestión y que seguramente llamará la atención de muchos. Cuando se anuncia de los resultados de esa actividad, muestran a la población grandes sumas de dinero como señalando que fue altamente exitosa la campaña, pero que en los hechos, a la hora de hacer efectiva la entrega, no llega ni la mitad de lo recaudado, o sea de un 100% de la exitosa recaudación, llega a los beneficiarios entre un 10 a 15% en el mejor de los casos y, ¿qué de los restantes 90 u 85%?

Esto es lo que llamamos en otras palabras, jugar con la enfermedad de miles de niños y niñas, sus familias e instituciones quienes consideran que la labor realizada ha sido transparente y siempre sujetada al conocimiento de toda la población, porque no es nada ético el “lucrar” con una enfermedad y con el dolor de las familias.

Espero que las telemaratones más que ayudar a despertar nuestra sensibilidad y solidaridad, también conlleve a realizar un acto de renuncia al pago de sus servicios de transmisión, tiempo, de insumos de logística, grupos musicales, transporte y que ese 100% de lo recaudado llegue de manera íntegra a manos de quienes realmente lo necesitan.

Ese acto será un aporte real de los auspiciadores de este tipo de eventos, el día que suceda eso, entonces podremos decir que la finalidad de las telemaratones se cumplieron, caso contrario seguirá siendo nomás un negocio lucrativo en la que se usa a los niños como si fueran una mercancía más.

Es el tiempo de sacudirnos nosotros como sociedad adulta y hacer conciencia con los mismos niños de lo que estamos viviendo, pero de igual forma, hace falta mirar con ojo crítico y con sano propósito, la intencionalidad que conllevan este tipo de actividades que, reitero, nos permita siempre ser en todo transparente y no ocultar otros intereses oscuros.


* Luis Camilo Romero, es comunicador boliviano para América Latina y el Caribe.

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