noviembre 29, 2020

Altisonancia y mudez

A Eduardo Galeano

“Toda la historia de la sociedad humana, hasta la actualidad,

es una historia de luchas de clases.”

K. Marx y F. Engels

La altisonancia

Y si yo me le acercara unos segundos pidiéndole permiso para hacerle unas preguntas y Ud. me dijera: “sí, como no, pregunte lo que quiera”. Y, si entonces yo procedo y le lanzo un torbellino de angustiantes historias que me inquietan, inquiriéndole: ¿sabe que hubo una vez un país cuya sigla era RDA?, ¿ha oído hablar de los juicios de Núremberg?, ¿a que le suena desnazificación?, ¿cuál es el origen de la guerra fría?, ¿por qué a Berlín lo habrán dividido en dos?, ¿qué es el comunismo? Una vez que me haya escuchado, ¿cree Ud., mi amigo, que podremos continuar caminando tranquilamente por la vida en la más completa orfandad de la memoria?

El pasado 9 de noviembre se cumplieron veinticinco años desde que el Muro de Berlín fuera hecho trizas por alemanes y alemanas que albergaban la esperanza de la unificación de su país, quizás poder montar un BMW y, desde luego, ver sólo a una selección alemana jugar en el Mundial.

Pero, con el muro se derrumbaron, también, algunas esquinitas del recuerdo de un país que ya no existe, la República Democrática Alemana.

Olvido para los alemanes y el resto de los pueblos nos recomendaba el capital. Aquel jueves 9 entraban en terapia intensiva las utopías más liberadoras que el ser humano hubiera abrazado jamás y, junto a ello, buena parte de las luchas y conquistas de los trabajadores, durante el corto siglo XX, eran revertidas.

Las murallas

En su fugaz e intensa vida, el antropólogo y etnólogo francés, Pierre Clastres, se dedicó al estudio de las sociedades humanas intentando entender el shock que ha de haber causado a los hombres primitivos el tránsito a formas organizativas más complejas en la época neolítica.

Ciertamente, no hay nada que evidencie que hasta antes de ese periodo, o sea, durante casi 3,5 millones de años, el hombre haya sido un animalito hostil a su semejante, tampoco en el arte rupestre ha quedado testimonio de belicosidad.

Pero, por supuesto, sí es aceptado por la comunidad científica que como efecto del incremento productivo ocurrido hace unos 9 mil años, surgieron el comercio, las actividades agrícolas y ganaderas, los primeros asentamientos urbanos, algunos trabajos artesanales, las leyes, los ejércitos, la propiedad privada, etc. De este modo, aparecerían las clases sociales y, a su lado, el Estado y la guerra, la filosofía del despojo.

Pues bien, para defenderse del saqueo y la ambición de una pandilla de poderosos es que los hombres construyeron las primeras murallas de la historia, las que protegerían a la bíblica ciudad de Jericó y la legendaria Uruk de Gilgamesh.

Por algunos hallazgos arqueológicos sabemos que las murallas de Jericó tenían una altura que superaban los 7 mts.; por su parte, las de Uruk alcanzaban los 15 mts. de altura, extendiéndose, además, por casi 9 kms. a lo largo de la ribera del río Éufrates.

Y, como Ud. sabrá, desde aquella remota época hasta nuestros días se han levantado muchas murallas muros que en la mayoría de los casos son concebidos como último recurso para defenderse de aquellos rufianes que no pueden contentarse sino con sus barrigas llenas y aprovechándose de la riqueza y el trabajo de otros.

Es la lucha de clases que pregonaba el Moro, ¡que alemán tan aguafiestas!

El muro

La mañana del 13 de agosto de 1961 los habitantes del gran Berlín despertaron en una ciudad, literalmente, divida en dos partes, alambrada y con algunos trozos de muros que, en construcción aún, se extendían por casi 45 kms. Pero, ¿quién tomó una decisión de esa naturaleza?, ¿por qué?

Los orígenes de dicha división nos remiten a las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial, cuando el 30 de noviembre de 1944, las autoridades inglesas, estadounidenses y soviéticas acuerdan la ocupación y administración conjunta de la entonces liberada Berlín; para el año siguiente, los franceses, también tendrás voz y voto en los destinos de dicha ciudad.

A menos de un lustro de finalizada la gran guerra ha de comenzar la guerra fría que, durante 45 años, hará debatirse a los pueblos del mundo entre capitalismo o socialismo. No corrió distinta suerte Alemania que, dividida en cuatro partes desde 1945, rápidamente ve constituirse la bizona y trizona en su parte occidental, dando nacimiento en los hechos a la República Federal Alemana (RFA) y, en respuesta, en octubre de 1949, a la República Democrática Alemana (RDA), influenciada por la Unión Soviética.

Berlín sufrió un destino similar y, lejos de constituirse en una ciudad libre, neutral y desmilitarizada –como se acordara en Potsdam en 1944–, se transformó en el epicentro de la guerra fría. Así, su parte oeste, constituida en un enclave en el corazón de la socialista RDA, se convirtió en centro de espionaje, sabotaje, propaganda anticomunista y corredor de mercado negro durante la década del cincuenta. Para enfrentar esta situación el este optó por una decisión polémica y radical: construir un muro que sirviera de frontera de Estado. En esa fecha la gran ciudad comprendía una población 3.300.000 habitantes, de los cuales sólo un tercio vivía en la zona oriental.

En efecto, durante casi tres décadas se erigió un muro que alcanzó a cubrir un perímetro de 155 kms. y costó la vida de 136 personas que intentaron cruzarlo. Y, mientras el oeste se transformó en una ciudad subvencionada por la RFA y el capitalismo occidental, el este –capital de la RDA–, incursionó en un proyecto socialista que logró un bienestar en materia de salud, educación y empleo, bastante significativo.

Son abundantes los datos referidos a la experiencia de la RDA a si como, también, los que reflejan la caída del nivel de vida de los habitantes de los cinco land orientales en estos últimos 25 años, lo que ha propiciado que al menos 2,5 millones de alemanes del este migren por empleo al occidente donde, para colmo, reciben remuneraciones un 30% más bajas a las de sus connacionales del oeste. Igualmente, abundan los datos sobre la discriminación actual a los habitantes de la ex RDA y encuestas que, aunque varían en sus cifras, arrojan un mismo resultado: la mayoría de la población oriental preferiría regresar al socialismo que seguir viviendo en el régimen actual.

Es el núcleo racional que hay que buscar tras romper la cáscara mística de los hechos, apuntaba el amigo de Federico, ¡que alemán tan penetrante!

Las vallas y alambradas

Luego de la caída del Muro de Berlín y el desmerengamiento de la Unión Soviética el mundo fue todo espejismo y farsa. Tras dictar de manera bochornosa y sin vergüenza el acta de defunción del comunismo, los imperialistas y sus tanques pensantes se dieron a la misión de resetearnos la memoria y hacernos repetir como papagayos una catarata de eufemismos: flexibilización laboral, guerras preventivas, política de acuerdos, eficiencia privada, Estado subsidiario, etc.

No pocos de izquierda trastabillaron y aún hoy tienen la dificultad de decir las cosas por su nombre.

Tan fuerte ha sido la artillería–pesada de mentiras de los ricos, en mundo más injusto e inequitativo que el de la era soviética –donde las 85 personas más ricas del mundo tienen ingresos equivalentes a 3.500 millones de habitantes (datos 2014)–, que se oculta insistentemente la existencias de otros muros, aún vigentes, en nuestro continente y el tercer mundo. Muros imperiales que separan a ricos de pobres y que están llamados a exterminar naciones enteras. Pero, claro, son defensivos, al menos eso señalan los yanquis, israelíes y marroquíes.

El primero de estos infames muros en ser construido es el Muro Marroquí (1980), el cual mediante un sistema de muros, vallas y campos minados –fuertemente custodiado por 180 mil efectivos militares– recorre 2.720 kms. a lo largo del desierto del Sahara y tiene por objetivo el enclaustramiento forzoso de la región habitada por la nación saharaui, quedando, de paso, parte de los recursos naturales de este pueblo en manos de aquellos, quienes no reconocen la autodeterminación y existencia de dicha nación.

El segundo muro en ser alzado, a sólo cinco años de derribado el berlinés, es el Muro fronterizo entre EE.UU. y México (1994). Conformado por tres barreras de contención, patrullado por camionetas 4×4, helicópteros y drones, fue edificado en el marco de la Operación Guardián para ¡defenderse! de la inmigración ilegal. En la actualidad tiene una extensión de 1.125 kms. y es resguardado por 21.400 efectivos contratados en empresas privadas de seguridad, pagados con el erario público, y cuyo costo asciende a varias centenas de millones de dólares. En dos décadas se ha cobrado directamente la vida de 10 mil hombres y mujeres que intentan vulnerarlo.

El más reciente muro en ser levantado es el Muro de Israel en Cisjordania (2002), una estructura combinada de hormigón, mallas, alambradas y fosos de hasta cuatro metros de profundidad, que se extiende por 630 kms. y penetra en territorio palestino para fortificar cincuenta asentamientos ilegales que Israel ha dispuesto en tierras que no le pertenecen. Pero, además, sepa Ud. que para transitar dentro de sus propias ciudades los palestinos deben portar documentación y presentarse en uno de los 45 puntos de chequeos israelíes que le dan luz verde para su desplazamiento.

Son muros, vallas y alambradas más indignas e indignantes que el muro ya caído, cobran la vida de miles de personas y su propósito final no es otro que el exterminio del pueblo saharaui, palestino o de los pueblos pobres del sur.

Es la historia que se repite, ahora como farsa, tal cual advirtió el Prometeo de Tréveris, ¡que alemán tan perspicaz!

La mudez

Los ricos y sus medios de comunicación, una vez más, proclamaron a voz en cuello la supuesta inmensa felicidad que significó para la humanidad el fin de los regímenes comunistas. Publicaron revistas seriadas en papel couche y sobraban las fotos –a todo color y a página completa– de jóvenes martillando el muro aquella noche otoñal del 9 de noviembre, y recuerde: ¡con sólo 50 ctvs. extras puede llevar un DVD que le cuenta LA VERDADERA HISTORIA DEL COMUNISMO [con un capítulo especial dedicado a Stalin]!

Por supuesto, el infaltable Mijaíl Gorbachov ofreció conferencias en universidades acerca del nuevo orden en un mundo libre y poco o nada se habló de las calamidades sufridas hasta hoy por los otrora alemanes del este.

Tampoco se habló de los muros que continúan amenazando a poblaciones completas pues todo fue oropeles, festines, farsa y más farsa. Nos obligaron a olvidar nuestra parte de la historia. Pero, ¿por qué será que siguen temiendo a los espectros del pasado?, ¿por qué se empeñan en repetir, una y otra vez, con toda su fuerza una versión de la historia de países que ya no existen?, ¿qué se esconde detrás de esos actos?, ¿habrán sido tan perversos los mal llamados socialismos reales?

Los capitalistas no responden esas interrogantes, nunca han dado ni darán la cara a la verdad y la memoria histórica, pero –como dijo un poeta– ¿será que no acaban de entender que el olvido está cargado de memoria?

Es la tradición de las generaciones muertas la que oprime como pesadilla nuestros cerebros, como lo adelantó el joven Karl, ¡que alemán tan revoltoso!


* Prof. de Historia y Geografía

   entro de Investigaciones Sociales de la Vicepresidencia (CIS)

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