diciembre 3, 2020

10 D: día de los derechos humanos y ojalá pronto de la comunidad y la madre naturaleza

Los derechos humanos fueron, son y serán un territorio en disputa. No quepa duda. Desde que se proclamó la Declaración Universal, a la fecha, han transcurrido 66 años de avances y retrocesos en su realización. 

Su génesis tenía como contexto un momento de dolor generalizado de la humanidad como efecto de la segunda guerra mundial y el holocausto. La necesidad de plantearse un código de ética y conducta a los estados, para que no vuelva a ocurrir una situación similar, fue más fuerte que las objeciones de orden cultural y religioso que estados árabes y orientales, interpusieron en los dos largos años de debate en la comisión presidida por Eleanor Roosvelt. 

La guerra fría fue el escenario donde el mundo bipolar esgrimía diferentes argumentos para privilegiar sus visiones en torno a los derechos humanos: el mundo liberal bregando por las libertades individuales y la protección de la propiedad como mundo ideal y deseable. Por la otra parte, los países de “detrás de la cortina de hierro” con una visión de derechos colectivos, expresados o nominados como derechos de los trabajadores, donde la preeminencia estaba dada en torno a los derechos humanos que hacen posible una vida material digna: trabajo, salud, educación, vivienda. 

El equilibrio de estas dos visiones se expresó en la aprobación de dos Pactos Internacionales, diferentes, pero que protegían los derechos expresados tanto los derechos impulsados por la visión liberal como la colectivista. 

La doctrina dice que son los estados los encargados de su protección, promoción y difusión. Al mismo tiempo sostiene que el estado es la expresión de la sociedad, capaz de violarlos, al hacer un uso inapropiado del poder que administra. 

Más allá de ello, el siglo XXI muestra que esa visión amerita una profunda evaluación y agiornamiento. Hoy, existen empresas transnacionales más poderosas que muchos estados y con capacidad de violar derechos humanos de manera estructural y masiva. Como también surgen organizaciones paramilitares, con mayor poder incluso de los ejércitos de los estados en que aparecen, quienes igualmente, pueden producir violaciones masivas de derechos humanos, no siendo estado. 

El nuevo siglo también muestra a nuevos actores sociales vulnerables en sus derechos, así como aparecen nuevos temas relacionados con los derechos humanos como la erradicación de la pobreza y el derecho al desarrollo, a un medio ambiente sano y ecológicamente equilibrado o relacionados a nuevas problemáticas como la propiedad y uso del espacio radioeléctrico. 

Lejos de estas problemáticas resultados del avance de la humanidad, que crea nuevos derechos humanos y responsabilidades humanas, tenemos estados que producen guerras preventivas “en nombre de los derechos humanos” de la población que dicen proteger, produciendo genocidios y pérdidas irreparables del patrimonio cultural de la humanidad: hablamos de los Estados Unidos de América y su actuación directa o indirecta en pueblos como el iraquí o en acciones militares para proteger la democracia como las ocurridas con los pueblos libio, egipcio y en estos días, pretendiendo hacerlo con el sirio. 

Si bien, el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas fue recientemente creado, tampoco su formación ha resuelto temas de fondo en las relaciones de poder al interior del sistema. 

Este es un tiempo que amerita hacer una evaluación más profunda y el Estado Plurinacional de Bolivia ha producido una propuesta realmente revolucionaria a su interior. 

Ha planteado dejar de ver los derechos humanos desde una lectura no antropocéntrica, sino más bien proponiendo una nueva figura, no en torno a un eje, sino más bien, creando un triángulo virtuoso, donde sus vértices sean la naturaleza, la comunidad o colectividad y el ser humano. 

El área de este triángulo virtuoso, y bien supremo a proteger sería la vida. Entonces, lo proclamado en la Declaración Universal, tendría un nuevo contenido epocal, pues la vida no estaría referida sólo a los seres humanos, sino a la naturaleza como comunidad de todos los seres vivos, los pueblos y donde se inscriben también los humanos, ya no como, el centro, individual o individualista, sino un componente más de esta nueva relación que amerita a ser protegida por todos los estados del planeta. 

Estamos promoviendo un nuevo concepto de Estado y también un nuevo concepto de los derechos humanos para una nueva época. 

Esa es la apuesta nacional y universal de los bolivianos de este tiempo de cambios y de construcción de socialismo comunitario. 


* Fernando Rodríguez Ureña es zoociologo, con maestría en quimeras. Hizo su doctorado en la pluriversidad de Los Sauces en Lian Ma He Nan Lu. Alguna vez fingió como diplomático. / frodriguezu@yahoo.com

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