diciembre 4, 2020

Ciudadanos made in capitalismo

La ciudadanía no supone sólo el ejercicio de libertades individuales o de acceder al mundo ‘moderno’, sino y ante todo el ejercicio del derecho de libertad de reunión para constituirnos como pueblo, pues en la raíz de la palabra democracia está la noción de pueblo, que no es una reunión de individuos, afirma el autor de la nota.

Lo que más me llamó la atención al llegar a Holanda fue la existencia de tantos espacios de libertad. En unos locales llamados coffe-shops se vende libremente marihuana y otras drogas suaves, en un barrio en Amsterdam llamado Red Light District existe una oferta de servicios sexuales de todo tipo, con el añadido de que las prostitutas se encuentran a vista de los transeúntes en vitrinas. Existen espectáculos de sexo en vivo, asimismo museos dedicados al sexo y las prácticas sado-masoquistas son parte de la oferta. Es decir una praxis de derechos individuales liberales llevados al máximo. Las tiendas de comercio y grandes centros comerciales con todo tipo de ofertas y descuentos, repletos de individuos haciendo compras. Se hace muy poco uso de dinero en efectivo, desde una tienda de barrio hasta la tienda más compleja permiten el pago mediante tarjeta de debito o crédito. El derecho de participación en estos espacios depende de contar con una tarjeta y ello supone contar con una cuenta en algún banco. La gente parece respirar y vivir una plena y completa libertad individual en tanto puedan participar del consumo. El requisito de ciudadanía, parece ser contar con crédito para el consumo. 

Sin embargo, este extremo de derechos liberales tiene un contraste. En los trenes que comunican Amsterdam con Leiden, La Haya, Rotterdam y otras ciudades de Holanda los individuos, o por lo menos la mayoría de ellos, se encuentran ensimismados en sus teléfonos y tabletas. Páginas sociales, facebook, twitter, viber, whats up, facetime y otros, logran que cada vagón se mueva en silencio, sin casi ningún contacto social. La comunicación por dispositivos móviles también está carente de mirada, pues la disposición de las cámaras en los dispositivos se encuentran distantes de la pantalla, por ello dos personas que se comunican por facetime, por dar un ejemplo, nunca se miran a los ojos. En el aeropuerto de Schiphol (Amsterdam) ya no hay seres humanos que den el pase a bordo o que reciban a uno la maleta, todas son máquinas. La lengua franca es el inglés, pese a que el idioma oficial de Holanda es el holandés. 

Las pocas manifestaciones públicas que me tocaron presenciar, sobre todo frente a la Embajada de Estados Unidos, eran resguardadas por una gran cantidad de policías. Los manifestantes bastante ordenados en filas casi simétricas y con un solo canto de protesta, anotado cuidadosamente en una hoja de papel. Si la marcha va a transitar algunas calles, hay un comunicado anticipado de la policía a los vecinos que les informan que la siguiente semana se desarrollará una marcha. 

Contraste terrible, por un lado amplio ejercicio de derechos liberales, pero por otro lado un restringido ejercicio de derechos sociales, como el derecho a la marcha, a la huelga o a la manifestación. 

Si bien muchas veces parece que con medios como el facebook y otras páginas sociales se encuentra en crisis la vida privada, porque todo se publica, se registra y se comunica, en las calles, en los lugares públicos sólo asisten individuos privados. Lo que realmente está desapareciendo es el espacio público, que ahora es tratado cada vez más como un espacio privado. Es ampliamente conocido el déficit de participación en elecciones de la gente en Europa, pues como buen ejercicio liberal de derechos el voto no es obligatorio, sino libre. 

Me parece que este amplio ejercicio de derechos liberales es el futuro de las dictaduras y totalitarismos del futuro en el capitalismo. Libertad plena para comprar drogas, para comprar lo que uno quiera, para llevar a cabo todo tipo de perversiones, pero eso si nada de reuniones, nada de movilizaciones, nada de acción colectiva. 

Esto también nos lleva al mito de la democracia made in capitalismo: ¡Mirad que lindas libertades vivimos, que acceso a internet y a la compra y venta de todos los productos que uno quiera, a toda la diversidad sexual y a vivir pegado a una pantalla táctil! ¡Pero eso si no os reunaos! ¡Mira pero no toques! 

Es entonces donde el mito se revela, la democracia supone (o suponía) la participación en el espacio público. La condición es reunirse, deliberar, discutir con el otro y tomar decisiones para la movilización colectiva. Recordemos, en tiempos de la dictadura lo primero que se prohibían eran las reuniones, los mítines, las movilizaciones. Esa era la esencia del toque de queda. Y es que reunirse era una realización política. 

La ciudadanía no supone sólo el ejercicio de libertades individuales o de acceder al mundo ‘moderno’, sino y ante todo el ejercicio del derecho de libertad de reunión para constituirnos como pueblo, pues en la raíz de la palabra democracia está la noción de pueblo, que no es una reunión de individuos, eso puede suceder en un avión, en un barco, y ello no vuelve a ese conglomerado humano un pueblo. 

Los que si se reúnen y se movilizan colectivamente, sarcásticamente no acceden al derecho a la ciudadanía. Me refiero a los migrantes, muchos de ellos ilegales e indocumentados.

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