noviembre 24, 2020

El turno del ofendido

“Somos prehistoria que tendrá el futuro.

Somos los anales remotos del hombre.

Estos años son el pasado del cielo.”

Silvio Rodríguez

Con motivo de la preparación de un número especial de fin de año los compañeros del semanario La Época me solicitaron escribir un artículo referido a la integración latinoamericana.

La primera idea que se me vino a la mente fue realizar un modesto homenaje al Libertador Simón Bolívar con motivo del 184 aniversario de su muerte. Pero, le cuento que cuando me detuve a pensar en el caraqueño, de inmediato, como una pesadilla, no pude sino viajar –con mi imaginación– a aquel pequeño cuarto de la hacienda de San Mateo en que pasó sus últimos días, y donde, en su lecho de muerte, le dijo a su fiel asistente José Palacios: “he arado en el mar y he sembrado en el viento.” Semanas antes, como nos relata Gabriel García Márquez, profirió al ayudante: “vámonos [de Bogotá] que aquí ya no nos quiere nadie.”

Recordando esa historia, las desgracias sucedidas a nuestros próceres, los centenarios intentos de emancipación de los muchos y reacción de los pocos, y la particular época liberadora que vivimos en la actualidad, es que he preferido remitirme a un breve repaso por las bicentenarias luchas por la segunda y definitiva independencia de nuestra América.

América patas arriba

América vio la luz patas arriba porque nuestros primeros padres, habitantes originarios de nuestras tierras, la llamaron de muchísimas maneras menos de aquella, por ejemplo, uno de sus nombres iniciales fue: Abya Yala.

Igualmente, como Ud. sabe, y bien perpetuó sus nombres con tinta verde en su Canto general el poeta Pablo Neruda, patas arriba nos pusieron “Los Traidores”, quienes desde tiempos remotos truncaron nuestras ansias libertarias, dictadorzuelos de la talla de Somoza, Batista, Duvalier, Pinochet y Banzer, entre muchísimos otros.

Patas arriba nos puso, también, Inglaterra saqueando nuestros recursos naturales y, más patas arriba aún, nos dejó el imperialismo yanqui que tras la primera guerra mundial se transformó en la potencia hegemónica de estas latitudes, o lo que es lo mismo, en el matón del barrio.

Patas arriba significó la muerte de casi 30 millones de indígenas cuando la llegada de los españoles en 1492, casi 20 millones esclavos africanos arrancados de sus tribus y muertos en altamar o en trabajos forzados en nuestro continente, patas arriba torturó, ejecutó e hizo desaparecer a decenas de cientos de miles de hermanos con el Plan Cóndor.

Por eso, ¡a patas arriba contracorriente de los patas abajo!

América patas abajo

Son numerosos los hombres y mujeres que a lo largo de cinco siglos se han dado a la tarea de poner a Américapatas abajo, o por lo menos, patas en tierra. Desde las rebeliones de Hatuey a las de Tupac Amaru y los hermanos Katari, desde los alegatos de Fray Bartolomé de las Casas a las acciones del cura Hidalgo, desde las negras sublevaciones de Louverture y Tiradentes a las patipeladas montoneras de Artigas, desde las interminables luchas de Bolívar y Sucre a la severa disciplina dignificante del doctor Francia, desde la resistencia de Juárez a la de Sandino, desde la dinamita de Villa y Zapata a los liberadores fusiles de Fidel y Che, desde la rebeldía de Chávez a la innata inteligencia de Evo, la historia profunda de nuestro mayúsculo continente ha sido un puro gran grito de guerra en búsqueda de mayor justicia social.

Patas abajo nos han puesto, de manera parcial, quienes nos dieron nuestra primera independencia. Pero, lo más importante, patas abajo, nos ponen hoy los países miembros del ALBA.

Patas abajo es la operación milagro que ha vuelto la visión a casi 3 millones de pobres pertenecientes a 35 naciones distintas, pero, patas abajo es, además, decirle a los otrora analfabetos nicaragüenses, venezolanos y bolivianos: ¡no les pedimos que nos crean, les pedimos que lean!

Patas abajo ha sido abrir la “ventana de escribir y de leer”, y no lo olvide, conocernos, respetarnos y querernos como pueblos.

El turno del ofendido

Un gran ofendido fue el pulgarcito de América, salvadoreño y rebelde poeta–guerrillero, Roque Dalton, que con afilada lengua disparó, a punta de versos, a cuantos quienes se esforzaron y esfuerzan por tenernos patas arriba: “me habéis golpeado azotando la cruel mano en el rostro… me habéis encarcelado aún más con vuestros ojos iracundos… ahora es la hora de mi turno, el turno del ofendido por años silenciosos, a pesar de los gritos… callad, callad, oíd.”

Así, los ofendidos, el domingo pasado, en la ciudad de La Habana, representados en los presidentes de los diez países miembros de la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), se congregaron para celebrar los diez años de existencia de la institución y, de paso, homenajear los veinte años del primer encuentro entre Fidel y Hugo Chávez.

La historia cuenta que recién salido de prisión, en 1994, el ex capitán de ejército, y defensor de ofendidos, Hugo Chávez Frías, fue invitado por la Oficina del Historiador de La Habana Vieja a impartir una conferencia sobre Simón Bolívar, donde el propio Fidel era uno de sus oyentes. Desde aquel día nacía una entrañable amistad entre libera ofendidos, desde aquel día, sin imaginarlo siquiera, el imperialismo ve viendo tambalear su hegemonía en nuestra región.

A diez años de ese primer encuentro de los libera ofendidos nacerá el ALBA, como contrapartida al oscuro convite a que George W. Bush invitaba a los países de América latina a través de su fracasado ALCA. Desde entonces, hemos visto a nuestras telúricas y ofendidas tierras hablar por boca de un indígena como Evo, un mestizo como Chávez, un obrero como Maduro, un sabio como Mujica, un rebelde como Ortega, unos eternos luchadores como Fidel y Raúl, un digno Néstor Kirchner y decenas de miles de movimientos sociales, de todos colores, de indígenas y mestizos, de obreros y estudiantes, de gentes de a pie y pan corriente, de ofendidos que han reclamado su turno.

Por eso, mi amigo, hay que estar atentos y ¡defender a América del peligro!

América en peligro

A mediados de 1862, el chileno Francisco Bilbao, quien acuña el neologismo de América latina, conmovido por la invasión anglo–hispano–francesa a las tierras mexicanas del Benemérito de las Américas, Benito Juárez, desde la capital argentina pluma en ristre lanza su desbordante, apasionado y visionario libro: La América en Peligro (1862).

Aquella perversa intervención europea era comandada por la Francia de Napoleón le Petit (“el pequeño”), como le bautizó burlonamente el célebre escritor Víctor Hugo. Pero el sobrino de Napoleón I – “el corso vil, Bonaparte infame”, como le describiera el cubano José Martí–, también fue diana de las flechas de Karl Marx, quien al principiar su libro: El 18 brumario de Luis Bonaparte (1852), señala, en socarrona prosa: “la historia se repite, como si dijéramos, dos veces, una como tragedia y otra como farsa.”

Pero, fíjese cuánta lucidez la de Bilbao y Marx, en la misma época y con un océano que les separaba, ambos alertan de las peligrosas ambiciones de Francia y, en el caso del chileno, de la necesidad de nuestros pueblos de estar siempre alerta ante cualquier intervención extranjera.

Y, como si el viejo Marx fuera un visionario, hoy la historia se repite como farsa pues, con la creación de la Alianza Pacífico, vuelve la América a estar en peligro. Claro, Estados Unidos y su pandilla (México, Colombia, Perú y Chile) amenazan con truncar los procesos de integración regional que con tanta fuerza, en los últimos diez años, han estrechado los lazos de nuestros pueblos.

Pues bien, lo invito, entonces, a Ud. a recordar los golpes e intentos de golpes de Estado perpetrados contra Venezuela (2002), Bolivia (2008), Ecuador (2010), y los derrocamientos de los gobiernos de Honduras (2009) y Paraguay (2012), todos perpetrados contra gobiernos de izquierdas o progresistas, todos timoneados por Estados Unidos y su democrática pandilla. ¡América está en peligro!

Unirse, es la palabra del mundo

Contra aquel peligro, azuzado tras bambalinas por los patas arriba, y en calidad de clandestino en Bolivia, el Che Guevara, legendario líder de los patas abajo publicó en la revista Tricontinental un mensajito que nos sigue halando las orejas y que hoy es pertinente y urgente recordar: “Y si todos fuéramos capaces de unirnos, para que nuestros golpes fueran más sólidos y certeros, para que la ayuda de todo tipo a los pueblos en lucha fuera aún mas efectiva, ¡qué grande sería el futuro, y qué cercano!”

Desde la muerte del comandante Hugo Chávez, el imperialismo yanqui –“a quienes no hay que creerles ni un tantito” – ha lanzado una ofensiva contra nuestros patas abajo pueblos que, además, por la falta de celeridad y profundización de nuestros procesos de cambios parecieran que nos hacen ver que en algún momento podemos trastabillar. Ya el Che lo dijo: “o revolución socialista o caricatura de revolución.” Inclusive, muchísimo tiempo antes un joven revolucionario patas abajo francés, en el patíbulo, sacaba conclusiones de sus vacilaciones y las de sus huestes: “quien hace revoluciones a medias, cava su propia tumba.”

¡A unirnos en los pueblos el año que viene!, ¡a tomar atajos en la historia!

En fin, amigos. A cuidarse y que pasen lindas fiestas.


* Profesor de Historia y Geografía

catalejo.laepoca@gmail.com

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