diciembre 4, 2020

Coyunturas económicas en depresión, procesos de cambio en construcción y profundización

Está de moda entre los analistas, opina-dores y organismos internacionales referirse a lo que pasará, en materia económica, durante el 2015. Estas opiniones se resumen en insinuaciones o advertencias para que los gabinetes económicos de los gobiernos realicen ajuste a la mengua de sus proyecciones de crecimiento, debido a la baja del precio del petróleo. Algunos de estos analistas, con más soberbia que otros, afirman que es el fin de la bonanza para los países de la región, sobre todo para Bolivia, que ellos lo advirtieron y el gobierno no les hizo caso. Por su parte las instituciones internacionales como, CEPAL, BM, FMI, se dedican al cálculo de proyecciones hasta el 2017. Admirable “capacidad de predecir y advertir”, con sus recomendaciones, el apocalipsis económico que sus esferas de cristal les sugirieren. Esferas mágicas de múltiples colores, cada color “un supuesto”.

Por ejemplo, el BM (Banco Mundial) predice el crecimiento de la economía boliviana como sigue: 4,5% el 2015; 4,3% el 2016 y; 4% el 2017. Como sea que, los funcionarios de estos organismos internacionales no son, ni serán expertos en ciencias ocultas de adivinación; sus proyecciones los realizan en base a supuestos y construcción de escenarios con grados de probabilidad desconocidos. Detrás de este tipo de trabajos publicados hay intencionalidades que conminan a muchas interrogantes, como:

¿Cuáles son los objetivos de este esfuerzo por calcular tasas de crecimiento a tres o dos años? ¿Quieren mostrar su gran tecnología predictiva llena de supuestos? ¿Se proponen asustar a los gobiernos para que vuelvan al redil de la obediencia ciega a sus recomendaciones? ¿Es una competencia de pitonisas de malagüero? ¿Mientras más malagüero, más científico?

Científicos, economistas, sociólogos, politólogos, pensadores del corto plazo, coyunturalistas. Creen conocer la realidad y aconsejan no cambiarla, no creen en la capacidad del poder popular y su proyecto político, piensan que ellos debían seguir en el poder, como lo estuvieron durante los gobiernos neoliberales, ciervos de los organismos internacionales.

Lamentablemente en estos oficios científicos y tecnócratas son caballos cocheros, encarcelados en su formación. No tienen la capacidad de visualizar totalidades, ni siquiera en su propia disciplina. Por ejemplo, si los economistas pudiésemos visualizar desde la economía política crítica los motivos por los cuales se manipula el precio del petróleo, comprenderían que en el fondo de esta manipulación de mercados, se encuentra el objetivo de darle al capital un respiro temporal para que recupere la ganancia y el proceso de acumulación, que se retomen los procesos de concentración y centralización del capital, recuperando la hegemonía de los países desarrollados en detrimento de los países emergentes y los periféricos.

Otro de los objetivos de este tipo de opiniones y proyecciones tiene que ver con lograr que los tecnócratas del aparato gubernamental y las consultoras se concentren en el corto plazo y en la especulación comunicacional, con sus cálculos de indicadores convencionales. Para el logro de este objetivo han preparado a sus profesionistas, en las universidades reformadas por ellos en tiempos neoliberales. Profesionales sin ningún sentido crítico y fieles creyentes de lo que dicen y hacen sus gurús de las escuelas anglosajonas. Se ha formado técnicos sin criterio político.

El nivel que necesitamos en nuestros países es el de tecnopolítico, un estrato muy poco desarrollado. En América Latina, nuestras universidades producen economistas ciegos a la política, politólogos ciegos a la economía, que no comprenden ni se inquietan por la incomunicación que existe entre ellos. Consecuentemente no pueden aportar a los procesos políticos que surgen desde el poder popular. Enceguecidos por la democracia y la economía convencional se asustan frente a los problemas que induce la ideología del capitalismo mundializado.

Pensar en las cifras proyectadas de los organismos internacionales y difundida por este tipo de tecnócratas, deprimen el espíritu de los cortoplacistas. Los procesos emprendidos en nuestra región se deben entender como necesidades del devenir histórico de emancipaciones de larga data y desplazamientos revolucionarios para el largo plazo. Entendiendo estos procesos como construcciones de largo plazo pues las proyecciones cortas se convierten en obstáculos a ser superados.

El proceso boliviano es un proyecto de largo plazo y no de resultados coyunturales, expresados en los indicadores convencionales de la economía oficial. En esa trayectoria de obstáculos, acciones y reacciones de sectores internos y externos, se debe retomar la Planificación. Pero no aquella que se impusiera desde organismos de “cooperación” internacional, como la GTZ, que no se adecuaron a la realidad social y política de nuestros países, esa planificación formó tecnócratas que no pudieron resolver los problemas concretos de nuestra sociedad.

En materia de planificación, es necesario comprender las experiencias frustradas del proceso que se impuso con el modelo de la CEPAL en las décadas de mediados del Siglo pasado y retomar la crítica propositiva de la Planificación Estratégica Situacional (PES) de la escuela de Carlos Matos, con las experiencias que se tuvo en países como Ecuador, Venezuela, Cuba, la China.

La Planificación con participación, mencionada en nuestra Constitución Política del Estado, debe ser orientada por esta propuesta y por las experiencias de economías que han retomado en serio esta disciplina y sus instrumentos.

Habrá que vencer muchos obstáculos, entre ellos la falta de “tecnopolíticos” para emprender esta tarea, convertir a esa masa de tecnócratas de nuestro aparato gubernamental en “técnicos políticos”. Acelerar la formación de este nivel para dejar de deprimirnos con las proyeccioncitas de corto plazo y tomar en serio el proceso de largo plazo, un proyecto serio surgido del poder popular y de la voluntad de las organizaciones y movimientos sociales, no desde los organismos internacionales.

Consecuentemente la pregunta incorrecta es: ¿Cómo nos irá el 2015 dado la baja de precios del petróleo? Las preguntas correctas deben ser: ¿Qué hacemos para continuar profundizando nuestro proceso? ¿Cómo vencemos los obstáculos externos que se presentan en las coyunturas?

Retomar la planificación para fortalecer el proceso significa:

• Poner en práctica una visión interactiva, analizando la viabilidad política y económica, inmanente a la planificación, redundando en las consideraciones con todos los actores sociales y políticos involucrados y comprometidos con el proceso.

• La planificación como proceso es útil para la acción de un Gobierno solo en la medida que se transforme en un cálculo que precede y preside las acciones del día a día, es un proceso práctico y no un documento olvidado en los estantes de los ministerios.

• La práctica de la planificación es una combinación graduada de cálculo previsivo y se retroalimenta de simulaciones permanentes respecto al futuro, de cálculos reactivos que se dosifican con la constatación de los problemas que agravan o atenúan la situación, por eso es situacional.

• La creación y permanente preparación de equipos técnico-políticos de alto nivel teórico y buena experiencia práctica estimula el ascenso del nivel de la dirigencia política y de la acción política de sus prácticas y decisiones.

En resumen la propuesta es no deprimirnos con los tontos pronósticos de los tecnócratas de la economía convencional, de corto plazo y de reducida capacidad de análisis. Retomar la planificación desde la versión y experiencia de la Planificación con participación, con las técnicas del PES.

A la pregunta de ¿cómo nos irá? la respuesta es: nos ira como nos propongamos y nos empeñemos en realizar nuestro sueño de ser libres, soberanos y solidarios. Nuestro horizonte está en nuestra Constitución Política y en ese “Otro Mundo es Posible”.


* Docente investigador titular de la UMSA, miembro de la “Red Boliviana de Economía Crítica”

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