noviembre 24, 2020

Desplegando el tapiz del desarrollo: aspectos de la economía boliviana y perspectiva a futuro

En un contexto de post-guerra hacia finales de la década de 1940 surgía la Economía del Desarrollo como un nuevo objeto académico de estudio, el mismo que se institucionalizaría a través de diversos programas gubernamentales de aplicación procedentes sobre todo desde EE.UU. y otros organismos internacionales; ciertamente, la conocida doctrina Truman representaría el inicio de una nueva era en la comprensión y el manejo de los asuntos mundiales, en particular de aquellos que se referían a los “países económicamente menos avanzados”. Desde entonces, la forma usual de confrontar las cuestiones que surgieron alrededor del concepto del desarrollo económico en sus aspectos más profundos, tales como la pobreza y la desigualdad, se hicieron desde una mirada convencional dirigida a adecuar modelos económicos de crecimiento y bienestar para los países “periféricos” o “subdesarrollados” con lineamientos definidos al influjo de esta política económica exterior.

A la posterior expansión de las políticas de liberalización emergentes de este esquema de desarrollo y que predominaron durante varias décadas en los mecanismos internacionales de la economía y política mundial, le seguiría una situación profunda de crisis en la que los mayores cuestionamientos hacia este modelo fueron principalmente sobre el constante déficit fiscal, la fragmentación de los sistemas de protección social y la pérdida de las capacidades productivas en los países periféricos. Este escenario daría lugar a grandes cambios y ciclos de transformación económica y política a fines de la década de los 90’ y principios del siglo XXI, delimitando así nuevos abordajes en la concepción del desarrollo con un giro hacia la búsqueda de un nuevo modelo que se construya no sólo desde otras nociones sino que también surgieran desde un proceso interno, es decir desde una mirada local que partiera de un enfoque inter y multidisciplinario del desarrollo. Precisamente, el desafío esencial propuesto en Bolivia fue cambiar de manera trascendental la mirada tradicional dentro del pensamiento del desarrollo hacia estas nuevas alternativas, siendo que en ello se juegan la autonomía, las bases productivas y la visión del mundo que definen la estructura de una sociedad.

La reivindicación de un programa de desarrollo nacional y alternativo frente a la precedente estrategia de corte “neoliberal” tomaría forma en Bolivia como política de Estado a través de la renovación de la agenda gubernamental del 2006 donde se asumieron grandes compromisos de cambio dirigidos a hallar una alternativa válida a las políticas tradicionales de desarrollo. En la perspectiva del inicio de una nueva gestión gubernamental en el 2015 y tomando en cuenta tiempo transcurrido desde la formulación inicial de estos cambios, cabe preguntarse por los avances en la construcción de condiciones reales para avanzar en esta dirección. En este sentido, los ejes de discusión propuestos en este artículo se plantean desde dos puntos principales: primero, la forma en que se han ido dando los lineamientos de la política de desarrollo económico en Bolivia y segundo, lo que podría denominarse como las cuestiones inconclusas que aún quedan por realizar en la construcción de un modelo alternativo.

Comenzamos entonces por referirnos al direccionamiento central de la política de desarrollo en Bolivia, al respecto es importante mencionar las dos vertientes primordiales que se establecieron dentro del Plan Nacional de Desarrollo desde los ámbitos discursivos gubernamentales y que son precisamente el planteamiento del Vivir Bien y el del Modelo Social Comunitario Productivo, el primero visto más bien como parte de un objetivo ideal del desarrollo y el segundo como un objetivo más operativo perteneciente a la esfera económica y cuyo eje central giró alrededor de lo que vino a llamarse como Economía Plural. Tomando en cuenta ambas vertientes, la función del Estado tendría que haberse dirigido entonces hacia la creación de las condiciones económicas, sociales, políticas y culturales que generen los mecanismos de gestión pública necesarios para lograr este propósito.

Ahora bien, al reconocer a la política económica de desarrollo como política pública de Estado y por tanto, como la forma elemental a través de la cual se llega a operativizar una determinada concepción que se tiene sobre el desarrollo, es importante destacar que en este caso, las políticas públicas más que instrumentos representan el resultado de pugnas entre diferentes actores económicos y políticos; y que responden a un determinado momento coyuntural. En este sentido, el despliegue de una política de desarrollo económico no es un proceso meramente técnico, sino que el Estado debe organizarse de alguna manera para alcanzar un conocimiento profundo sobre los problemas y las estructuras económicas y sociales que deben ser cambiadas a largo o a corto plazo.

Tomando en cuenta lo anteriormente expuesto, observamos que la primera medida más reconocible y en este caso la línea central e inicial dentro de la política gubernamental de desarrollo fue precisamente la asignación del papel primordial del Estado dentro de la planificación económica, el cual se estructuró sobre todo en torno al control estatal de los hidrocarburos y de los demás recursos naturales, los mismos que han constituido la fuente principal en la gran mejoría de los niveles de ingreso y de la amplia capacidad de gasto que se tuvo a lo largo de todo este período.

Precisamente la medida de nacionalización de hidrocarburos, la recuperación de la cadena productiva y la explotación de recursos naturales en general, fue la respuesta de máxima expresión a la demanda coyuntural de la sociedad, esto, significó evidentemente la reconstitución de una cierta autonomía del Estado en tanto fortalecimiento de la base económica a través de la recaudación impositiva. No obstante, si bien hasta acá podría mencionarse la existencia de un avance significativo en una primera instancia en cuanto a la reinstauración y la reapropiación de los excedentes económicos como parte del proyecto de desarrollo nacional, es preciso resaltar a la vez que este lineamiento de la política económica no debe quedarse solamente como una política redistributiva basada en cierta integración al mercado mundial, pues el ahondamiento en este tipo de mecanismos orientados a la exportación de los recursos naturales y la expansión del mercado interno en un contexto de bonanza, hacen que en cierta medida la tarea de diversificación productiva y de la matriz energética no tomen el impulso inicial que tenían a un principio y se ralentice la labor misma de transformación del patrón primario exportador tal como se lo había planteado en el Plan Nacional de Desarrollo.

Llegar a debatir la esencia misma del desarrollo en este punto de reflexión, constituye uno de los retos fundamentales, tomando en cuenta que tanto el discurso del Vivir Bien aunado al de la Economía Plural y Comunitaria están impugnados de cierta forma contra el desarrollismo occidental, por tanto al ver ambos ejes en una dimensión práctica y no como un simple cambio semántico y discursivo, implica asumirlos como parte de una política de gestión pública del desarrollo. Justamente en esta primera parte del artículo, la reflexión va dirigida a divisar de forma preliminar y desde uno de los lineamientos específicos de política económica, la posibilidades de prosperar un proyecto emancipador y la capacidad de cambiar y reinventar las prácticas económicas y sociales más arraigadas.

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