noviembre 29, 2020

Divaguemos sobre el socialismo que queremos

por: El minino

A pesar de lo que hayan expresado algunos titulares de Erbol, Bolivia se ha propuesto como horizonte un proyecto socialista cuyo contenido aún está por definirse. Esto no debería preocuparnos. Ni siquiera los revolucionarios del Granma sabían lo que estaban construyendo cuando se lanzaron a la aventura aquel 25 de noviembre de 1956. Tampoco sabían lo que hacían las grandes masas de campesinos rusos cuando destronaron al Zar Nicolás II. Incluso la Comuna de París fue, de alguna forma, el resultado de la más pura improvisación. Pero seamos honestos, ya llevamos algún tiempo en este proceso de cambio. Ya deberíamos tener alguna idea de lo que estamos buscando… o lo que queremos evitar…

Comencemos señalando lo que no queremos. El presidente dijo que el modelo europeo del socialismo no es deseable para nuestras tierras. Seguramente tiene razón al afirmar aquello. El Ché seguramente hubiera dicho lo mismo. En sus Apuntes Críticos de Economía Política, Guevara advertía cómo la URSS estaba regresando al capitalismo por tener como palanca de su desarrollo a la ley del valor. Un gran exponente del marxismo latinoamericano tal como lo fue Mariátegui dijo alguna vez que la revolución latinoamericana no debía ser “ni calco ni copia, sino creación heroica”, respecto a las experiencias socialistas europeas. Sí, Evo Morales podría tener razón.

Sobran razones, por otro lado, para no ser nostálgicos. La Unión Soviética tuvo una historia heroica. No sólo resistió y creció a pesar del acoso imperialista en condiciones excepcionalmente difíciles, también derrotó a los nazis y puso un freno, aunque sea momentáneo, a las pretensiones imperiales de los Estados Unidos. No obstante, esta historia también tiene su lado oscuro y se puede decir que su caída fue el resultado de varios errores que van más allá del “pecado original” señalado por el Che (aquello respecto a la ley del valor como palanca de su política económica). Además fue un Estado sumamente represivo cuyos campos de concentración partieron aguas en la opinión de la izquierda mundial. “Criticamos los campos de concentración nazis, también debemos criticar los soviéticos”, dijo Camus en 1964, reprochando indirectamente a Sartre, que no los condenaba.

Finalmente, la URSS terminó transformando el concepto de dictadura del proletariado de Marx en un régimen burocrático que se parecía más a la dictadura de un partido, y durante algún tiempo, de un hombre. CONCLUSIÓN 1: El socialismo boliviano debe evitar las trampas y los errores del extinto “socialismo real”, las del burocratismo, el economicismo y el autoritarismo.

Ahora hablemos sobre lo que queremos. Volviendo al Ché, reducir al ser humano a una simple criatura económica (como lo hizo el materialismo vulgar que de hecho aún se enseña en algunas aulas universitarias) tuvo consecuencias devastadoras para la experiencia soviética. El ser humano es algo más que materia e instintos, es también espíritu, es cerebro, es ideas, es cultura, es arte. El componente moral del socialismo boliviano no debe ser nunca olvidado. “ama sua, ama llulla, ama quella”.

Recordemos, una vez más, estas palabras del guerrillero heroico: “El socialismo económico sin moral comunista no me interesa. Luchamos contra la miseria, pero al mismo tiempo luchamos contra la alienación. Uno de los objetivos fundamentales del marxismo es hacer desaparecer el interés, el factor de interés individual y de lucro como motivación psicológica. Marx se preocupaba tanto del hecho económico como de su repercusión sobre el espíritu y del resultado definitivo de esta repercusión: el hecho de conciencia. Por lo tanto, si el comunismo no se preocupa del hecho de conciencia, se convierte en un método de distribución, pero no será nunca una moral revolucionaria”.

CONCLUSIÓN 2: Debe haber una moral revolucionaria. No olvidemos que en su Crítica del Programa de Gotha, Marx felicitaba la decisión de los revolucionarios de la Comuna de París de reducir el sueldo de los legisladores al mismo nivel de el de un obrero, neutralizando (si, así de simple) la ley del valor. Por supuesto, dejamos esta opción a la discreción de nuestros asambleístas…

Lo más cercano que tenemos como punto de referencia sobre un ideal socialista es la revolución cubana. A pesar de todos sus defectos (muchos de ellos resultado del embargo gringo, otros responsabilidad de su clase política), esta revolución logró asegurar educación, salud, cultura y necesidades básicas a la totalidad de su población. No es casual ni es mentira que Cuba haya tenido desde hace mucho la tasa de mortalidad infantil más baja de toda Latinoamérica ni que sus científicos sean referencia mundial.

Y Bolivia puede hacer eso: aunque las ganancias del gas vayan a reducirse con el tiempo, todos sabemos, gracias a Zavaleta, que la cuestión del excedente económico siempre fue más un fetiche que otra cosa. El mérito del proceso de cambio no es producir más gas, sino distribuir más justamente los ingresos por la venta de este recurso natural. Con ello, nuestro Estado podría socializar (en el verdadero sentido de la palabra) la educación y la salud.

CONCLUSIÓN 3: Lo que haya, mucho o poco, debe ser compartido y debe llegar, sobre todo, a los que no tienen. En Bolivia el tema ya está muy bien estudiado. El modelo fiscal de nuestra descentralización distribuye la riqueza en base a criterios demográficos, cuando debería hacerlo en base a criterios de pobreza, de necesidad. Y aquí viene un par de palabras que no serán del agrado de muchos: pacto fiscal…

Finalmente, muchos consideran que el capitalismo fue posible por el descubrimiento de América y el saqueo de sus riquezas. Marx cuenta que el capitalismo vino al mundo bañado en sangre y barro: acumulación originaria, él la llamaba, y acá en Bolivia esta acumulación originaria tuvo una relación directa con el colonialismo y el racismo. Pero además, con la devastación del medio ambiente.

CONCLUSION 4: Nuestro socialismo será emancipador, descolonizante y respetuoso con la naturaleza. La defensa de la madre tierra debe ir trasladándose cada vez más del campo discursivo al campo de los hechos. Se trata de uno de los elementos más genuinos e inspiradores que pudo haber desarrollado la filosofía del vivir bien.

Cerremos con Galeano: “Porque nada hay menos foráneo que el socialismo en estas tierras. Foráneo es, en cambio, el capitalismo: como la viruela, como la gripe, vino de afuera”.

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