noviembre 23, 2020

Unicornio publica libro

por: María Sánchez

Si tuviera que definir con una palabra el reciente trabajo de Franco Sampietro, “Memorias de un unicornio”, sería sin duda la palabra anómalo (como ya lo prefigura su título). Anómalo por el tema, por el tratamiento e incluso por el código elegido: entre la ficción y la autobiografía, y ello como una suerte de excusa para -desde una supuesta ficción casi fantástica- pasar revista a la decadencia de un mundo que se ha vuelto invivible.

Ya desde el prólogo plantea una posibilidad estética singular, en la que la realidad ni está por debajo ni supera a la ficción; un ángulo donde la invención es verista y la realidad se cuenta desde la ficción. Por eso resulta cuestionadora: porque tiene que ver con el tiempo en que vivimos y con este contexto donde todo es mentira y en el que cada uno sale a la calle pero no sabe si regresa ni en qué estado.

Por otra parte, hablar de los valores negativos que rebalsa esta novela, es hablar de la naturaleza humana más que del sistema político vigente: poder, hipocresía, dinero, ostentación, farsa democrática, racismo… como en Faulkner, como en Mutis, son las debilidades carnales las que determinan el camino. Siempre, detrás de cada acción con una dirección aparente, se descubre una mentira agazapada.

Trabajado desde la desolación, desde la pesadilla, ahí están a la vista las injusticias brutales del siglo XXI: desempleo, mendicidad, rapiña urbana, cinismo extremo, nuevas corrientes migratorias (y sus correlativas xenofobias), formas sui géneris de represión y embrutecimiento, corrupción y guerras cada vez más psicópatas. Es como si Sampietro no hubiera inventado ninguna realidad en su artificio, sino describir e interpretar la propia. Por supuesto, esto lo hacían los libros de los viejos maestros del realismo social; pero aquí ya no hay solamente descripciones de las injusticias ni mucho menos propuestas ideológicas, sino que sus “memorias” trabajan en clave paródica o existencialista: a nivel de sobreviviente. Nos muestra la cara del espejo que el pudor o el temor o el cinismo procuran que no veamos.

Para ello utiliza como argumento de superficie el microcosmos de los viajeros/artesanos/vagabundos/buscavidas que se mueven desde la venta ambulante callejera (que el autor practicó durante años), y desde allí es que visita en el relato unos quince países distintos, tan disímiles como Bolivia, Colombia, Marruecos, Bulgaria, España, Birmania, Senegal o Dinamarca; los que vistos con amplitud, funcionan como lugares/fetiche con su carga simbólica específica. Es a partir de esa holgura de calles recorridas y personajes topados que describe la invariable idiosincrasia humana, con independencia de que se trate de una ciudad ultramoderna del centro de Europa o de un pueblo remoto y perdido de la India, con una crudeza y percepción de la psicología humana que por momentos aterra.

Desde un molde donde cuajan la narración, el ensayo y la poesía (a veces, los tres a un tiempo) (como hacedor de relatos, su condición de ensayista se percibe en la limpidez del análisis; su vena poeta, en la tersura de la prosa), en su texto cabe casi todo (hasta una crítica sobre el lado snob: “su costado careta” del gran Cortázar), pero es como si todo ello fuera fagocitado por lo novelístico. Además, es tan ácido, que parece que escribiera con un guante de boxeo, y ese disgusto sobre la comedia humana aparenta alcanzar los estratos más bajos cuando habla justamente de su propio país, Argentina (“un país que tiene lo peor de Europa y lo peor de América Latina juntos”). Hay mucho de testimonial, pero visto desde un filtro extrañamente original, donde alternan el pintoresquismo, la observación antropológica, el análisis social, el dato de vida y la referencia imaginaria; todo ello fluyendo desde una prosa ágil, musical, de trote suave.

En cuanto a sus historias –que no tienen desperdicio- hay una particularmente interesante para Bolivia, y es aquella donde cuenta cómo en Tarija, en el año 2.003, fue expulsado ilegalmente del país por criticar una serie de artículos racistas contra los collas. Puede cotejarse allí una situación esperpéntica -de documento histórico-, donde el vocabulario utilizado por la elite de notables tarijeños es similar al de los conquistadores españoles en su descripción de los habitantes del Nuevo Mundo …pero hace apenas doce años.

Este libro, en fin, va a contramano de lo recomendado como propuesta social, teórica o de estilo de vida. No cree en la civilización actual y nos dice que seguir lo establecido es hundirse en el fracaso, ya que el sistema al uso está pensado para jodernos la vida: “para que el pez más grande se coma al más pequeño”. “Lo negro” en las sociedades contemporánea –nos dice el autor- ya no es un género, sino un costumbrismo.

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