noviembre 26, 2020

Carnaval y Revolución

“Todo lo profundo ama el disfraz”

Gustavo Cerati

Lo sugerente del carnaval es la suspensión de regularidades. No sólo porque se suspende la formalidad laboral y durante aproximadamente 5 días continuos, del viernes de carnaval al martes de challa, se vive un continuo feriado que, como diría Federico Moura: “y ya no sé si hoy, ayer o mañana”, sino porque en principio el carnaval evoca a las máscaras, al disfraz, al camuflaje.

No sólo Cerati decía que todo lo profundo ama el disfraz. En realidad ésta es una frase que Nietzsche plasma en “Mas allá del bien y del mal”. El disfraz, la máscara debe ser entendida como piel profunda en tanto desinhibe al que la usa, al que renuncia a una identidad dada. Lo que pone en juego Nietzsche es que el uso de la máscara permite destruir la nuestra, la que usamos cada día.

¿De dónde Nietzsche saca que la identidad, la personalidad de un ser humano, su persona, es una máscara? Y, ¿cómo es posible que una máscara destruya a otra?

La respuesta a la primera pregunta se encuentra en la etimología del término persona o personalidad, categoría jurídica que permite a un ser humano ser sujeto de derechos y responsable de cumplir obligaciones. Persona proviene del latín personae y significa máscara. Es más, este término latino proviene del griego prospora, el mismo que tiene dos raíces pros (delate) opos (cara), es decir, algo delante de la cara, en otras palabras, una máscara.

A momento de dar un nombre a un ser humano, se le otorga una identidad y una posibilidad de control de sus actos, en tanto la individualidad de éste es también la condición policial para su control. No sólo se otorga un nombre, sino también se registran las huellas dactilares, una fotografía, un número, se anota la dirección donde vive y en muchos casos también la profesión y donde trabaja.

La respuesta a la segunda pregunta se encuentra en que la segunda máscara revela a la primera, la hace evidente, en tanto la primera máscara se nos presenta como una corrección y responsabilidad, o sea esta máscara representa “lo que uno debe hacer y cómo debe comportarse”. La segunda máscara diluye a la primera y entonces hay un marco en el que “todo está permitido”. No es casual que se pueda encontrar un nexo entre Carnaval y Revolución.

Cuando Napoleón ocupó Venecia el año 1797 prohibió el festejo de carnaval por miedo a una insurrección. Las máscaras lo aterrorizaban y Venecia era la ciudad de las máscaras en carnaval. Pero no sólo a Napoleón le aterrorizaba el carnaval, sino también al Antiguo Régimen como al mismo gobierno revolucionario de Robespierre. No es casual que el Carnaval en Francia hubiera sido prohibido, sobre todo por medio a una insurrección, aprovechando el efecto de despersonalización que generaba en la población.

La máscara de Guy Fawkes, conspirador inglés conocido porque intentó volar la cámara de los Lores en 1605, se ha convertido en el ícono de la máscara revolucionaria a partir del comic “V de Vendeta” y el uso que hace de ella el grupo de hackers Anonymous. Una máscara que diluye la identidad.

La máscara y la Revolución siempre han estado cerca. Fanón ya nos recordaba el contexto de la negritud, la descolonización y la revolución en su ya clásico libro: “Piel negra, máscaras blancas”, y no es casual que el uso del pasamontaña en la figura del subcomandante Marcos no deje de tener esta filiación a la máscara que destruye máscaras.

Pero eso sè, detrás de la máscara no hay un rostro, es decir no hay piel que no sea superficial. Como señala Cerati: “todo es mentira ya verás, la poesía es la única verdad”, muy nietzscheano y a la vez una buena actitud para este carnaval.

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