noviembre 25, 2020

Ideas de lo que no terminamos de construir

por: Edmundo Nogales

Una de las primeras aspiraciones para alguien que tiene curiosidad por saber qué es el Socialismo Comunitario, es la de poder encontrar alguna definición o algo que nos dé una clara idea de su contenido, sin embargo, se siente un desaire cuando no encontramos lo que buscamos, y es que no se ha sido claro en lo que se ha intentado definir como horizonte de época.

Algunos proponen características sobre lo que entienden de aquel planteamiento llamado socialismo comunitario, y otros critican el haber complejizado más la situación tomando como criterio los hechos de haberse empezado a idealizar algo que no terminamos de estructurar como proyecto histórico.

Pero cuando hablamos de socialismo comunitario nos referimos necesariamente a un ciclo constitutivo determinado, el cual inicia, según Roger Cortez [1]: “con la consolidación de la autonomía político e ideológica del movimiento campesino consolidada a partir de 1979 y se prolonga hasta hoy”.

En el caso de Sylvia de Alarcón [2], cuando analiza el tema, ubica como inicios el año 1988, en el cual se publica la primera obra de Álvaro García bajo el seudónimo de Qhananchiri: Las condiciones de la revolución socialista en Bolivia. A propósito de obreros, aymaras y Lenin.

Al revisar ese texto Sylvia remarca:

García Linera argumenta aquí dos ideas sustanciales. La primera, que para llegar al socialismo, no es necesario pasar por la disolución de la comunidad; la segunda, que la potencialidad de la comunidad radica en el carácter del trabajo que desarrolla.

Acerca de la primera, García Linera desarrolla una crítica durísima hacia todas aquellas posiciones de izquierda que han visto en la comunidad un factor de atraso para el “desarrollo nacional” y, por tanto, planteado la necesidad de “modernización” de la comunidad, es decir, de su disolución…

Sobre la segunda, además de liberar las posibles rutas que puede seguir la lucha por el socialismo en los distintos países del mundo y, por tanto, de aproximarse a la comprensión de los procesos históricos concretos, este planteamiento de Marx permite establecer por qué la comunidad puede ser el punto de partida de la producción comunista:

Cinco son los principales elementos que toma Marx:

1. La propiedad colectiva de la tierra en tanto posibilita el trabajo colectivo de las comunidades.

2. La producción parcelaria en la que cada campesino cultiva su propia parcela y se apropia de los frutos de su trabajo. Para Marx, esto será un elemento que tiende a la diferenciación de riquezas y la disgregación de la sociedad, pero, a la vez, dará un “desarrollo incomparable a la individualidad”.

3. La existencia de la comunidad rural a escala nacional.

4. La contemporaneidad del sistema capitalista, tanto en Rusia como en Europa, que le permiten a la comunidad poder apropiarse de sus adquisiciones.

5. El ocaso del capitalismo que se halla en una “crisis que solo terminará con su eliminación (del propio capitalismo) y con la vuelta a las sociedades modernas de tipo “arcaico” de la “propiedad colectiva”.

En una entrevista realizada al vicepresidente Álvaro García Linera el 7 de febrero de 2010, y sistematizada en un texto titulado: Socialismo Comunitario un aporte al mundo, Álvaro responde a la pregunta ¿qué es el socialismo comunitario? de la siguiente manera:

La nueva Constitución define un largo camino en el que los bolivianos generemos más riqueza, participemos directamente en la distribución de esa riqueza y en la toma de decisiones, y despleguemos y habilitemos todas nuestras potencialidades contenidas, nuestra creatividad, inteligencia y sociabilidad en un proceso largo al final del cual está el socialismo comunitario que, previamente, tiene que atravesar un periodo de transición, un puente, que tenemos que construirlo todos: de manera democrática, pacífica, participativa, ampliando la riqueza, el trabajo en común y la capacidad asociativa comunitaria que tenemos en los barrios y en las comunidades, en la medida en que todo esto se expanda, se irradie y se potencie estaremos construyendo un nuevo tipo de sociedad.

Nos da a entender que se habla de un nuevo tipo de sociedad y complementa la respuesta con la siguiente frase:

Cuando hablamos del socialismo, hablamos de algo distinto, podemos llamarle comunitarismo buen vivir, pero en el fondo estamos hablando de algo distinto a la sociedad capitalista.

Termina indicando, obviamente, que es diferente al capitalismo, pero nos distrae un poco el laxo término de periodo de transición mencionado antes en el cual no hacemos notar que esa construcción depende de lo que hacemos hoy.

Analizando situaciones cercanas y hechos concretos, vemos que aquella entrevista se realiza luego de la posesión del segundo mandato de gobierno, luego de haberse realizado la asamblea constituyente, después de la nacionalización de los hidrocarburos y de haber cumplido parcialmente la agenda de octubre, sin duda luego de la etapa de mayores avances del proceso de cambio.

En el camino, si no evaluamos nuestro avance, podemos perdernos en el trayecto y este es un riesgo latente; algo para evaluar es el planteamiento del capitalismo andino que sale del mismo Álvaro [3]:

Es decir, la construcción de un Estado fuerte, que regule la expansión de la economía industrial, extraiga sus excedentes y los transfiera al ámbito comunitario para potenciar formas de autoorganización y de desarrollo mercantil propiamente andino y amazónico.

El potencial comunitario que vislumbraría la posibilidad de un régimen comunitarista socialista pasa, en todo caso, por potenciar las pequeñas redes comunitaristas que aún perviven y enriquecerlas. Esto permitiría, en 20 o 30 años, poder pensar en una utopía socialista.

Cuando nos referimos al periodo de transición necesitamos evaluar si estamos haciendo algo diferente al capitalismo para decir que estamos haciendo bien las cosas, y eso nos ayudaría a construir el socialismo comunitario. Pero si no estamos construyendo algo diferente deberíamos cuestionar si eso nos va a llevar al socialismo comunitario, puesto que es ingenuo creer que la comunidad pueda seguir sobreviviendo al capitalismo.

En este apartado debemos tomar varios elementos que a veces se dejan de lado, como el hecho de haber avanzado con la ley de Educación Avelino Siñani – Elizardo Perez, el proyecto de economía social comunitaria, el proceso de descolonización, este último que Sylvia toma como: “la posibilidad de romper la cadena de reproducción de esas formas de dominación introyectadas…”.

Sin embargo en el análisis del pluralismo productivo, al no tomar en cuenta que este periodo de transición ha sido limitado y obstaculizado por el planteamiento de economía plural, que fue insertado por Doria Medina en la Asamblea Constituyente como condición para obtener los dos tercios para su aprobación, Sylvia trata de verlo como un factor posible para fortalecer lo comunitario a través del Estado, señalo esto como error porque eso nos muestra la realidad. En este periodo que se asume la economía plural y se deja de lado el proyecto de economía social comunitario la comunidad va perdiendo frente al capitalismo.

Entonces, en esta construcción del socialismo comunitario donde tratamos de construir un sistema de vida diferente tomando a lo comunitario como potencialidad para la construcción del socialismo debemos tener al menos como parámetros fortalecer lo comunitario y construir un sistema diferente al capitalismo, además de desplegar y potenciar en esta coyuntura el poder popular comunitario. Si avanzamos así sabremos que no estamos desviando el camino.


* Edmundo Nogales, es politólogo y coordinador de la Escuela Nacional de Formación Política.

1 Ciclo constitutivo, proceso constituyente y alineamientos políticos, Roger Cortez Hurtado.

2 Debate sobre el Cambio, Socialismo Comunitario, Sylvia de Alarcón.

3 El “Capitalismo andino – amazónico”, Álvaro García Linera – Le monde diplomatique enero de 2006

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