noviembre 28, 2020

“la descolonización se quedó en aspectos puramente formales”

por: Rider Mollinedo

A partir de febrero hemos comenzado una serie de entrevistas a distintos actores políticos y sociales del país con el objetivo de hacer un balance de los nueve años de gobierno masista y esbozar algunas ideas para consolidar el proceso de cambio.

En esta edición dialogamos con Pedro Portugal, director del periódico electrónico Pukara y referente intelectual del movimiento indianista–katarista. En esta amena entrevista, realizada el miércoles 11 de febrero, Portugal reflexiona sobre el poder, la ideología y el indianismo.

La Época (LE).- ¿Qué balance hace del periodo gubernamental 2006–2014, en lo político e ideológico, desde la óptica del movimiento indianista?

Pedro Portugal (PP).- El nuevo periodo que vive Bolivia, instaurado a partir de 2006, desde el punto de vista indianista y katarista parte de un largo proceso, en el cual lucharon estos movimientos, para lograr un gobierno propio en el sentido de que las mayorías nacionales que estaban marginadas pudieran tener acceso al gobierno. La cuestión del presidente indígena, la reivindicación de la whipala y de ciertos elementos simbólicos que tuvieron su apogeo en este periodo han sido temas emblemáticos del movimiento indianista y katarista.

La óptica indianista katarista ve a este periodo como un fragmento del proceso que todavía está en marcha, en el cual ciertos idearios que forman parte de la ideología política de estos movimientos han sido materializados.

LE.- ¿Cuáles son las tareas pendientes del gobierno en el denominado proceso de cambio?

PP.- De la misma manera que se considera a este proceso como parte de una lógica histórica en la cual estaban involucrados los indianistas kataristas, y es la parte positiva que nos parece, también el movimiento es muy crítico en relación a otros aspectos.

El objetivo histórico del movimiento indianista katarista ha sido la descolonización, entendida ésta como un fenómeno político, social, económico, estructural, nacional. En retrospectiva, el movimiento indianista tuvo una presencia manifiestamente política muy fuerte en los años setenta y ochenta. Por diversa razones el movimiento indianista y katarista no pudo consolidar una opción política y tuvo que sufrir los efectos de una situación convulsiva y contradictoria, lo que llevó a una desmovilización y a un relativo “desmerecimiento” en el contexto político nacional. De este movimiento fuerte en lo político e ideológico, en donde existía un mensaje de transformación y sobretodo de visión de lo que tiene que ser la descolonización surgió esa “resaca” que ahora conocemos como pachamamismo, ligada a aspectos puramente simbólicos, esotéricos, conceptuales, cuando todos sabemos que lo simbólico acompaña lo formal; lo simbólico es el lenguaje de alguna realidad no pudiendo existir el simbolismo por sí. Los pachamamistas (gente marginal) empezaron a sustituir a los teóricos indianistas y tomaron ciertas consignas del indianismo.

Críticamente vemos que el Movimiento al Socialismo (MAS IPSP), como entidad orgánica, no se dio cuenta que forma parte de este proceso; de que su fuerza estaba en enraizarse en este reclamo histórico llamado contemporáneamente indianismo katarismo, exteriorizado en las últimas décadas. Ese reclamo histórico se manifestó antes de otras maneras (Tupac Katari, Zarate Willca, el primer congreso indigenal, etc.).

La insurgencia del indianismo katarismo fue la manera como, políticamente, en determinado momento, surgió esta reivindicación. El entronque con esta reivindicación es solamente simbólico. El MAS no tuvo la perspicacia de ver en lo profundo y, por tanto, de dar las respuestas profundas que merecía el contexto. Por eso vemos con bastante crítica que la descolonización se quedó en aspectos puramente formales, degenerados en lo que se llama pachamamismo.

El gobierno al tener el instinto de estar del lado de este movimiento, pero al no tener una aproximación real, vivida y social (por ejemplo, no hubo indianistas y kataristas que formaran parte del MAS) tuvo que albergar al pachamamismo en su seno. Por ejemplo, las detractoras del indianismo y el katarismo eran las ONGs, las fundaciones; sin embargo, cuando el indianismo estuvo en una etapa de retroceso fueron ellos quienes se apropiaron de algunas banderas del indianismo y empezaron a hacer cursillos sobre lo que era la recuperación cultural, la descolonización, sobrevalorando al aspecto ritual, simbólico, porque la moda ideológica en ese momento era el culturalismo (posmodernista), impulsado por los países industrializados, obviando los aspectos estructurales (sociales, políticos, económicos). La ONG Unitas, con el proyecto Nina, cuyo encargado era Víctor Hugo Cárdenas, bajo la visión culturalista formó a personas que se afiliaron al gobierno del MAS y que supuestamente ahora son representantes indígenas, entre ellos al actual canciller y al viceministro de descolonización, productos tardíos del movimiento político indianista combativo de los años setenta. Los mismos entraron al gobierno sosteniendo ciertas banderas bajo la visión de una ONG sin tener el contenido político que daba sentido a esas banderas.

LE.- ¿Cuál es la proyección del movimiento indianista en el actual escenario político?

PP.- Si entendemos que la política es cumplir tareas, está pendiente el problema de la descolonización. Sobre la descolonización se ha tenido una fallida visión eminentemente culturalista, considerando al indígena como una persona obsesionada en su cultura y que además vive en un microcosmos, por ello los intentos de construir las denominadas autonomías indígenas a nivel de pequeñas unidades, pero esto ha sufrido bastantes contrariedades.

Una noticia reciente es que uno de los lugares emblemáticos de estas autonomías indígenas, Jesús de Machaca, ha desistido del uso de la autonomía al considerarla como negadora de la participación política de la comunidad, como negadora del empoderamiento y, precisamente, la descolonización es empoderamiento.

Curiosamente hasta ahora se ha tenido una visión típicamente occidental de la descolonización. Si la descolonización significa cortar ciertos aspectos perversos del Occidente, como la visión romántica, pachamamista del indio, esta directriz ha sido la que ha guiado los intentos gubernamentales “descolonizadores”.

El gobierno está viendo que lo indígena no es lo que pensaba. Lo indígena es una fuerza productiva grande, es una fuerza de transformación profunda. Lo indígena es también un contenido para la estructuración de una nación, guiada por fuerzas que no buscan la alteridad como se pensó, sino que buscan la inclusión con un profundo sentido cultural e histórico, utilizando lo contemporáneo para ponerlo al servicio de un proyecto común que busque un rol, una fuerza activa e, incluso, un liderazgo, como se lo tiene teniendo un presidente indígena. Pero ese liderazgo no puede ser formal, sino estructural.

El MAS ha hecho lo que ha pasado muchas veces en la historia de Bolivia: transformaciones radicales que necesitaba el país, pero que no son completas. De la misma manera que se frustró un rediseño del país a partir de la revolución federal (de 1899), de la misma manera que el MNR intentó hacer el Estado nación y la reactivación económica respectiva, es posible que el actual proyecto político-económico en marcha también se frustre si es que el gobierno no hace las enmiendas necesarias, dando pie a que resurja el poder que ha llevado a Bolivia hacia una postergación.

En lo político, cuando no se cumple adecuadamente una tarea, aquello que se quería erradicar regresa con fuerza. Si regresan estos problemas, seguramente el indianismo y el katarismo encontrarán un terreno en dónde proyectarse y tener un nuevo impulso político e ideológico en ese (posible) periodo.


* Rider Molliedo, es periodista de La Época.

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