noviembre 29, 2020

La historia del tiempo en la economía

Time is money, el tiempo volcado al revés en el capitalismo moderno pareciera que hace emerger la riqueza como por arte de magia, “perder el tiempo” es perder la oportunidad de poseer más riqueza. Pero, el tiempo mismo es algo escurridizo como una sombra pegada a los pies de su objeto pero absolutamente intocable, entonces, ¿cómo es posible perder el tiempo si lo poseemos?

El tiempo para la comunidad

El tiempo caminó paso a paso al lado de la humanidad a lo largo de todo su desenvolvimiento histórico. Pero no fue desde el principio de los tiempos –aquel del que no tenemos memoria porque recién la empezamos a recuperar un poco después– que el tiempo pretendía ser cogido por las manos de la valorización del valor cuando en realidad se le escurre como aire por más que las aprete para asirlo. No.

La comunidad vivía su vida, caminaba sus pasos y el tiempo acompañaba. La comunidad, ha vivido eternamente con el tiempo hasta que este le fuera arrebatado en el capitalismo para volcarse como un celoso guardián y disciplinador de su vida, fue entonces que empezó a parecer que la comunidad se había desintegrado cuando sigue existiendo, aplastada, asfixiada, pero resistiendo al sistema que la exprime y que le saca su energía vital. En la comunidad, el tiempo no es la cuantificación laboral que jerarquiza toda acción a partir del valor, en la comunidad es la vida que se hace cargo de sembrar un tiempo, quizás para la perfección, quizás para el intercambio social de sus miembros, o bien para la cultura. Sin embargo, el tiempo lineal y cuantificador no gobierna a los seres humanos.

Tampoco el tiempo es la desesperación inmediata de la angustia por nivelarse con los pautas que el capital determina para los sociedades, el estrés nace solo en este tiempo impaciente. La comunidad atraviesa generaciones, sus tareas y su vida no es medida en segundos sino en su articulación con el territorio y el cosmos, la visión es cosmológica armónica.

Tal vez alguien se pregunte si esta concepción de la comunidad no es una idealización de una realidad dura que tenía que enfrentar la severidad de la escasez por no desatar la aceleración del tiempo para garantizar un mayor consumo. Pero la escasez no es absoluta, está históricamente determinada, su carácter social relaciona los recursos orientados a la satisfacción de las necesidades con los usos y cantidades, por lo que no es la velocidad del tiempo la que determinará la cantidad de esos recursos sino la definición de la forma en que vive cada sociedad la que dirá qué necesita y cómo lo consume.

Historia y tiempo

¿La historia empieza junto con la aparición del tiempo? La historia crea su propio tiempo pero el tiempo no necesariamente es historia. De alguna forma, la sociedad moderna desde su perspectiva conservadora, trata de existir en la contraposición de ambos, Baudelaire nos dice “libertad y fatalidad son dos contrarios; vistas de cerca y de lejos son una sola voluntad”, la conciencia económica del sistema capitalista intenta transformar su ansiedad por el tiempo en historia sin poder asir al tiempo y sin memoria histórica.

Las esencias humanas morales que construye la modernidad para dar cuenta de la historia y de la realidad, se consolidan con la construcción imaginaria de un individuo ahistórico, que vivió desde siempre como tal, con sus problemas y su egoísmo modernos a lo largo del tiempo y de la historia. El tiempo queda reducido a la racionalidad económica de este individuo y la historia es la justificación de las desigualdades y los desastres que vivimos, aun cuando estos tienen un origen y unas causas absolutamente sociales.

La historia para esa conciencia moderna no sirve para comprender la sociedad y transformarla, es un instrumento para la justificación de su orden, de su concepción de tiempo.

Por otra parte, el tiempo que es utilizado como herramienta para la generación de una racionalidad insaciable de más y más riqueza, luego termina esclavizando a los mismos valorizadores del valor transformando su sangre en monedas y su sonrisa en un billete.

El tiempo implacable se convierte en una criatura que exige más desarrollo, más recursos, más consume, más trabajo, más plusvalor, ya no puede vivir sin seguir deglutiendo. Y obviamente, al interior de la sociedad, las clases sociales se constituyen precisamente en torno a su situación dentro de esta práctica, para unos el tiempo será dinero, para otros ese tiempo les quitará su vida.

La historia no contada sino la historia como sucede, será la historia de ese tiempo cuantificador gobernando la vida de las sociedades y la de los pueblos resistiendo, luchando y buscando formas alternativas para recuperar el tiempo de la comunidad.

El carácter histórico, base para la economía

Pero a pesar de la obstinación económica por el tiempo que tiene la sociedad moderna, es increíble su carácter amnésico incorporado a su ontología cuando se refiere a la capacidad para comprender a la sociedad desde una perspectiva histórica.

La diferencia de una economía para la vida y una economía para el capital, entendido este como expresión social del sistema capitalista moderno, está justamente en la relación que entabla con el tiempo en este doble sentido: primero, en relación a la historia y, segundo, en relación al tiempo en la práctica económica.

La ciencia económica nace como ciencia planteándose un problema fundamental: comó se produce y cómo se distribuye la riqueza, un problema casi olvidado por la actual economía con su pretensión de cientificidad anclada en su apego al desarrollo de los instrumentos de medición debilitando absolutamente su capacidad reflexiva.

Por ejemplo, para Smith el valor tiene una doble naturaleza: “el valor de cualquier mercancía, para la persona que la posee y que no pretende usarla o consumirla sino intercambiarla por otras, es igual a la cantidad de trabajo que le permite cambiar u ordenar. El trabajo es así, la medida real del valor de cambio de todas las mercancías” (Smith, Adam. La riqueza de las naciones). Sin embargo, su valor natural en relación al trabajo solo podrá realizarse en una sociedad tradicional donde no se ha desarrollado la división del trabajo, mientras que en una sociedad desarrollada su valor comandado estará en relación al mercado. Es decir, la respuesta científica al problema que se plantea Smith no tiene solución por un problema histórico, es decir, la realidad económica moderna no se la explica a partir de su especificidad histórica sino de su ruptura.

De otra forma distinta, pero también por el problema ahistórico, Ricardo tampoco puede solucionar hasta las últimas consecuencias el problema del valor trabajo de acuerdo a los avances de sus investigaciones. Ricardo logra demostrar la determinación del valor trabajo para todos los productos en la sociedad moderna, menos para la determinación de la ganancia y por lo tanto, para la mercancía que contiene el mismo trabajo, es decir, la fuerza de trabajo.

La diferencia de la economía que perdió su carácter científico y que solo cumple el rol de justificar la desigualdad actual y la ciencia económica que podría ser un instrumento para los pueblos, está justamente en la posibilidad de comprender el carácter histórico de la sociedad moderna y su especificidad en el sistema capitalista. Es decir, comprender aquellos elementos que no existían en otras sociedades distintas a la capitalista como parte misma de la lógica y reproducción de ese sistema: la ganancia, la concentración de la riqueza, la crisis, el trabajo asalariado y no el egoísmo ahistórico.

¿Será que recuperando el carácter histórico de la sociedad se puede pensar en una recuperación del tiempo?


* Economista y activista. Miembro de la Red de Economía Política Crítica.

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