noviembre 30, 2020

Medios, miedosos y mediocres

por: Rafael Artigas

Tan similar a lo que aconteció hace un poco más de un mes con el atentado a la revista francesa, Charlie Hebdo, algunos medios de comunicación paceños y fieles a su costumbre sensacionalista, agitan banderas de la mentada “libertad de expresión”, se martirizan, tiran la piedra y luego la esconden como tratando de legitimar su “todo vale” bajo respaldo de sus dirigencias atrincheradas en la ANP.

Ya no me llama la atención que justamente dos medios “agenden” temas tan similares en sus portadas digitales como ser que, el gobierno pretenda regular el uso de las redes sociales en nuestro país o de ir machaconamente insistiendo en que el Ministerio de Comunicación habría efectuado el pagó a una empresa –acusada de corrupción– por la provisión de artículos para el G77.

Son los mismos que agitaron desde sus informativos las famosas marchas del Tipnis y en el que se inventaron muertos, el “gasolinazo”, mostrando, a fines del 2014, como personaje al magistrado Gualberto Cusi y ahora se mofan de las medidas que toma el alcalde interino de La Paz, Omar Rocha.

Todos estos hechos sirvieron únicamente para colocar sobre el escenario mediático, los temas más “relevantes”,como si estuvieran autorizados a funcionar al nivel de un tribunal, sin ninguna legitimidad para eso. A su libertad de agresión le llaman “libertad de expresión”.

Más allá de tratar de justificar si esos temas fueron aclarados por los operadores del gobierno, y algunos justificados documentalmente, a esos medios no les interesa que en el fondo se aclare, ya tiraron la piedra, y lo que les interesa es “incendiar” y “explosionar” con sus pepas, para que caiga alguna autoridad; eso les interesa. Me acuerdo muy bien cuando uno de sus periodistas en ocasión del cambio de autoridades, exhaló irónicamente: “ya hicimos caer a un ministro”.

Así como hay ese tipo de periodistas, encontramos en un programa de radio la expresión más clara de una periodista vocera de la oposición que evidencia, sin ruborizarse en ser ella, acompañado de un séquito de periodistas amarillos, en una especie de tribuna libre donde el todo vale tiene un objetivo: poner el ojo contra el gobierno y lanzar sin disimulo los dardos en la misma lógica de los opositores.

La periodista vocera de ese medio todos los días descalifica las acciones del gobierno, así como de los más cercanos al MAS; cuando pide la opinión de sus oyentes, amplifica, interpreta, aplaude, resalta toda opinión por más descabellada que sea, con la única condición que se enfrente al gobierno; el tono de su voz y sus exclamaciones así lo demuestran.

A la par de la línea discursiva, y ante la ausencia de capacidad política para convencer y generar consenso, el pretexto de su acción política desde el medio es generar miedo, promover temor. Su target es sembrar miedo y confusión, criminalizar los hechos de las principales autoridades y en algunos casos hasta de sus líderes sociales.

Esa es la política del miedo que conocíamos de las élites en el tiempo neoliberal, de las logias empresariales, pero también, ahora, la estamos comprobando en estos medios privados porque no tienen donde sustentarse.

Estos medios privados y sus periodistas amparados con el título de independientes, no tienen ninguna autoridad moral y ética para hablar en nombre de la “libertad de expresión”, pues efectúan el control selectivo de la información, la opinión y manipulan a diestra y siniestra con sus comentarios.

Nos hablan de equilibrio, de pluralidad en el manejo informativo, sin embargo, ya han tomado partido, defienden posiciones claramente políticas y en el fondo, favorecen los intereses económicos, todo eso se evidencia a la hora que los invitan a sus entrevistas y, en tiempos de campaña electoral, manejan la estrategia de alfombra roja en sus revistas.

Ésta es lamentablemente la nueva lógica del funcionamiento de algunos medios, y a lo único que nos lleva esta manera de proponer, dizque un “periodismo de altura”, de criterio profesional, es a un desprestigio de su propio medio, a la pérdida de credibilidad del mismo y por ende a un fuerte deterioro del concepto de pluralidad y del verdadero ejercicio democrático en los medios de comunicación.


* Rafael Artigas, es comunicador e investigador orureño

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