diciembre 2, 2020

Venezuela: “Entre vencer o morir, necesario es vencer”

por: Rudy López González

El pasado jueves 13 de febrero se produjo un nuevo intento de golpe de Estado en Venezuela, hecho que fue denunciado en cadena nacional por el presidente Nicolás Maduro. Esto ocurre en medio de la guerra económica que vive el país caribeño, una baja de los precios del petróleo y una fuerte campaña mediática que ha buscado generar oposición al gobierno venezolano en el plano internacional.

Esta nueva conspiración, con la huella de viejas prácticas que creíamos superadas, encuentra a una oposición fuertemente dividida y afectada por la falta de cohesión, debatida entre la continuidad de las acciones violentas o volver al discurso democrático con el afán de mantener y/o salvar el apoyo de parte de la población.

Para entender el actual escenario

Para entrar en contexto es necesario entender la situación que vivió Venezuela desde febrero de 2014, cuando comenzaron las guarimbas (barricadas y protestas callejeras) que respondían a la táctica de un “golpe suave”. Durante ese año los estudiantes (junto a una masa de lumpen y paramilitares) de varias universidades del país, salieron a protestar por la situación económica. Las manifestaciones no nacieron de un clamor popular, surgieron directamente de los discursos de la entonces diputada María Corina Machado y de Leopoldo López. Estas protestas se disponían a ser más violentas que las vividas durante el mes de abril de 2013, luego de la victoria electoral de Nicolás Maduro que la derecha se negó a reconocer.

El plan de la oposición, con las guarimbas del 2014, se denominó: “La Salida”, ideado por Leopoldo López y María Corina Machado entre otros miembros de la oposición venezolana. La acción pretendía derrocar al gobierno de Maduro por medio de la agitación social y actos de extrema violencia –desde destrucción de bienes públicos hasta la muerte de civiles– para crear un descontento generalizado en la población y que ésta presionara la renuncia del primer mandatario.

Si bien las protestas se extendieron por varios meses, no lograron su objetivo y dejaron como saldo el desprestigio tanto de los liderazgos de la oposición como de los partidos que componen la Mesa de Unidad Democrática, ya que las bases estudiantiles que protestaban se inclinaban por una apuesta radical, mientras que la MUD decidió optar por una mesa de diálogo para resolver la situación del país. A raíz de esto es que se dividieron los liderazgos de la oposición, quedando Capriles por un lado, apostando por una solución democrática y desmarcándose de los hechos violentos, y María Corina Machado junto a Leopoldo López por otro, quienes apostaban por la continuidad de la escalada violentista.

Capriles, durante abril del 2014, criticó las protestas violentas ya que, según él, le hacían el juego al gobierno. La posición del ex candidato presidencial era entendible, las guarimbas generaban un alto rechazo en la sociedad, siendo relacionadas directamente con la oposición. Razón por la que se acepta formar una mesa de diálogo con el gobierno, como una manera de salvar la imagen democrática de la oposición dentro del territorio nacional.

El liderazgo que alguna vez capitalizó Capriles fue decayendo luego de las acciones mencionadas y se mantuvo segundo en las encuestas después de Leopoldo López, quien logró crecer en popularidad después de su arresto (es necesario recalcar que el se entregó de manera voluntaria) y gracias a una fuerte campaña mediática que catapultó su imagen.

Un nuevo golpe desarticulado

Es con esta fragmentada oposición venezolana que se desarrolla el nuevo intento de golpe de Estado, el cual buscaba poner fin a la constitucionalidad del país e instaurar un gobierno de transición. Hecho semejante a lo ocurrido en Honduras con el golpe de Estado en contra del entonces presidente Manuel Zelaya.

La nueva estrategia ya no responde a las características del denominado “golpe suave” y, por el contrario, habría intentado ser una acción semejante a los golpes de Estado que vivió Latinoamérica durante el siglo XX. Este sería de una arremetida más dura y directamente propiciado por actores de la derecha y disidentes del oficialismo y no sería protagonizado por sectores movilizados de la sociedad.

El accionar golpista se sustentaría en la situación actual que atraviesa el país, una guerra económica a la que se le suma el desplome de los precios del crudo, sobre todo del petróleo OPEP, que es el que rige para Venezuela. La escasez de productos de primera necesidad, hecho ligado a la ofensiva económica que se ha efectuado contra el país caribeño, era otro detonante para “justificar” el golpe de Estado.

A esto se le suma la incesante campaña internacional que ha llevado a cabo la derecha venezolana y extranjera, que ha logrado la simpatía de gobiernos, congresistas y partidos políticos en varios países del mundo. Acompañado de una fuerte propaganda mediática, la oposición es vista como defensores de la democracia, pero poco se informa de su accionar real dentro de las fronteras de Venezuela. No es casualidad que pocas semanas antes hayan visitado el país los ex presidentes Pastrana de Colombia, Piñera de Chile, y Calderón de México. Visita que se realizó para dar una imagen al mundo de cómo la comunidad internacional se preocupa, supuestamente, de la situación de Venezuela y de la integridad del líder opositor, Leopoldo López.

Con todo esto ya se cimentaba lo que sería el golpe propiamente dicho, el cual consistía en una sublevación militar. Para este fin se buscaron sectores de las fuerzas armadas, específicamente de la fuerza aérea, los cuales habrían intentado bombardear puntos estratégicos como edificios gubernamentales –entre los que se cuenta el Palacio de Miraflores, sede del Ejecutivo- sino que también las instalaciones de la cadena de noticias Tele Sur, así como espacios públicos.

El plan fue desbaratado por el accionar de la inteligencia bolivariana, que logró dar con quienes serían los autores materiales del golpe. Una decena de implicados, entre civilices y militares, fueron detenidos y puestos en investigación. De las primeras indagaciones hechas salieron a la luz nombres de presuntos autores intelectuales y financistas de la sublevación, de entre esos surgen a la luz viejos conocidos, como María Corina Machado y Antonio Ledezma, Alcalde Metropolitano de Caracas y que participó en el golpe de estado del 11 de abril de 2002, así como nexos directos con Estados Unidos. Julio Borges, diputado opositor, fue señalado por el General de División Maximiliano Hernández, uno de los detenidos por los organismos de inteligencia del Estado y cabecilla del levantamiento, quien acusó al parlamentario de ser el encargado de seleccionar los “objetivos tácticos” de la operación militar.

Para concluir

Los sectores de la oposición han decidido radicalizar sus movimientos y apuntar a medidas más duras para derrocar al gobierno de Nicolás Maduro. Se encuentran con un liderazgo dividido y no han logrado capitalizar el descontento, perdiendo gradualmente su fuerza en la sociedad como referentes políticos.

Se muestra una clara mejora en los aparatos de seguridad e inteligencia del Estado. A diferencia de los que existían en el 2002, año en que se da el golpe de Estado contra Hugo Chávez, los actuales han logrado desbaratar varios casos de conspiración. Esto responde a la importancia que el gobierno le ha dado a la protección de la institucionalidad de Venezuela como una forma de mantener una democracia estable y con ésta, un Estado que funcione en beneficio de los intereses del pueblo.

La campaña de desinformación llevada a cabo ha dado frutos, tanto interna como externamente. Esto demuestra que la guerra mediática sigue y seguirá siendo una trinchera importante ya que la capacidad de influir en la opinión pública es una de las armas más poderosas con las que se cuenta para mantener la hegemonía de grupos privilegiados.

Bolívar escribió en el Manifiesto de Cartagena: “a cada conspiración sucedía un perdón, y a cada perdón sucedía otra conspiración”. Asegurémonos pues, e inspirados en todas las fuerzas de la historia, que a cada conspiración le suceda una nueva victoria contra la opresión.


* Rudy López González, es un joven politólogo chileno–venezolano.

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