diciembre 4, 2020

¿Garantía de derechos al golpismo?

Es cierto, todos los ciudadanos de un país pueden y deben reclamar por la garantía de sus derechos, porque se les respete la vida y, en caso de algún proceso legal, un procedimiento justo.

Pero, ¿hasta cuándo el discurso de respeto de las “garantías constitucionales” servirá de guarida de golpistas?

Los Aznar, Piñera, Pastrana, Calderón y Clinton, llevan días pidiendo se libere al supuesto “perseguido político”, alcalde de Caracas, Antonio Ledezma, detenido en su oficina la tarde del jueves 19 por el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN), a petición de la Fiscalía General de la República.

Ledezma, connotada figura de la ultraderecha venezolana, en sus casi treinta años de actividad política, carga con un negro prontuario que lo vincula a: 1. La muerte de la periodista venezolana María Verónica Tessari (1993) a causa de una golpiza en manos de la Policía Metropolitana, dirigida por Ledezma; 2. La masacre en la cárcel “Retén de Catia” (1992), que cobró la vida de 200 internos al mando de la Policía Metropolitana; 3. La muerte de la trabajadora Leonarda Reyes (1996) a causa de una represión policial ordenada por Ledezma en calidad de Alcalde. La lista es bastante más extensa e incluye malversación de fondos públicos, despidos masivos de opositores en la alcaldía, etcétera.

A partir de la elección de Nicolás Maduro como Presidente de la República Bolivariana de Venezuela (2013), el supuesto “perseguido político” trazó un plan de desestabilización, junto a los derechistas Leopoldo Fernández y María Corina Machado, que cobró la vida de 43 ciudadanos venezolanos, victimas de las barricadas callejeras llamadas “guarimbas”.

Como hombre de acción y sed de sangre –en Venezuela le suelen llamar “El Vampiro” –, Ledezma ha sido requerido por la Fiscalía General de la República por su presunta participación en el golpe de Estado frustrado por la inteligencia chavista el pasado jueves 12 de febrero, que, junto con alentar a la insubordinación a un puñado de oficiales de la aviación, contemplaba bombardear instituciones gubernamentales y civiles, además del canal noticioso TeleSur.

Como de costumbre, el golpismo eleva voces reclamando “democracia”, “garantías constitucionales” y “libertad de expresión”. Lo cierto es que nunca han respetado ni respetarán la voluntad soberana de un pueblo humilde que ha decidido construir su propio futuro, al que llaman “socialismo del siglo XXI”.

La Revolución Bolivariana tiene el derecho y el deber de defenderse de la sedición fraguada por el eje Madrid–Bogotá–Miami, mucha sangre le ha costado sus numerosos triunfos electorales y militares. A la contrarrevolución ha de respondérsele con más revolución.

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