diciembre 3, 2020

Gestión pública intercultural

por: Ernesto Castillo

Hace un par de semanas, muchos de los interesados en la nueva ola de descentralización que se viene a partir de la implementación de la Ley Marco de Autonomías, nos vimos sorprendidos por la noticia de que el municipio de Jesús de Machaca ya no impulsaría la implementación de las autonomías indígenas en su territorio. Esto no significa, sin embargo, que la rica tradición de gestión de los asuntos públicos desde los usos y costumbres indígenas se detenga. Las comunidades indígenas de Bolivia llevan adecuando la administración pública a su propia realidad desde hace siglos y eso es lo que pretendo exponer en este artículo.

La gestión pública intercultural puede ser entendida como un conjunto de prácticas e instituciones alternativas para organizar la vida social del hombre. Lo que diferencia a este modelo de gestión del tradicional es que no está ordenado desde el Estado ni desde el Mercado. Funciona, por lo tanto, con otro tipo de lógicas no sujetas a criterios de rentabilidad económica ni a coercitividad gubernamental.

Este tipo de gestión pública tiene dos objetivos fundamentales: regular la vida social de los miembros de una comunidad y garantizar su acceso a bienes y servicios. Ambos objetivos se cumplen, sin embargo, con una condición: respetar la identidad, costumbres y paradigmas de la comunidad donde se práctica.

Otro dato importante para mencionar es que estas prácticas interculturales tienen diferente orientación y niveles de profundidad dependiendo de la capacidad organizativa de la población indígena de cada país. En Bolivia, por ejemplo, donde las naciones indígenas cuentan con una tradición organizativa consolidada por el paso de los siglos y las pruebas de la historia, la gestión pública intercultural hace más que incorporar a estas poblaciones a la institucionalidad estatal de la sociedad.

En el caso boliviano, las naciones indígenas (particularmente las de occidente), no sólo diferencian su gestión pública comunal frente a la institucionalidad estatal, sino que la imponen dentro de sus márgenes territoriales. Es decir, se manejan con sus propias instituciones políticas, económicas y sociales.

Los Concejos de Médicos Tradicionales y Originarios, la Justicia Comunitaria, la Autonomía Indígena, las Universidades Indígenas, son ejemplos que diferencian a la gestión pública intercultural boliviana de las variantes que podemos encontrar en Perú, Brasil o Nicaragua.

La direccionalidad, así mismo, también varía de acuerdo al país, la región y la comunidad. Mientras en países como México, Brasil, Guatemala o Nicaragua, esta gestión alternativa de la vida social tiene el objetivo de incorporar a los pueblos indígenas a las instituciones formales del Estado o al mercado laboral; en Bolivia y Ecuador, la gestión pública intercultural tiene el objetivo de reforzar la diferencia que existe entre las instituciones formales del Estado y las instituciones comunales.

Por lo tanto, aunque podemos encontrar prácticas de gestión pública intercultural en la mayor parte de los países de Latinoamérica, el tipo de interculturalidad que se práctica de caso en caso es diferente. Podemos decir, con cierto recelo, que mientras en Bolivia, Ecuador y México se práctica un tipo de Gestión Pública Intercultural que interpela al Estado y cuestiona las lógicas formales del poder; en Brasil, Perú, Argentina, Venezuela, y varios países de Centroamérica, la gestión pública intercultural se ha propuesto solamente incorporar a los excluidos al modelo hegemónico de gestión de lo público.

Interculturalidad crítica e interculturalidad funcional, por lo tanto, son los dos esquemas de pensamiento que se manejó en Latinoamérica para implementar políticas interculturales. Las críticas a la interculturalidad, promovida durante la década de los 90’s, pueden clasificarse en dos vertientes: una moderada y otra radical. Más allá de si nos parecen valederas o no, las explicamos:

La primera, enarbolada por el vicepresidente Álvaro García Linera y la antropóloga Alyson Speeding, señala que la interculturalidad, promovida durante la segunda mitad de la década de los 90’s del siglo pasado, folclorizaba al indígena, a quien se trataba de incluir a las estructuras del Estado en términos desiguales respecto al resto de la población.

La segunda, la radical, expuesta principalmente por Jorge Viaña, critica que la interculturalidad antes referida no cuestionaba el modelo económico y societal capitalista, que es la causa impulsora del colonialismo racista que sirvió como mecanismo de acumulación originaria. Es decir, el problema con la interculturalidad promovida durante los años “neoliberales” era que sí trataba de incluir al indígena a una modernidad capitalista que negaba su matriz cultural y sus lógicas ancestrales para reemplazarlas por la luz de la modernidad.

No obstante las críticas que se hacen contra la teoría postmoderna de la interculturalidad, lo cierto es que la respuesta a la situación de exclusión social de las poblaciones indígenas del país no ha venido hasta el momento ni de la economía de mercado ni de la empresa privada capitalista y su filosofía individualista.

Por lo tanto, acá nos adscribirnos a la segunda corriente, la de la interculturalidad crítica, que propone ir más allá del Estado y el modelo civilizatorio occidental de tipo capitalista, para aprovechar las potencialidades propias de las comunidades indígenas, respetando su cosmovisión y su particular forma de administrar sus recursos.

Jesús de Machaca es uno de esos municipios donde la administración de los recursos municipales, e incluso, de la justicia, ya tiene una larga historia. Desde la práctica de realizar magnos cabildos para controlar socialmente la administración de los recursos públicos, pasando por la elección de autoridades locales mediante usos y costumbres hasta la misma planificación municipal, este municipio.

El segundo volumen de la publicación del Ministerio de Autonomías, Interculturalidad en la Gestión Pública, reúne las diferentes experiencias de gestión pública intercultural que se desarrollan en diferentes comunidades indígenas de Bolivia. Las prácticas señaladas en el municipio de Jesús de Machaca tienen una larga tradición de aplicación. Es, pues, muy poco probable que la administración de este municipio cambie radicalmente.

No obstante, este hecho merece un análisis más profundo, que explique variables como el cambio generacional o la penetración de la mentalidad del capital en el centro de las comunidades indígenas bolivianas, que desarrollaron tecnologías sociales asombrosas en ausencia de un Estado Republicano que no las tomó en cuenta, e incluso, trató de suprimir su existencia. La llegada del Estado Plurinacional también viene con paradojas de este tipo.

Tal como lo decía Eduardo Galeano: “si la contradicción es el motor de la historia, la paradoja ha de ser el espejo que usa la vida para tomarnos el pelo”.

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